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MALLORCA

El ‘monstruo de Algaida’: piden 40 años de cárcel por usar de esclava sexual a una niña que trajo de Nigeria a Mallorca

Desde 2019 hasta 2024, mientras la madre trabajaba en Palma, la niña vivía un calvario de violaciones diarias

Fue una pesadilla. El monstruo que compró la inocencia de una niña por una promesa de libertad tendrá que pagar por ello. La hora de la verdad ha llegado. Este lunes, a partir de las 09:45 horas, las puertas de la Sección Primera se abrirán para recibir al hombre que encarna la peor de las pesadillas humanas. Se sienta en el banquillo el sujeto acusado de tejer una tela de araña diabólica para capturar a una niña en las entrañas de Nigeria y traerla a su casa de Algaida, en Mallorca.

No para darle el futuro que le prometió, sino para convertirla en su esclava sexual privada en un caserón de la isla. La Fiscalía no ha tenido piedad en su escrito y exige para él una condena ejemplar de 40 años de cárcel por un catálogo de horrores que pone los pelos de punta: trata de seres humanos, agresiones sexuales continuadas a una menor de 16 años, producción de pornografía infantil y un asalto total a la intimidad de una víctima absolutamente indefensa.

El acusado no improvisó su maldad; la cocinó a fuego lento durante años de manipulación sistemática. Entre 2016 y 2019, viajó repetidamente a Nigeria con un objetivo oscuro y retorcido. Allí, mientras la niña tenía apenas ocho años, comenzó a quebrar su voluntad bajo el disfraz de un salvador que sacaría a la familia de la miseria más absoluta.

Para cerrar el círculo del engaño y dar una apariencia de legalidad a su plan de caza, el depredador llegó incluso a casarse con la madre de la niña, presentándose como el padrastro perfecto mientras ya abusaba de la menor en la distancia. El horror viajaba por las ondas antes de que la pequeña pisara suelo español. Este sujeto le exigía fotos y vídeos sexuales por el móvil. Logró que la niña, en su inocencia herida, terminara por normalizar las violaciones como un trámite necesario y amargo para que su familia pudiera comer.

La crueldad alcanzó niveles que desafían la lógica humana cuando el procesado obligó a la pequeña a firmar un documento en inglés, un auténtico contrato de la infamia donde la niña, sin entender la magnitud de la tragedia, se comprometía por escrito a ser violada a cambio de su libertad.

Una vez en Mallorca, el lobo se quitó la piel de cordero definitivamente. Desde finales de 2019 hasta 2024, mientras la madre trabajaba en Palma engañada por el sujeto, la niña vivía un calvario diario en Algaida. Lejos de las miradas de los vecinos, el hombre que debía protegerla la sometía a vejaciones cada día, convirtiéndola en su objeto personal y obligándola a grabarse en situaciones degradantes para alimentar su colección de pornografía infantil, que incluía imágenes de otras víctimas inocentes.

Hoy, ese hombre que se creía impune y dueño de una vida ajena debe mirar a los ojos a la justicia tras cinco años de silencio que estallaron cuando la víctima, ya exhausta, confesó el infierno que ardía en su propia casa.