Investigadores españoles piden revisar la seguridad de los bioplásticos tras detectar riesgos para la salud humana por la acumulación de metales
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Un equipo de la Universidad de La Coruña ha analizado si los bioplásticos son tan seguros como se suele asumir. El estudio español concluye que estas partículas, en su estado original y tras envejecer en el mar, no representan un riesgo toxicológico relevante para la salud humana. Sin embargo, el escenario cambia cuando el bioplástico ha acumulado metales pesados en entornos marinos con alta contaminación.
El trabajo, publicado en la revista Environmental Pollution en diciembre de 2025, fue liderado por Javier Terán-Baamonde, investigador del Grupo de Química Analítica Aplicada (QANAP) del Instituto Universitario de Medio Ambiente de la Universidad de La Coruña.
El equipo analizó tres tipos de bioplásticos comunes (PLA, PHB y PHBV) bajo tres condiciones: material sin tratar, envejecido 90 días en la costa de La Coruña, y un tercer tipo cargado en laboratorio con doce metales pesados.
¿Cuándo representan un riesgo para la salud los bioplásticos contaminados con metales?
Los tres bioplásticos en su estado original y los expuestos al entorno marino no mostraron fracciones de metales bioaccesibles ni biodisponibles para ninguno de los doce elementos analizados. En condiciones de exposición real moderada, el riesgo de ingestión es bajo o nulo, según los autores del estudio.
El resultado cambia cuando las partículas se cargaron con metales en laboratorio para simular un entorno marino muy contaminado.
En ese escenario, el estudio detectó riesgos no cancerígenos para adultos asociados al cadmio (Cd) y al cobalto (Co) en los tres tipos de bioplástico, y al antimonio (Sb) en los polihidroxialcanoatos (PHAs). En niños, el umbral de riesgo se supera para un mayor número de metales, incluidos el plomo y el cromo, por la menor masa corporal y la mayor tasa de ingestión relativa de esa población.
Los riesgos cancerígenos se detectaron para el cromo (Cr) en los PHAs cargados con metales, y afectan tanto a adultos como a niños cuando se usa la fracción bioaccesible como indicador. Cuando se aplica la biodisponibilidad, el dato más preciso, el riesgo cancerígeno se reduce y queda limitado a los niños con PHAs.
¿Por qué la biodisponibilidad mejora la evaluación del riesgo de los bioplásticos?
La principal aportación metodológica del estudio es el uso de una membrana de diálisis en el procedimiento de digestión gastrointestinal in vitro, que permite separar la fracción bioaccesible de la biodisponible. La bioaccesibilidad mide los metales que se disuelven durante la digestión; la biodisponibilidad mide los que atraviesan la barrera intestinal y pasan al torrente sanguíneo.
Los análisis de los científicos españoles mostraron que, de los metales disueltos durante la digestión, solo alrededor del 20 % llega efectivamente a la sangre. Los métodos habituales, que emplean el contenido total de metales o la bioaccesibilidad como indicador, tienden por tanto a sobreestimar el riesgo real.
El equipo de Terán-Baamonde apunta a la necesidad de protocolos estandarizados y comparaciones interlaboratorio para mejorar la fiabilidad de estas evaluaciones. La propuesta tiene implicaciones regulatorias directas, ya que los marcos actuales de evaluación del riesgo no incorporan la biodisponibilidad de forma sistemática.
¿Qué tipo de bioplástico presenta mayor riesgo, según los investigadores españoles?
El estudio identificó diferencias relevantes entre los tres tipos de bioplástico analizados. Los polihidroxialcanoatos (PHAs), es decir, el PHB y el PHBV, mostraron mayor bioaccesibilidad y biodisponibilidad de metales que el PLA bajo condiciones de carga metálica artificial, lo que los sitúa como el tipo de bioplástico con mayor riesgo potencial.
Esta diferencia se atribuye a la mayor degradabilidad de los PHAs, que facilita la solubilización de los metales adsorbidos durante la digestión ácida. En el PLA, la presencia de grupos carbonilo terminales favorece la retención de los iones metálicos en la matriz del polímero y reduce su paso al sistema digestivo. Los autores señalan que el tipo de bioplástico es un factor crítico en la evaluación.
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