‘Esencia’, con Juan Echanove y Joaquim Climent, una suerte de Cromm versus Godot
La obra de Ignacio García May es un permanente cuestionamiento de la veracidad de la palabra
Ignacio García May pertenece a la Generación de los 80, también llamada Los Novísimos, y no solamente por su reciente incorporación al oficio de la dramaturgia sino especialmente por desmarcarse del teatro de posguerra y el teatro radical (experimental) de los 70, optando entonces por renovar la estética de la dramaturgia.
García May es un caso singular por su tendencia a la revisión de temas clásicos con una perspectiva moderna y aquí es donde –tal vez– cobre sentido titular su obra reciente, Esencia, a la manera de Cromm versus Godot. Ambos personajes siempre ausentes y, sin embargo, tan presentes en la narrativa de ambas obras, las dos nacidas del teatro de la palabra donde se prioriza la palabra y los actores.
Esencia se estrenó en el Teatro Español en noviembre del año 2025 y es, en realidad, un permanente cuestionamiento de la veracidad de la palabra; es un laberinto que no cesa, donde solo cuentan los actores (extraordinarios Juan Echanove y Joaquim Climent) y asimismo la palabra. Subrayándose en todo momento sembrar la duda sobre la veracidad de lo que se cuenta.
La trama funciona como un enigmático laberinto en el que transitan Pierre y Cecil, dos viejos amigos que se reencuentran después de muchos años en un restaurante y comienzan a dialogar sobre la realidad, el teatro, también la identidad, mientras esperan a un misterioso autor que no acaba de llegar en toda la representación, lo que en efecto emparenta al Cromm de García May con el Godot de Samuel Beckett.
Ambos, mucho más que convidados de piedra en esta exploración de la condición humana, con la diferencia de que Beckett lo hace desde el teatro del absurdo, mientras García May usa el presente de manera especialmente cruda, visibilizando el vacío existencial de nuestros días. Y en ambos casos apelando a una reducción drástica de la acción dramática. Solamente el texto, la palabra y los actores sin red.
Interesante la reflexión que hace en su blog, Roberto Mangas, poniendo el acento en cómo puede tergiversarse la realidad mediante la propaganda, y particularmente mediante las trampas del lenguaje. Igualmente interesante, cuando refiere: «El otro gran tema tiene que ver con la esencia del teatro, su capacidad para presentar como verdadero lo fingido».
Añadiría que, siendo el teatro una permanente ficción, expuesta la palabra sobre la escena para ser observada con sentido crítico, de esa ficción lo que emerge de inmediato es el relato, algo muy en boga en la política actual, y más cuando el ejercicio principal de la política es la manipulación. Esa es la gran aportación de Esencia, que se interroga sobre la veracidad de lo que se cuenta. Si Godot simboliza lo inalcanzable, Cromm solo es el vacío.
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