Los científicos no dan crédito: un estudio afirma que los microbios pudieron viajar de un planeta a otro para crear vida
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Los misterios sobre el origen de nuestra existencia en la Tierra suelen apuntar a las estrellas, pero una reciente investigación sugeriría que la respuesta podría estar en las rocas espaciales. Un equipo de científicos de la Universidad Johns Hopkins ha comprobado que la vida tiene una capacidad de resistencia ante eventos catastróficos que desafía toda lógica previa.
El hallazgo principal confirma que ciertos organismos no solo sobreviven a choques brutales, sino que poseen el potencial de colonizar otros mundos tras ser expulsados de su planeta de origen por el impacto de un asteroide.
Este descubrimiento, publicado en la revista PNAS Nexus, se basa en experimentos de presión extrema que replican las condiciones de una eyección desde Marte. Los resultados demuestran que la vida, lejos de ser un fenómeno frágil y localizado, podría ser un pasajero frecuente en los escombros que viajan por el sistema solar. La idea de que todos podríamos ser, en esencia, descendientes de microbios marcianos ha dejado de ser una fantasía de ciencia ficción para convertirse en una posibilidad científica real.
Los microbios que desafían al espacio
Al menos en el nivel microscópico, la vida puede viajar entre planetas. Según el estudio liderado por la Universidad Johns Hopkins, el microorganismo Deinococcus radiodurans es capaz de soportar presiones de hasta 3 Gigapascales, una cifra que pulveriza las estimaciones anteriores sobre la supervivencia biológica. Esta bacteria, conocida por resistir la radiación y el vacío, demostró una supervivencia del 95% a presiones de 1,4 GPa, manteniendo un 60% de viabilidad incluso cuando la carga subió a los 2,4 GPa.
«La vida podría sobrevivir realmente al ser expulsada de un planeta y trasladarse a otro», afirma el autor principal K.T. Ramesh en un comunicado de la JHU, ingeniero especializado en el comportamiento de materiales bajo condiciones extremas.
Para este experto, el hallazgo supone un cambio de paradigma total: «Esto es algo realmente importante que cambia la forma de pensar sobre la cuestión de cómo comienza la vida y cómo comenzó la vida en la Tierra». La resistencia de estos microbios es tal que, en los ensayos, el equipo de investigación destrozó el equipo de acero antes de lograr aniquilar a las bacterias.
Marte y la teoría de la vida compartida, según los científicos
El experimento utilizó una pistola de gas para disparar proyectiles a 300 millas por hora contra placas metálicas que protegían a las bacterias. Esta simulación buscaba recrear el momento exacto en que un asteroide golpea la superficie de un planeta como Marte y lanza fragmentos de roca al espacio.
Lo que los científicos encontraron es que la presión necesaria para que un escombro escape de la gravedad marciana es perfectamente tolerable para la Deinococcus radiodurans.
La investigadora Lily Zhao destaca que, tras ser sometidas a estas fuerzas, las células apenas mostraban daños internos o membranas rotas en los niveles de presión más altos.
«Hemos demostrado que es posible que la vida sobreviva a un impacto y una eyección a gran escala», explica Zhao, quien añade con un toque de ironía profesional: «¡Quizá somos marcianos!».
Esta capacidad de «saltar» entre mundos reforzaría la hipótesis de la litopanspermia, la cual sugiere que la vida se distribuye por el universo mediante meteoritos.
Implicaciones para las futuras misiones espaciales
Este descubrimiento no solo habla del pasado, sino que condiciona el futuro de la exploración de Marte y sus lunas. Según los investigadores, basados en los datos del programa de Protección Planetaria de la NASA, las políticas actuales de seguridad podrían quedarse cortas ante estos hallazgos.
Si los microbios pueden viajar tan fácilmente en rocas expulsadas, lugares como la luna Fobos podrían estar contaminados de forma natural con material biológico de Marte, lo que obligaría a replantear los protocolos de cuarentena en las misiones de retorno de muestras.
A nivel genético, el estudio también reveló cómo estas formas de vida reparan su ADN tras el trauma del impacto. Al analizar el material de los supervivientes, los científicos notaron una respuesta molecular específica para gestionar el estrés físico extremo.
«Es posible que tengamos que ser muy cuidadosos con los planetas que visitamos», advierte Ramesh, al tener en cuenta esta nueva variable que la ciencia apenas está empezando a comprender en toda su magnitud.
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