La investigación española celebra un nuevo logro: crean en Madrid un material conductor 6 veces más ligero que el cobre
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El cobre lleva más de un siglo siendo el material conductor «estándar». Y es que, claro, su combinación de conductividad, ductilidad y precio lo ha mantenido en lo alto durante varias generaciones de fabricantes. Sin embargo, su densidad es un problema cada vez más difícil de ignorar en sectores donde reducir el peso del cableado puede marcar la diferencia.
Ahí es donde encaja a la perfección la investigación del IMDEA Materiales. Este equipo, que lleva sello madrileño, lleva años desarrollando un material conductor basado en nanotubos de carbono con el objetivo de superar al cobre allí donde el peso importa tanto como la conductividad.
El material conductor seis veces más ligero que el cobre que nació en Madrid
Los nanotubos de carbono (CNT por sus siglas en inglés) son una forma de carbono puro en la que los átomos se organizan en estructuras cilíndricas de escala nanométrica.
Desde que se describieron con detalle en los años noventa del siglo pasado, la comunidad científica los señaló como candidatos ideales para sustituir al cobre en aplicaciones donde el peso es un factor decisivo. El problema ha sido siempre conseguir que funcionen como conductores competitivos fuera del laboratorio, a escala real.
Recientemente, el equipo liderado por el doctor Juan José Vilatela ha logrado ese salto. Las fibras de CNT que ha desarrollado alcanzan una conductividad eléctrica de hasta 24,5 megasiemens por metro a temperatura ambiente, cerca de la mitad que el cobre en términos absolutos.
Pero la densidad de las fibras es tan baja que la comparación cambia por completo cuando se mide la conductividad por unidad de peso. En esa métrica, el material madrileño supera al propio cobre.
¿Qué es lo que distingue a este material madrileño?
El dato que resume el hallazgo: las fibras son seis veces más ligeras que el metal. Con la misma masa de conductor se puede cubrir mucho más espacio sin perder eficiencia eléctrica.
La investigación fue publicada el 24 de abril de 2026 en la revista Science y fue liderada por Ana Inés de Isidro Gómez, investigadora predoctoral del IMDEA, junto con la doctora Anastasiia Mikhalchan, el profesor Javier Llorca y el doctor Mario Peláez Fernández.
También participaron el doctor Raúl Arenal y el doctor Valentín Vassilev Galindo del Instituto de Nanociencia y Materiales de Aragón (INMA, CSIC-Unizar), lo que convierte el trabajo en un logro de la ciencia española a varios niveles.
¿Cómo fue posible que este material lograra aumentar su conductividad?
El salto definitivo llegó al incorporar un agente dopante. Hablamos aquí del tetracloroaluminato (AlCl₄⁻). Dopar un material, en términos de ciencia de materiales, significa introducir una sustancia exterior en su estructura para modificar las propiedades electrónicas sin alterar su forma física.
Los investigadores desarrollaron un proceso de intercalación en fase gaseosa que introduce el AlCl₄⁻ en los haces de nanotubos sin modificar su arquitectura original.
¿El resultado? La conductividad de las fibras dopadas se multiplica por más de diecisiete respecto a las no tratadas. Situadas en esa franja, superan en rendimiento específico (conductividad por unidad de peso) tanto al cobre como al aluminio, los dos metales que dominan el cableado eléctrico industrial a escala global.
A eso se añade la resistencia mecánica. Las fibras dopadas son hasta cinco veces más resistentes que los cables convencionales del mismo diámetro. El proceso, además, es escalable y reproducible, lo que abre la puerta a la producción industrial sin instalaciones de laboratorio específicas.
Aeronáutica, drones y coches eléctricos: los sectores que esperan este material conductor creado en Madrid
El perfil del material, ligero, conductor y mecánicamente resistente, encaja de forma directa con las necesidades de la industria aeroespacial. Un avión comercial moderno puede llevar cientos de kilómetros de cableado eléctrico.
Cada gramo ahorrado por metro de cable tiene un impacto real en el consumo de combustible y en la autonomía de vuelo.
En drones y aeronaves no tripuladas, el efecto es aún más marcado, porque la relación entre el peso del sistema y la capacidad de carga es mucho más ajustada.
Los coches eléctricos también figuran entre los destinos del hallazgo, tanto en el cableado interno del vehículo como en la posibilidad de tender líneas de distribución aérea más eficientes.
El equipo del IMDEA Materiales trabaja ahora en escalar la producción del compuesto para llevarlo a aplicaciones reales. Las colaboraciones industriales ya están en marcha con sectores que siguen de cerca el desarrollo del material.
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