Buscar a la desesperada el voto migrante masivo
Días pasados leía este titular en la prensa local: Entidades y colectivos de migrantes acusan a PP y Vox de manipulación perversa. Fuerte, sin duda, y entonces me entró la curiosidad y comencé a rascar, hasta comprobar que numerosos periódicos de la Península tanto de papel como digitales iban en la misma senda, la mayoría adictos al régimen sanchista e incluso, algunos medios considerados independientes como EL MUNDO o La Razón.
Todo el mundo sabe que migrante viene de migrar, lo que refiere –la RAE-, «trasladarse del lugar en que se habita a otro diferente». El turista es,por lo tanto, un migrante, porque migra de un lugar a otro, aunque sin intención de radicarse. Hasta que migrante fue palabra recogida en el vocabulario de la ideología woke que es la biblia de lo correctamente político. Para nada es lo mismo ser migrante estrictamente, que serlo en calidad de inmigrante o de emigrante. La imposición de la palabra migrante, a todos los efectos, huele mucho a relato en los términos en que lo usa la extrema izquierda y en eso pica toda la prensa, ya sea apesebrada o bienintencionada.
De ahí ha venido pervertir el uso correcto del término al objeto de perseguir involucrar a todos los que emigran en el mismo saco, sea de manera legal, a modo de turistas, viajeros y los llegados con contrato de trabajo o en patera, directo vínculo con las mafias del tráfico de seres humanos, y existiendo la sospecha de ser en complicidad con beatíficas ONGs. Hoy sabemos que el procedimiento habitual es usar barcos como lanzadera de pateras a millas de la costa con miles de muertes por ahogamiento. El efecto llamada tiene este tenebroso resultado. ¿De quién depende el efecto llamada? Pues eso.
El inmigrante, dicho de una persona, es «llegar a un país extranjero para radicarse en él». La RAE, obvio. Mientras el emigrante, también dicho de una persona, es «abandonar la residencia habitual, en busca de mejorar su medio de vida dentro de su propio país». Incluso ir a ganarse la vida en otro país.
De manera que antes de que se impusiera hablar única y exclusivamente de migrantes, teníamos muy claro lo que era un inmigrante y lo que era un emigrante, aceptándose asimismo considerar inmigrante al exiliado en busca de asilo político, una vez conseguida la consideración por parte del país de acogida. Fue llegar el mundo global y la Agenda 2030 y entonces entrar en pura banalidad el valor de la legislación sobre fronteras, cuando en una botella de un litro no caben ni dos, ni tres, ni veintitrés. Por mucho que se levante la bandera manipuladora de los derechos humanos.
Porque frente a la satánica manipulación, lo que concierne es ser solidarios con la economía de terceros países, no desarrollados, y ayudarles a crecer, para frenar los desesperados flujos migratorios. Una utopía, probablemente, porque la corrupción es un hecho y no hay voluntad cierta de frenarla.
Fíjense que en la información local se llega a afirmar que la postura de la presidenta del Govern, Marga Prohens (PP), reclamando a Frontex, «busca captar votos frente a la ultraderecha». ¿Acaso Baleares no es frontera de la Unión Europea? ¿Acaso no es incontrolada la llegada de pateras argelinas a nuestras islas, principalmente Ibiza y Mallorca? ¿Qué hace el Gobierno de España al respecto? Según la directora general de Seguridad, Aina Calvo (mallorquina para más señas), «Frontex actúa en Argelia». ¿Acaso Argelia es en sí misma frontera de la UE? Todo es un gran despropósito.
También en la información local puede leerse que «acusan a PP y Vox de utilizar la llegada de pateras para crear un chivo expiatorio y así desviar la atención de problemas sociales acuciantes como la crisis de la vivienda o la sanidad». ¿Qué hay de las 300.000 viviendas prometidas por Sánchez y qué carajo hizo el Pacte de Progrés entre 2015 y 2023? Lo mismo en relación a la sanidad, tal como se la encontró el PP, destapando que Cariño Armengol se gastó 3,5 millones en mascarillas inservibles, a beneficio de la trama que lideraban Koldo, Ábalos y Aldama, los tres íntimos de Pedro Sánchez.
En la prensa local, asimismo, se puede leer que «entidades y colectivos de migrantes de Baleares acusan a PP y Vox de utilizar el drama humano en ajustes políticos» con la extrema izquierda. ¿De verdad? Como denunciar, dejándolo caer, que los llegados en pateras «pasan dos días a la intemperie» y sin especificar que la competencia en la recepción es del Estado y no de las comunidades autónomas. Por algo será que intervienen las fuerzas de seguridad y la Cruz Roja, que en absoluto dependen de Baleares.
Una vez ha calado que es un migrante quien de otra nacionalidad se instala de manera legal entre nosotros, es de sentido común que gracias a utilizar malas artes la extrema izquierda, los inmigrantes legales sí puedan sentirse aludidos, sin diferenciarse de los que son legales y los causantes de graves problemas de seguridad ciudadana, desarbolando la convivencia en común.
El relato acaba pervirtiendo la realidad y de paso consigue que los legales se movilicen en contra del PP y VOX. Esto, insisto, huele a manipulación a la desesperada del voto migrante masivo, escondiéndole que la postura de Vox, también del PP, es reivindicar la aplicación de la ley vigente, que no afecta en absoluto al inmigrante legal. Lo que me lleva a sospechar que las entidades y colectivos de migrantes (mira por dónde) de Baleares juegan a favor de la extrema izquierda en el poder. Menuda farsa.
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