Isaac Peral, el genial inventor español al que casi nadie hizo caso
Isaac Peral y Caballero fue un marino, militar y científico español nacido en la ciudad murciana de Cartagena en 1851. Hijo de un capitán de Infantería destinado en el lugar, se sintió impresionado desde los 8 años por el fervor patriótico de un embarque de tropas con destino a Marruecos. Sin embargo, su país no supo estar a la altura de su capacidad, su amor por su nación y su genial inventiva, encabezada por el submarino torpedero.
Peral pasó 16 de sus 25 años de servicio embarcado en más de 30 buques, pues ingresó en la Marina con tan solo 14 años, donde alcanzó el grado de teniente de navío. Sin embargo, su fama no le llegaría por sus servicios a la patria, sino por su genial inventiva.
Hombre de ciencia, al abandonar la Marina, pasó apuros para poder mantener a su familia, compuesta por su mujer y cinco hijos. Sin embargo, su capacidad para realizar cartas hidrográficas y publicar trabajos sobre huracanes, geometría y álgebra, culminaría con su gran invento, el submarino torpedero.
Pese a que terminó dedicado a la docencia, pues un barbero le cortó una verruga en la sien por accidente y sufrió una grave enfermedad, ideó su gran invento en 1885, cuando le surgió la idea tras una amenaza de bloqueo a las islas españolas en el Océano Pacífico por parte de la Marina Imperial alemana.
Consideró que un submarino torpedero contrarrestaría la superioridad naval germana. Así pues, logró que el gobierno aceptase un proyecto que resultó polémico. Sin embargo, eso no le detuvo, y pese a no ser ingeniero naval, diseñó los planos para la construcción que tuvo lugar en Cádiz.
El submarino de Isaac Peral fue tomado a guasa
Cádiz, ciudad perfecta para la guasa. Así fue como se recibió el invento que el propio Peral capitanearía con una dotación de 12 hombres. Con coste de solo 300.000 pesetas de la época frente a los 40 millones que costaba un acorazado, recibió nombres como ‘El Cacharro’ o ‘El Puro’.
Sea como fuere, la expectación el día de su botadura fue enorme. Y eso, pese al escepticismo, ya que hubo quien pidió que se hiciese el acto en privado por el ridículo que muchos pensaban que se haría.
Isaac Peral pintó una línea con yeso sobre el casco y aseguró que el agua no la rebasaría. Así fue, ya que la maniobra fue un éxito. Sin embargo, pese a realizar la inmersión, seguir el rumbo y lanzar torpedos, el gobierno canceló el proyecto, considerándolo una curiosidad sin trascendencia.
Los ingleses, mucho más avispados, le ofrecieron un cheque en blanco para trabajar con ellos, pero Peral lo rechazó por su patriotismo. Mientras, el almirante estadounidense George Dewey, encargado de cercar Cuba y aniquilar a la Armada española, afirmaría que “si España hubiese tenido un solo submarino de los inventados por Peral, yo no hubiese podido sostener el bloqueo ni 24 horas”. Así somos en este país, y el inventor cartagenero pagó las consecuencias.
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