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PRIMERA LÍNEA

Un fin de semana que ha puesto las cartas boca arriba

Entre los días 16 y 20 de abril, España ha vivido un hecho histórico con la visita a Madrid de María Corina Machado, premio Nobel de la Paz, y la farsa que ha tenido lugar en Barcelona llamada IV Reunión en Defensa de la Democracia. Vayamos por partes, y lo primero de todo recordemos cuál es el significado de hecho y cuál es el significado de farsa.

Un hecho es aquel acontecimiento, único, relevante, que genera cambios significativos. Mientras una farsa es la acción realizada para fingir, para aparentar y tiene como sinónimos «engaño, mentira, mascarada, patraña». La RAE. Sigamos un poquito más con la farsa. El origen en el tiempo de la reunión celebrada en Barcelona se remonta a 1999, siendo Tony Blair el primer ministro del Reino Unido. Él convocó entonces a líderes mundiales de centroizquierda, es decir, lo que se conocía como socialdemocracia, hoy casi por completo desaparecida de la vida pública, de la política activa.

Todo sucedió con la llegada del siglo XXI y la irrupción de la que se dio en llamar Nueva Izquierda, que venía a enterrar a la socialdemocracia, para dar paso a una izquierda hiperradical, amparada en la corrección política y los credos woke y queer, que participan de la cultura de la cancelación. 

En realidad, la cancelación pasaba por hacer desaparecer al socialismo que conocíamos, dando paso a la extrema izquierda por completo ideologizada. Se ha visto claramente en la reunión de Barcelona los días 16 y 17 de abril.

Mientras tanto, el 17 de abril llegaba a Madrid María Corina Machado, que ha calado en el pueblo venezolano como la Juana de Arco del siglo XXI. El 17 de abril recibió las llaves de la ciudad de Madrid y el 18 la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid. Justo en el kilómetro 0 del conjunto de la Hispanidad, «la auténtica nación de naciones», palabras de Díaz Ayuso. 

Mientras el Gobierno socialcomunista de España, anfitrión de la reunión de Barcelona, sigue siendo incapaz de felicitarla por el Nobel de la Paz y darle reconocimiento como lo que realmente es, una luchadora por la libertad, en esta ocasión intentó hacerse la foto con ella, probablemente para neutralizar su visita y darle visibilidad a la IV Reunión en Defensa de la Democracia. Pero no cayó esa breva. María Corina Machado, ante esa invitación, dejó una frase lapidaria: «En determinadas ocasiones, convienen, y en otras no convienen, ciertas reuniones que solo entorpecen el proceso de libertad en Venezuela». No olvidemos que Pedro Sánchez, el buscón de ese selfie, es el mismo que se niega a llamar dictadura al régimen de terror bolivariano.

En Barcelona se reunían los líderes del grupo de Puebla, frente común que nació en el año 2019, en pleno sanchismo, para arrinconar a la derecha y dar el pistoletazo de salida para ponerle trabas a la alternancia democrática; un nauseabundo detritus, que define bien de qué va la Nueva izquierda.

María Corina Machado recibió un auténtico baño de masas en la Puerta del Sol de Madrid, regalándonos un ejemplo de su valentía en el mitin ante una masa hermanada de españoles y venezolanos, en el que volvió a gritar lo de «¡Libertad, elecciones y vuelta a casa!», con la bravura que la hace grande.  

Paralelamente, en Barcelona se oficiaba un aquelarre satánico, coreado por la prensa de izquierdas (¡manda cojones, hoy, ser periodista de izquierdas!) con titulares del tipo Reunión de líderes progresistas, saludando la llegada de un calculado acoso y derribo de la alternancia política porque la extrema izquierda quiere mantenerse en el poder a cualquier precio, incluido dejar a las democracias liberales en simple material para el derribo, y así, perpetuar las autocracias iberoamericanas de extrema izquierda. De eso iba, solo eso, la IV Reunión en Defensa de la Democracia, palabras vacías de sentido. 

Y en esas, el 20 de abril, se celebraba en Madrid un desayuno informativo, con María Corina Machado, a la que presentó Felipe González, el último secretario general del PSOE auténtico y socialdemócrata. Sus palabras le dieron el acta de defunción a la IV Reunión en Defensa de la Democracia: «La lucha por la libertad no tiene color político. La lucha por la libertad depende de convicciones muy profundas, que se tienen o no se tienen. La convicción de que la democracia consiste en respetar los derechos humanos y respetar, también, el Estado de Derecho; respetar el pluralismo político y respetar la división de poderes».

Un fin de semana que pone las cartas boca arriba, alertando estar en riesgo las democracias liberales en un escenario de cancelación, guerracivilista, alimentado por la pútrida izquierda radical.