Ciencia
Bacterias

Las bacterias que podrían salvarnos del cambio climático

Sabemos que las bacterias no siempre son negativas, tienen una función positiva. ¿Sabías que las bacterias pueden salvarnos del cambio climático?

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  • Francisco María
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Cuando se habla del cambio climático, es fácil que la conversación termine girando alrededor de las mismas soluciones de siempre. Energías renovables, coches eléctricos, hidrógeno verde o grandes proyectos de reforestación. Todo eso forma parte del camino, pero existe un protagonista mucho más discreto que rara vez aparece en los titulares y cuya importancia resulta difícil de exagerar: las bacterias.

Puede parecer extraño depositar parte de la esperanza en organismos que ni siquiera podemos ver. Durante años, la palabra «bacteria» ha estado ligada casi exclusivamente a enfermedades, infecciones o problemas sanitarios. . Lo curioso es que muchas de esas funciones coinciden precisamente con algunos de los desafíos ambientales que hoy tratamos de resolver mediante tecnología.

Los científicos no pretenden convertir a las bacterias en una especie de solución milagrosa. Nadie serio plantea algo parecido. Pero estos microorganismos pueden ser eficaces aliados para la reducción de emisiones, captura de gases de efecto invernadero, etc. Solo ahora empezamos a comprender cómo aprovecharlo.

Bacterias que capturan carbono

Entre los campos donde más expectativas se generan, está el dióxido de carbono. Es un mecanismo fascinante porque transforma un residuo problemático en una materia prima. No se libera carbono, sino que hay bacterias que lo van incorporando a sus propias estructuras.

Hay muchos proyectos en marcha para activar estos mecanismos. Son sectores donde resulta muy difícil eliminar completamente el CO₂ mediante otras tecnologías. Si parte de esas emisiones pudiera convertirse en biomasa o en otros compuestos útiles antes de salir por las chimeneas, el beneficio ambiental sería considerable.

Lo más interesante llega después. Algunas bacterias no se limitan a almacenar carbono. También son capaces de transformarlo en productos que pueden aprovecharse industrialmente. Naturalmente, todavía existen obstáculos, sobre todo a niveles económicos, de gastos, etc.

También el metano está en juego

Es conocida la capacidad del metano para almacenar calor. Gran parte procede de actividades cotidianas que pocas veces asociamos con el clima. Los vertederos, la ganadería intensiva, los arrozales o la extracción de combustibles fósiles generan cantidades importantes de metano cada año.

Aquí aparecen unas bacterias especialmente interesantes: las metanotróficas. Su metabolismo depende precisamente de ese gas. Dicho de una forma sencilla, viven consumiendo metano.

No veremos enormes instalaciones futuristas ni maquinaria llamativa. Muchas veces el proceso consiste simplemente en crear las condiciones adecuadas para que comunidades bacterianas ya existentes desarrollen su actividad con mayor intensidad.

Un suelo sano almacena más carbono

Cuando se habla de capturar carbono, casi siempre pensamos en los árboles. Es una asociación lógica.

Las bacterias participan en casi todas esas transformaciones. Algunas favorecen la formación de agregados estables que protegen el carbono frente a la degradación. Otras facilitan la descomposición de residuos vegetales de una manera que termina enriqueciendo el terreno.

También existen microorganismos que viven asociados a las raíces de numerosas plantas. Esa relación beneficia a ambos organismos.

Una agricultura con menos emisiones

La agricultura moderna afronta un reto complicado. Debe producir alimentos para una población creciente sin aumentar continuamente su impacto ambiental. Los llamados fertilizantes nitrogenados consumen mucha energía y generan gases de efecto invernadero. No se pueden eliminar de golpe. Lo que sí parece posible es reducir progresivamente su uso mediante biofertilizantes basados en comunidades bacterianas adaptadas a cada cultivo.

La salud del suelo también mejora. Un terreno con mayor diversidad microbiana suele resistir mejor las sequías, conserva mejor la humedad y necesita menos intervenciones correctoras con el paso del tiempo.

Del laboratorio a la industria

Durante mucho tiempo estas investigaciones parecían reservadas al ámbito académico. Hoy la situación empieza a cambiar.

Ya existen empresas que desarrollan biorreactores donde comunidades bacterianas participan en la captura de carbono o en el tratamiento de residuos industriales. En algunos procesos incluso producen compuestos que pueden comercializarse posteriormente, mejorando la rentabilidad económica de toda la instalación.

Paralelamente, la ingeniería genética está permitiendo diseñar bacterias más eficientes. Los avances en edición del ADN ofrecen la posibilidad de potenciar determinadas rutas metabólicas para capturar más carbono o degradar contaminantes con mayor rapidez.

Es un campo apasionante, aunque también exige prudencia. Modificar microorganismos destinados a aplicaciones ambientales implica controles muy estrictos. La investigación avanza precisamente porque existe una regulación que obliga a evaluar cuidadosamente cada paso antes de cualquier aplicación fuera del laboratorio.

Un aliado discreto, pero con un enorme potencial

Probablemente nunca veremos campañas publicitarias dedicadas a las bacterias como símbolo de la lucha climática. Son demasiado pequeñas para eso y su trabajo pasa completamente desapercibido.

Sin embargo, esa discreción no debería confundirse con falta de importancia. Estos microorganismos llevan sosteniendo el equilibrio químico del planeta desde mucho antes de que aparecieran los primeros animales. Han sobrevivido a cambios climáticos extremos, transformaciones geológicas y extinciones masivas gracias a una capacidad de adaptación difícil de igualar.

Pensar que resolverán por sí solas el calentamiento global sería ingenuo. Ninguna tecnología, por prometedora que parezca, puede afrontar un problema de semejante magnitud sin el apoyo de muchas otras medidas. Lo verdaderamente interesante es que ofrecen una herramienta complementaria basada en procesos naturales extraordinariamente eficientes.