Paquito D’Rivera Trío, un inmenso trío de virtuosos en el Auditórium de Palma
Paquito D'Rivera, Pepe Rivero y Sebastián Laverde han presentado 'La Fleur de Cayenne'
Después de una larga carrera plagada de premios Grammy latinos, en el 2025 Paquito D’Rivera grabó en Madrid su álbum La Fleur de Cayenne, junto al septeto Madrid-New York Connection Band, del que forman su núcleo duro, además del clarinetista cubano, el pianista de Manzanilla (Cuba) Pepe Rivero y el vibrafonista colombiano Sebastián Laverde. Ha sido nominado La Fleur de Cayenne a los Grammy latinos 2026 como Mejor Álbum de Jazz y no es para menos, dada la inmensa riqueza de su contenido y ser, en palabras de Paquito D’Rivera, «la celebración del virtuosismo».
El 20 de marzo, un exquisito y primaveral Paquito D’Rivera Trío se vino al Auditorium de Palma a presentarnos La Fleur de Cayenne y otras cosas bonitas. Una velada que en realidad era, precisamente, lo dicho por Paquito D’Rivera, leyenda viva del jazz afrocubano: celebrar el virtuosismo.
Fueron dos horas irrepetibles y sin necesidad de acudir a los bises, en las que hubo una intensa inmersión en los recuerdos, con permanentes homenajes a quienes han sabido adecuar la inmensa riqueza musical hispanoamericana a la improvisación jazzística, empezando por citar a Bebo Valdés, el maestro, y finalizando con el recuerdo ya lejano de su hijo Chucho, en los días grandes del combo cubano Irakere, del que también formó parte Paquito D’Rivera y cuyo legado, personalizado en Chékere-son, se considera el acta natal del jazz afrocubano.
Aunque la excusa grande, obvio, era rascar en el interior de La Fleur de Cayenne, en especial con referencias a Miriam, Vals venezolano, por supuesto el tema que le da título al álbum y la sorpresa de incorporar la voz femenina a Milonga gris, con el fraseo improvisado que caracteriza al scat singing que hicieron grande Ella Fitzgerald y Carmen McRae, además de Sarah Vaughan, Betty Carter o Anita O’Day.
Precisamente, las dos primeras que he mencionado pudimos verlas en los 80 en el desaparecido Festival Internacional de Jazz de Palma, como también a Paquito D’Rivera, integrado en el septeto que acompañó a Dizzy Gillespie el año 1981, en la primera edición del festival. Viene a cuento mencionarlo, porque nada más comenzar, Paquito D’Rivera comentó: «Hace mucho que no me llamabais, porque yo vine aquí con Dizzy Gillespie».
Impresionante velada, siempre enriqueciéndose del grado de virtuosismo de Pepe Rivero, incansable en el despliegue de fraseos en ocasiones frenéticos, e igualmente Sebastián Laverde, con sus bellísimos dibujos en el vibráfono que en algunas ocasiones alternaba con la marimba. Paquito D’Rivera iba repartiendo sus momentos en una constante alternancia entre el clarinete y el saxo. Los tres desarrollando grandes complicidades a la hora de crear un sonido íntimo y, en efecto, sofisticado. Probablemente, una sofisticación de exquisita utilidad cuando de lo que se trata es de acudir a improvisaciones a partir de piezas icónicas de la música clásica, que en Palma se centraron en Frédéric Chopin –prácticamente obligado– y Wolfgang Amadeus Mozart a partir de su Concierto para clarinete en La mayor del año 1791.
Pepe Rivero en el 2010 grabó el álbum Los boleros de Chopin, incluyendo en el repertorio el Nocturno nº 2, con el título Nocturno en la celda. Siendo una pieza que Chopin compuso en La Cartuja de Valldemosa, era obligado recuperarlo en la cita de Palma, tan solo a 18 kilómetros de aquel lugar. Y, como es tradición entre clarinetistas del jazz, ligar improvisaciones al único concierto de Mozart dedicado a este instrumento, pues también se incluyó, con embellecimientos improvisados sobre el segundo movimiento (adagio) y de paso, con la divertida boutade de Paquito D’Rivera reivindicando que Mozart era nativo de Nueva Orleans, dejando entonces volar aires de blues a través de la partitura del XVIII. Presentaciones jocosas ambas, pero bastó el simple hecho de darle rienda suelta a las evoluciones para comprobarse el escrupuloso respeto a la obra original, sentando al tiempo clase magistral a propósito de cuáles son las claves de improvisación en el jazz.
Noche mágica, sin dudarlo. En la memoria de Paquito D’Rivera, recuerdos de aquella noche de 1981 en este mismo escenario, mientras los tres unían sus inmensos talentos para dar otra gran lección magistral: la templanza del trío se sublima y eleva cuando emerge la perfecta sincronización entre sus miembros. Lástima que se vieran tantas lagunas en el aforo. Desde luego, la noche se merecía la apoteosis a sala llena. Encima, con un formato que no es el usual, aunque bien capaz de iluminar cada instante cuando se trata de unos músicos que, en efecto, encarnaban «la celebración del virtuosismo».
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