Cierra sus puertas ‘Pollos Can Sebastián’ tras 46 años: el adiós a un símbolo del barrio de Es Fortí en Palma
Marcos: "Ha sido muy duro tener que bajar la barrera de un local que ha visto desfilar a varias generaciones"
Después de casi medio siglo de historia, aromas y recuerdos compartidos, la emblemática pollería Pollos Can Sebastián ha bajado definitivamente la persiana el pasado 29 de marzo. Con un sencillo pero sentido mensaje —»Después de 46 años a su servicio, cerramos definitivamente el día 29 de marzo»—, se pone fin a una etapa que ha marcado la vida cotidiana de generaciones enteras en la barriada de Es Fortí, en Palma.
Ubicado a escasos 100 metros de la iglesia de Sant Sebastià, el local ha sido durante décadas mucho más que un negocio de comida para llevar. Ha sido punto de encuentro, escenario de conversaciones improvisadas y testigo silencioso del paso del tiempo en el barrio. Allí, entre el calor de los asadores y el olor inconfundible del pollo con patatas, se han entrelazado historias familiares, celebraciones y rutinas que hoy forman parte de la memoria colectiva.
Marcos García del Sol, propietario del establecimiento, reconoce que la decisión no ha sido fácil. «Ha sido muy duro tener que bajar la barrera de un local que ha visto desfilar a varias generaciones», explica con emoción contenida. «Aquí han venido abuelos, luego sus hijos y ahora sus nietos. Hemos visto crecer a muchos niños alrededor de algo tan sencillo como un buen pollo asado con patatas».
El cierre no responde a una falta de clientela ni a una pérdida de esencia, sino a una circunstancia ajena: el propietario del local ha decidido vender el inmueble y, al finalizar el contrato de alquiler, no ha quedado más remedio que poner punto final a la actividad. Una despedida obligada que deja un vacío difícil de llenar entre los vecinos del barrio. «Ha sido un negocio que lo regentó durante años mi padre y después yo seguí su legado. Aquí todos nos conocemos y somos una gran familia».
Durante años, el trato cercano y la atención personalizada han sido la seña de identidad de Pollos Can Sebastián. «Más que clientes, son amigos», afirma Marcos. Y es precisamente ese vínculo humano el que convierte este cierre en algo especialmente emotivo. Porque no se trata solo de un negocio que desaparece, sino de un espacio donde se han construido relaciones de confianza, donde cada pedido llevaba implícita una conversación, una sonrisa o una historia compartida.
Las reuniones familiares, las comidas improvisadas, las celebraciones sencillas… todo encontraba en esta pollería un aliado imprescindible. «La ilusión de las reuniones en familia, el poder ofrecer algo hecho con cariño… eso es lo que siempre hemos querido transmitir. Cualquier domingo de verano podíamos llegar a servir 200 pollos, es decir, 200 familias que se sentaban en torno a una mesa a compartir la comida», añade.
Ahora, los fogones se apagan, pero no sin dejar una continuidad simbólica. La maquinaria ha sido vendida a una familia emprendedora que iniciará su propio proyecto. Durante unos días, Marcos permanecerá con ellos para transmitirles el oficio tradicional, los secretos y, sobre todo, el espíritu que ha definido al negocio durante décadas. «Es bonito pensar que algo de todo esto seguirá vivo en otras manos», comenta.
En lo personal, Marcos inicia una nueva etapa profesional dentro del sector de la seguridad privada. Un cambio que afronta con serenidad y gratitud. «Son etapas en la vida y hay que saber pasar página. Me quedo con todo lo bueno, que ha sido muchísimo. Solo puedo dar las gracias a todas aquellas personas que han confiado en nuestra profesionalidad y en nuestro servicio durante tantos años».
Cerrar la persiana ha sido, en sus propias palabras, uno de los momentos más difíciles de su vida. Porque detrás de ese gesto cotidiano se esconden décadas de esfuerzo, sacrificio y dedicación, pero también risas, anécdotas y una complicidad única con los vecinos.
En Es Fortí, pocos —o ninguno— no conocían Pollos Can Sebastián. Era parte del paisaje, del día a día, de la identidad del barrio. Su ausencia no solo se notará en las calles, sino también en el recuerdo de quienes crecieron con su sabor. Hoy, el barrio se despide de un comercio histórico, pero también rinde homenaje a una forma de hacer las cosas: cercana, honesta y profundamente humana. Porque hay lugares que, aunque cierren sus puertas, permanecen para siempre en la memoria de quienes los vivieron.
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