Ciencia
Científicos mar

Instalaron bloques de hormigón en el fondo del mar en 1990 y décadas después los científicos descubrieron lo que habían creado: un hábitat para peces y crustáceos

Las estructuras de hormigón instaladas bajo el mar pueden convertirse en algo más que elementos destinados a proteger las costas o sostener infraestructuras portuarias. Cuando se diseñan teniendo en cuenta las necesidades de la vida marina, ofrecen refugio, superficies de asentamiento y espacios de reproducción para numerosas especies. Una intervención concebida inicialmente para rehabilitar zonas degradadas puede favorecer, con el paso de los años, la aparición de comunidades formadas por peces, crustáceos, moluscos, algas y otros organismos. La clave está en comprender cómo interactúan los materiales, el diseño y las condiciones oceanográficas para impulsar la biodiversidad.

La transformación no sucede de un día para otro. La web Tupi recoge que las superficies sumergidas deben ser colonizadas progresivamente por organismos capaces de fijarse al sustrato, mientras que las cavidades proporcionan protección a especies que necesitan esconderse de sus depredadores. Además, la presencia de nuevos seres vivos puede favorecer el establecimiento de relaciones alimentarias y modificar las condiciones del entorno inmediato. Sin embargo, no cualquier bloque de hormigón garantiza estos resultados. La ubicación, la composición del material, la rugosidad superficial y la circulación del agua condicionan el éxito de cada proyecto. Por eso, iniciativas como las estudiadas por el laboratorio LADICIM y el proyecto europeo Living Ports exploran cómo combinar infraestructuras resistentes con soluciones que contribuyan a recuperar los ecosistemas marinos.

¿Cómo ayudan las estructuras de hormigón a recuperar la biodiversidad marina?

Las estructuras artificiales pueden ofrecer oportunidades a la fauna que habita en zonas submarinas degradadas o con escasez de refugios naturales. Desde Tupi, destacan que las grietas, huecos y superficies irregulares del hormigón crean pequeños espacios donde los peces encuentran protección y los invertebrados pueden establecerse.

Por lo tanto, estos lugares resultan especialmente útiles para ejemplares jóvenes, más vulnerables ante los depredadores. Con el tiempo, las superficies sumergidas pueden albergar algas, peces, moluscos, percebes y otros organismos.

Su presencia contribuye a formar comunidades más complejas y proporciona alimento a distintas especies. Así, una estructura inicialmente desnuda puede transformarse en un espacio de actividad biológica.

No obstante, conviene distinguir entre atraer animales y restaurar un ecosistema. La concentración de peces alrededor de una estructura no demuestra por sí sola que haya aumentado la población total de una especie ni que se haya recuperado el equilibrio ecológico. Para valorar los resultados, es necesario observar la evolución de las comunidades y comparar los cambios con las condiciones ambientales de partida.

¿Por qué el diseño determina el éxito de los arrecifes artificiales?

La forma de una estructura influye directamente en las posibilidades de colonización. Las superficies lisas ofrecen condiciones distintas de las rugosas, mientras que los orificios y las cavidades generan refugios que pueden utilizar organismos de diferentes tamaños.

Un diseño adaptado a las necesidades de determinadas especies permite crear más oportunidades de asentamiento, alimentación y reproducción. El proyecto Living Ports, recogido por CORDIS, muestra cómo pueden incorporarse estos criterios a las infraestructuras portuarias.

Las soluciones desarrolladas por ECOncrete incluyen superficies irregulares y espacios que facilitan el establecimiento de ostras, corales, percebes y algas, además de proporcionar hábitat a los peces.

Tomer Tagar-Hadary, de ECOncrete y coordinador del proyecto, destaca que el diseño puede adaptarse para favorecer organismos concretos, distintas etapas de desarrollo o especies amenazadas, además de limitar la presencia de especies invasoras.

«La ubicación también resulta fundamental. Las corrientes, la disponibilidad de nutrientes, la profundidad y las condiciones locales influyen en la llegada de larvas y en la supervivencia de los organismos», asegura Tagar-Hadary. Por tanto, instalar estructuras sin estudiar previamente el entorno puede reducir sus beneficios.

¿Qué beneficios aportan las estructuras de hormigón a los organismos marinos?

Los peces pueden aprovechar las cavidades para protegerse y encontrar zonas adecuadas para desarrollarse. Los crustáceos y moluscos, por su parte, pueden utilizar las superficies como soporte, mientras que algunos organismos filtradores contribuyen a procesar partículas presentes en el agua.

Cuando estas especies se establecen, pueden surgir nuevas relaciones entre productores, consumidores y depredadores. Las algas proporcionan alimento y refugio, mientras que los organismos que se alimentan de partículas ayudan a modificar las condiciones del entorno. La combinación de estos procesos puede enriquecer la comunidad biológica asociada a la estructura.

Las soluciones de ECOncrete también buscan mejorar determinados aspectos ambientales de los puertos. Según CORDIS, los organismos filtradores pueden retirar parte del exceso de nutrientes, lo que contribuye a limitar procesos relacionados con la eutrofización. La vegetación y la fauna presentes en estas superficies también pueden favorecer la retención de sedimentos.

Aun así, estos efectos dependen de las características del lugar y de las especies que consigan establecerse. No deben interpretarse como una garantía de eliminación de la contaminación, sino como beneficios potenciales que requieren evaluación.

¿Cómo ayuda el hormigón sostenible a reducir el impacto ambiental?

La recuperación de hábitats debe acompañarse de una reflexión sobre los materiales empleados. Las infraestructuras marítimas están expuestas a condiciones exigentes, como la presencia de cloruros, que pueden acelerar el deterioro de los refuerzos metálicos y reducir su vida útil.