La ‘mafia del kebab’ salta por los aires en Palma: trabajadores sin papeles y jornadas de 12 horas
La Policía Nacional detiene al dueño de varios negocios tras detectar a empleados paquistaníes en situación irregular
El negocio del kebab vuelve a quedar en el foco en Palma, pero esta vez por una investigación policial que apunta a presuntas irregularidades laborales. La Policía Nacional ha detenido al responsable de un restaurante como presunto autor de un delito contra los derechos de los trabajadores, después de detectar a varios empleados en situación irregular y unas condiciones de trabajo que, según la investigación, se encontraban al margen de la legislación.
Los trabajadores, de nacionalidad paquistaní, desempeñaban su actividad en establecimientos de restauración vinculados al empresario investigado. La investigación policial apunta a que algunos de ellos llegaban a trabajar 12 horas al día, en ocasiones durante la noche, y que podían pasar semanas y meses sin disfrutar de vacaciones.
El caso comenzó a destaparse en el verano de 2025, cuando agentes del Grupo IV de la UCRIF de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras realizaron una de las inspecciones rutinarias destinadas a comprobar la situación documental de los trabajadores y la actividad desarrollada en los establecimientos.
Fue entonces cuando los agentes detectaron en uno de los restaurantes a un trabajador en situación irregular. La Inspección de Trabajo y Seguridad Social de Baleares sancionó aquellos hechos con una multa de 10.000 euros.
Pero, un año después, los investigadores volvieron a encontrar irregularidades en el mismo negocio. Este verano fueron localizados dos trabajadores más en situación irregular. Y la investigación dio otro paso cuando, coincidiendo con la apertura de un segundo establecimiento del mismo empresario, los agentes detectaron a otro trabajador sin situación regular.
La presunta explotación laboral no se limitaría a la falta de documentación. Según los testimonios recogidos por los investigadores, los trabajadores aseguraron que realizaban jornadas de hasta 12 horas diarias, algunas de ellas en horario nocturno.
El descanso tampoco parecía estar garantizado. Los empleados manifestaron que, cuando podían, descansaban un día a la semana, pero aseguraron que nunca habían tenido vacaciones. Y todo ello por un salario que, según la Policía Nacional, apenas alcanzaba los 1.000 euros. Los trabajadores habrían aceptado esas condiciones ante la necesidad de ayudar económicamente a sus familias en sus países de origen.
El caso pone el foco en la cara más oscura de algunos negocios de restauración: trabajadores en situación irregular, jornadas maratonianas, ausencia de vacaciones y salarios reducidos. Unas condiciones que, según los investigadores, podrían constituir una vulneración de los derechos laborales.
La investigación ha terminado con la detención del responsable del establecimiento, que está acusado de forma provisional de un delito contra los derechos de los trabajadores. La actuación policial se produce después de que las inspecciones detectaran irregularidades de forma reiterada tanto en el restaurante investigado como en otro negocio del mismo empresario.
La detención del dueño de una cadena de kebabs paquistaníes abre una pregunta que va mucho más allá de este caso concreto: ¿qué se esconde realmente detrás de algunos de estos locales? En los últimos años, los kebabs han proliferado en prácticamente todas las ciudades, ocupando en muchos casos ubicaciones privilegiadas, calles comerciales y zonas de gran afluencia. ¿Por qué este negocio parece encontrar siempre un hueco? ¿Son realmente tan rentables estos establecimientos como para asumir alquileres elevados y mantener una presencia tan extendida? ¿Qué márgenes de beneficio manejan y qué hay detrás de un modelo de negocio que, aparentemente, permite abrir tantos locales en tan poco tiempo?
Y ahí aparece otra cuestión más incómoda: ¿hasta qué punto algunos de estos negocios pueden servir para ocultar actividades ilícitas o convertirse en una vía para el blanqueo de capitales? Hablar de mafias o de redes criminales exige distinguir entre los negocios legales —la inmensa mayoría— y aquellos casos en los que la investigación policial encuentra indicios de irregularidades.
Pero cuando aparecen detenciones, sociedades vinculadas, movimientos de dinero difíciles de explicar o redes empresariales que se extienden rápidamente por distintas ciudades, la pregunta resulta inevitable: ¿estamos ante simples negocios de comida rápida que funcionan muy bien o, en determinados casos, ante estructuras mucho más complejas que utilizan estos locales como fachada?
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