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La ciencia sorprende con un hallazgo geológico: la Península Ibérica podría estar rotando en sentido horario dentro de la corteza terrestre

  • Janire Manzanas
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La Península Ibérica podría estar experimentando una lenta rotación en sentido horario como consecuencia de las fuerzas tectónicas generadas por el acercamiento entre las placas de África y Eurasia. Así lo señala un estudio reciente publicado en la revista científica Gondwana Research, que logró reconstruir la forma en que se distribuyen actualmente las tensiones tectónicas entre la región ibérica y el noroeste del continente africano. De acuerdo con los investigadores, la convergencia entre las placas africana y euroasiática se produce de manera oblicua respecto al margen suroccidental de la península.

Los expertos describen la región como un»complejo sistema tectónico formado por fragmentos de corteza de diferentes edades y propiedades». Para estudiar esta dinámica utilizaron dos fuentes de información. Por un lado, examinaron los mecanismos focales de numerosos terremotos, una herramienta que permite determinar cómo se rompieron las rocas durante los sismos y qué tipo de fuerzas actuaban en el subsuelo. Por otro lado, recurrieron a datos obtenidos mediante sistemas GNSS, tecnologías de posicionamiento por satélite similares al GPS que permiten detectar desplazamientos de apenas unos milímetros en la superficie terrestre. Gracias a la combinación de ambos métodos, los investigadores elaboraron mapas de deformación y esfuerzos tectónicos con un nivel de detalle sin precedentes.

Los hallazgos más sorprendentes sobre la rotación de la Península Ibérica

El trabajo de investigación, encabezado por Asier Madarieta, del grupo HGI de la Universidad del País Vasco (UPV), permitió dividir el Mediterráneo occidental en cuatro grandes dominios tectónicos: Atlántico, Gibraltar, Alborán y Argelino-Balear. Cada uno de ellos responde de manera diferente a las presiones generadas por la interacción entre África y Eurasia.

En la región atlántica, las tensiones se transmiten de forma más directa entre ambas placas. Sin embargo, hacia el este, parte de esa energía se disipa en áreas donde la corteza es más delgada, especialmente en el mar de Alborán y en los márgenes continentales asociados al Arco de Gibraltar y a la cordillera del Tell.

El estudio también detectó actividad tectónica en zonas alejadas de los límites principales de placas. Aunque estas regiones presentan niveles relativamente bajos de deformación horizontal, continúan registrando movimientos relacionados con la compresión regional y con procesos geodinámicos vinculados a tensiones verticales dentro de la corteza terrestre.

Placas euroasiática y africana

Tal como explica el geólogo, las placas euroasiática y africana avanzan cada año entre cuatro y seis milímetros una hacia la otra. Aunque este desplazamiento puede parecer insignificante a escala humana, su acumulación a lo largo de miles y millones de años genera tensiones capaces de deformar la corteza terrestre y desencadenar actividad sísmica en distintos puntos de la región. Asimismo, destaca que, a diferencia de otros límites tectónicos bien definidos del planeta, el sur de la península ibérica presenta una zona de contacto mucho más compleja y difusa.

«Hasta ahora no sabíamos exactamente cómo era ese límite en este entorno, y los procesos geodinámicos que tienen lugar seguían siendo objeto de debate», reconoce Madarieta. En la investigación, él y su equipo observaron «cómo la deformación superficial y la deformación interna de la corteza en el Mediterráneo occidental están relacionadas en el límite entre la Península Ibérica y el noroeste de África».  Para ello, utilizaron «datos de deformación obtenidos por satélite y datos de terremotos ocurridos en los últimos años».

Gracias a este trabajo, ha sido posible identificar «qué zonas del límite están ya dominadas por la colisión entre Eurasia y África y cuáles siguen determinadas por el desplazamiento hacia el oeste del Arco de Gibraltar». «Los nuevos datos confirman que la Península Ibérica está rotando en sentido horario y que hay muchos lugares con deformación significativa o terremotos, pero no sabemos qué estructuras tectónicas están activas», señala el investigador.

Ahora, los mapas obtenidos indican hacia dónde dirigir el esfuerzo y, de esta manera, determinar «qué tipos de fallas y pliegues existen, cómo se mueven y qué tipo de terremotos podrían generar, así como su magnitud potencial». Madarieta recuerda que su trabajo se integra en la base de datos QAFI, dedicada a las fallas activas cuaternarias de Iberia.

¿Riesgo de terremotos en España?

Un reciente estudio del CSIC ha identificado un sistema incipiente de fallas en el mar de Alborán, a unos 60 kilómetros de la costa de Almería, lo que ha reavivado el debate sobre el riesgo sísmico en el sur de España. Ahora bien, este hallazgo no significa que vaya a producirse un terremoto a corto plazo, ya que se trata de procesos geológicos que operan a escalas de miles de años.

«Este estudio demuestra la eficacia del análisis multidisciplinario de tensión-deformación basado en cuadrículas para desentrañar patrones sismotectónicos complejos en extensas zonas de límite de placas. Este enfoque integrado resulta especialmente valioso para descifrar los intrincados procesos geodinámicos a lo largo del límite de placas Eurasia-África en la zona de transición Atlántico-Mediterráneo», concluyen los investigadores.