Dinamarca

En Dinamarca están pintando las calles de rojo y apagando las farolas para resolver un problema silencioso que casi nadie estaba viendo

Dinamarca farolas
Blanca Espada

En una avenida a las afueras de Copenhague, algo empezó a llamar la atención a principios de febrero. No era una obra ni un corte de tráfico sino que tenía que ver con el color. Un tramo de carretera había dejado de iluminarse con la típica luz blanca para pasar a un rojo intenso que cambiaba por completo la sensación al conducir por la capital de Dinamarca.

Ocurrió el 8 de febrero de 2026 en Gladsaxe, y no tenía nada que ver con una acción estética ni con una campaña puntual sino que detrás está la decisión de reducir la contaminación lumínica en una zona donde la ciudad se mezcla con vegetación densa y, sobre todo, donde hay presencia habitual de murciélagos. El cambio es fácil de ver ya que las farolas tradicionales han sido sustituidas por luces LED rojas que iluminan el asfalto y parte del entorno, pero sin generar ese brillo fuerte que suele expandirse en la noche. El resultado es extraño al principio, casi como si la calle estuviera bajo un filtro, pero tiene una explicación bastante práctica.

Dinamarca apaga sus farolas y pinta sus calles de rojo

El tramo afectado está en Frederiksborgvej, una vía bastante transitada que conecta zonas residenciales con espacios más naturales. Justo en ese punto hay un corredor habitual de murciélagos, algo que ha condicionado completamente el diseño de la iluminación. De este modo, no se trata de pintar la carretera literalmente, sino de cambiar cómo se ve. La luz roja reduce el impacto visual en el entorno nocturno y, sobre todo, evita crear una barrera artificial para la fauna.

En total, el sistema cubre unos 0,6 kilómetros de carretera y también una ruta ciclista cercana. Para ello se han instalado bolardos bajos, de aproximadamente un metro de altura, separados entre sí unos 30 metros. No iluminan de forma continua, sino que alternan zonas con luz y otras más oscuras. Ese detalle es clave. En lugar de inundar todo de luz, se deja espacio para que los animales puedan moverse sin quedar expuestos.

 

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El problema de la contaminación lumínica

La contaminación lumínica no siempre se percibe a simple vista como puede hacer por ejemplo el humo o también, el ruido. Y en el caso de la luz artificial invade la noche y pocas veces se dice, pero altera el entorno sin que apenas se note en el día a día. Para las personas puede significar peor descanso o dificultades para dormir, porque afecta al ritmo biológico. Pero donde más impacto tiene es en los animales.

Muchas especies dependen de la oscuridad para orientarse, alimentarse o desplazarse así que cuando aparece una fuente de luz intensa, ese comportamiento cambia. En algunos casos, incluso se interrumpe. Y eso ocurre aunque el entorno físico siga siendo el mismo. No hace falta talar un bosque para alterar un hábitat. A veces basta con iluminarlo.

Por qué los murciélagos son la clave de todo

Los murciélagos han sido el factor principal en esta decisión. En esa zona concreta se han identificado hasta siete especies distintas, algunas más sensibles que otras a los cambios en su entorno. Son animales nocturnos que utilizan rutas oscuras para moverse entre sus refugios y las zonas donde cazan así que cuando encuentran una zona iluminada, muchas veces la evitan. No porque no puedan cruzarla, sino porque quedan más expuestos a depredadores.

Con esto en mente, una carretera iluminada puede convertirse, en la práctica, en una barrera invisible. Y eso reduce el espacio que utilizan, aunque el territorio siga estando ahí. Por ello, el objetivo del proyecto es evitar precisamente eso. Mantener la conectividad del entorno sin eliminar la iluminación necesaria para conductores y ciclistas.

Por qué se ha elegido la luz roja

La luz blanca, la más habitual en calles y carreteras, contiene una alta proporción de tonos azules. Ese tipo de luz se dispersa más y genera un brillo que llega más lejos. La luz roja, en cambio, tiene una longitud de onda distinta. Se dispersa menos y afecta menos al entorno.

Hay estudios que lo respaldan. En experimentos de campo se ha observado que algunos murciélagos mantienen niveles de actividad similares en condiciones de luz roja que en la oscuridad. Sin embargo, con luz blanca o verde, su actividad disminuye. Además, la luz roja atrae menos insectos, lo que evita alterar la cadena natural que depende de ellos.

Un cambio pequeño que apunta a algo más grande

El tramo rojo es sólo una parte de un proyecto más amplio. Gladsaxe está renovando miles de puntos de luz dentro de un programa ligado a eficiencia energética y sostenibilidad. La iniciativa forma parte de un plan europeo que busca reducir el consumo energético y mejorar la movilidad urbana sin aumentar el impacto ambiental. En cifras, se habla de millones de kilovatios-hora de ahorro. Pero más allá de los números, el cambio apunta a otra idea ya que las ciudades no solo sólo que ser eficientes para las personas sino que también tienen que convivir con el entorno y en un momento en el que más de la mitad de la población mundial vive en áreas urbanas, pequeños ajustes como este empiezan a tener peso.

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