Los conciertos 7 y 8 de abono de la Orquesta Sinfónica de Baleares, un punto y aparte
La OSIB, imagino que como muchas otras, tiene un apego especial por los solistas con los que se identifica
No me molesta repetirme al decir que la Orquesta Sinfónica de Baleares (OSIB) se encontraba en estado de gracia en el séptimo concierto de abono, celebrado el 19 de marzo en el Auditórium de Palma, y en buena parte debido a que la solista invitada para interpretar el Concierto para piano y orquesta nº 1 de Tchaikovsky era la ucraniana Anna Fedorova, considerada una intérprete de referencia en las versiones modernas de autores románticos como es el caso de Tchaikovsky, cuyo concierto de piano tiene muy interiorizado, y también Rachmaninov o Chopin.
Su técnica es impecable; su estilo poético, dulce y temperamental, unido a su madurez emocional, hacen de ella una intérprete muy solicitada, en especial por su providencial e intensa pulsión al teclado, lo que permite sobresalir al piano con autoridad y maestría en los tutti de la orquesta, extrayendo un brillo sobresaliente y emocionante.
Lo hace, además, amparándose en un virtuosismo con voz propia que lleva a convertir sus intervenciones en la búsqueda de una sonoridad cantábile, que nos muestra abiertamente la sensibilidad romántica de la ucraniana.
La Sinfónica de Baleares, imagino que como muchas otras, tiene un apego especial por los solistas con los que se identifica, de manera que se deja llevar por la magia del primer momento, haciendo extensivo ese estado de gracia en el resto del programa, cosa que ocurrió y a lo grande llegado el momento de interpretar en la segunda parte la Quinta de Beethoven.
Solamente una semana después, el 26 de marzo, incluía la OSIB como su concierto de Pascua en la temporada de abono el Réquiem de Verdi, y siempre con su titular Pablo Mielgo en el atril, esta vez acompañado por la Coral UIB y un extraordinario cuarteto de solistas vocales, dos de ellos de la casa: el tenor palmesano Antoni Lliteres y el bajo-barítono menorquín Simón Orfila, completándose el cuadro solista con dos maravillosas voces femeninas, la soprano Mira Alkhovic y la mezzo Silvia Tro Santafé.
Coincidía, además, con trío de citas relevantes, pues, además del Auditórium de Palma y al día siguiente el Teatre-Auditori de Manacor, el lunes 30 de marzo, era la hora a propósito del tradicional concierto en la Catedral de Palma a beneficio de Proyecto Hombre, que, como viene siendo habitual, contó con la presencia de la reina madre Doña Sofía y sus hijas las infantas Elena y Cristina. Todo ello Ad Majorem Dei Gloriam, con el permiso de los jesuitas, porque este viene siendo su lema distintivo desde el siglo XVII.
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