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CRÍTICA

El reto de la soprano mallorquina Marga Cloquell como ‘Elle’ en ‘La Voix Humaine’

'Elle' es otra dimensión del drama desgarrador de la mujer, es la condición humana llevada al extremo superior

Pareciera que el Teatro Principal de Palma ha querido adelantar el sesenta aniversario del estreno del monólogo de Simone de Beauvoir, que rompió amarras en el proceso de toma de conciencia del papel de la mujer frente a la dependencia emocional, generando un proceso fundamental en la historia reciente del feminismo militante. Un adelanto, concretado los días 18 y 19 de abril en las funciones de La mujer rota, con Anabel Alonso.

También, la 40 Temporada de Ópera ha venido a participar en el juego de monólogos con la representación de La Voix Humaine de Cocteau-Poulenc, los días 24 y 25, mientras en paralelo se escenificaba otro monólogo de parecidas características, Cumpleaños, de Luisa Carnés, esta vez en la sala petita. En definitiva, son tres referencias escritas para un solo personaje-mujer. Será una casualidad, o no, pero lo cierto es que así está ocurriendo.

El caso de La Voix Humaine es particularmente singular, ante todo por su recorrido histórico, y asimismo, porque es evidente que forma parte de las celebraciones del 40 aniversario de la Temporada; como también incluir la zarzuela (La Corte de Faraón, del 9 al 11 de enero) por primera vez en su programación y estrenar por primera vez una obra de Richard Wagner (El Holandés errante, del 18 al 22 de febrero), como una asignatura pendiente. 

Para hablar del gran trabajo de la soprano mallorquina Marga Cloquell, en el papel de Elle, que sin duda lo borda de manera excepcional, se necesita abordar las circunstancias que envuelven a La Voix Humaine. Veamos.

La amistad personal de Francis Poulenc y Jean Cocteau durante 40 años ha sido providencial en todo el proceso. En 1930, una crisis sentimental lleva a Cocteau a escribir su monólogo teatral, con dos objetivos: explorar cuál es el proceso de la dependencia emocional, al tiempo que, como dramaturgo, crear un papel de extrema dificultad para una actriz en respuesta a cómo la crítica venía recibiendo sus trabajos anteriores, tildándole de trivial.

Décadas después, en 1958, es a Poulenc a quien le toca atravesar una crisis sentimental profunda, coincidiendo en el tiempo casualmente con su amiga Denise Duval, la soprano a la que no solamente dedicó esta ópera, sino que trabajó con ella durante todo el proceso. ¿Quién era el libretista? ¡Cocteau!

Aquí coincide la prioridad compartida por Poulenc y Cocteau: una mujer sola en el escenario, en uno de los retos más exigentes y difíciles para una soprano: demanda integral, psicológica, física y dramática de alto nivel, y debiendo, además, aportar agudos extremos. El hecho de trabajar mano a mano con la soprano Denise Duval transformaba su registro en referente. Jean Cocteau, en su proximidad con Francis Poulenc, conseguía salvaguardar el principio de extrema dificultad para el papel de la protagonista única.

Así llegamos al estreno en la Temporada de Ópera del Teatro Principal de Palma de La Voix Humaine de Poulenc-Cocteau. Se me dirá que nada de nada, en lo que al estreno se refiere. Es cierto. Por regla general, cuando la ópera es en un acto, se suele recurrir a juntar varias piezas. Relacionada con la que nos ocupa, la última vez tuvo lugar el año 2022 en la sala petita. Con un programa doble compartido con La veu sàuria de Mariona Vila. Dicen otras voces que ya en el 2010 había ocurrido, unida con Suor Angélica. Y mira por dónde, al optar por representar al completo Il trittico de Puccini, en 2023, Marga Cloquell triunfó en el papel principal de Suor Angélica.

Siendo la duración de esta tragedia lírica en un acto de apenas 50 minutos, resulta muy significativo elegir programarla en solitario; de manera que, por primera vez, el público de la Temporada ha tenido acceso en condiciones a la complejidad, incluso genialidad, de la ópera La Voix Humaine. En esas, ¿qué papel juega la bailarina, en Palma confiado a Paloma Camprodon? No forma parte de la obra original. Es una decisión tomada por coreógrafos y directores de escena en versiones contemporáneas, siendo probablemente el punto de partida el cortometraje que llevó a cabo Nanine Linning (Boston Ballet) el año 2021, rodado en versión danza y realizado en el Citizens Bank Opera House de Boston. Por cierto, ¿alguien recuerda que el Boston Ballet estuvo en el Auditórium de Palma, invitado por la Temporada de Ballet?

Desde entonces, el papel de la bailarina consiste en la representación física del subconsciente, transformando el monólogo en un dúo expresionista que explora la dependencia emocional tóxica. Pero no olvidar que se trata de un monólogo. ¡Un monólogo! El hecho de que el director de escena, Roberto G. Alonso, sea asimismo coreógrafo, pues ya nos resuelve el interrogante. 

La soprano Marga Cloquell, independientemente de la bailarina o capricho de Alonso, tenía que asumir el reto crucial de visibilizar el drama de Elle. Lo consigue inmensamente, transmitiendo la angustia interna del personaje en un ejercicio de introspección, que nada tiene que ver con las heroínas de Bellini, Donizetti, Rossini, Mozart, Richard Wagner, Alban Berg o Richard Strauss, por poner algunos ejemplos relevantes. Elle es otra dimensión del drama desgarrador de la mujer. Es la condición humana llevada al extremo superior, donde Cloquell ha descubierto su papel de soprano dramática. De paso, la mallorquina Gemma Camps se estrenaba como directora musical en la Temporada de Ópera del Teatro Principal de Palma. No es casual, en absoluto, haber asistido a tres monólogos de mujeres, dirigidas por mujeres. Al menos quiero pensarlo y felicitar por ello al Teatro Principal. 

Otro sí. El teléfono. Ya estaba en 1930, y volvía a hacerlo en 1958, a modo de ironía sobre las comunicaciones. La tecnología defectuosa de las formas de interacción a distancia, agravadas por las especiales circunstancias de la llamada entre amantes distanciados hasta el extremo de llegar al suicidio.