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La piscina natural más bonita de Castilla-La Mancha no es a la que va todo el mundo: a un paso de Madrid, con chiringuito y uno de los pueblos más bonitos de España

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Cuando se habla de piscinas naturales en Castilla-La Mancha, casi todo el mundo piensa primero en los mismos dos o tres nombres de siempre, esos que aparecen en todas las listas y que en pleno agosto obligan a hacer cola solo para encontrar aparcamiento. Sin embargo, hay una alternativa que cumple con todo lo que se le pide a un buen chapuzón de verano sin masificación.

Se trata, sin exagerar, de la piscina natural más bonita de Castilla-La Mancha según distintas guías de turismo de la región, un rincón bañado por un río que atraviesa uno de los pueblos con más encanto de toda España, y que además está a una distancia perfectamente asumible desde Madrid para una escapada de un solo día.

La Playeta de Alcalá del Júcar, la piscina natural que sorprende a quien la descubre

Ese lugar es La Playeta, en Alcalá del Júcar, un municipio de la provincia de Albacete formado por las aguas cristalinas del río Júcar en su paso por la localidad.

A diferencia de otras piscinas naturales de la región, mucho más masificadas en los meses de verano, La Playeta ofrece un ambiente tranquilo gracias al caudal regulado del río, que mantiene aguas calmadas y de acceso gradual, ideales incluso para familias con niños pequeños.

La zona combina arena fina con áreas de césped cuidado, y toda ella queda protegida por la sombra de álamos centenarios que hacen mucho más llevaderas las horas centrales del día.

Desde el agua, además, se puede contemplar el castillo medieval de Alcalá del Júcar en lo alto del acantilado, junto a las características casas cueva excavadas en la montaña, una estampa que convierte el baño en algo mucho más que un simple chapuzón.

Chiringuito, gastronomía manchega y accesibilidad para todos

Alrededor de La Playeta hay varias terrazas y un chiringuito donde se puede comer algo típico de la zona, como el clásico gazpacho manchego, sin necesidad de moverse del entorno del río.

En la misma línea, también hay restaurantes, comercios y alojamientos rurales en las proximidades para quien decida quedarse más de un día.

Un detalle que no siempre se menciona en este tipo de recomendaciones es la accesibilidad del entorno. La Playeta cuenta con una plaza de aparcamiento reservada, un camino asfaltado y compactado que llega hasta la orilla con una anchura de 180 centímetros, una zona recreativa accesible mediante rampa y un aseo adaptado con barras de apoyo cerca del aparcamiento.

Desde luego, todo lo mencionado la convierte en una opción poco habitual dentro de las piscinas naturales de interior en cuanto a comodidad para personas con movilidad reducida.

Consejos prácticos para la visita a La Playeta

Quienes ya conocen La Playeta suelen recomendar llegar temprano para hacerse con las mejores zonas de sombra bajo los álamos, algo especialmente útil en pleno agosto.

También aconsejan llevar calzado de baño o escarpines, ya que el fondo del río tiene zonas de piedra que pueden resultar incómodas al caminar descalzo.

Para las familias con niños, el acceso gradual del agua permite que los más pequeños se metan poco a poco sin sobresaltos, mientras los adultos aprovechan las zonas de mayor calado río adentro.

Alcalá del Júcar, uno de los pueblos más bonitos de España

La Playeta no sería lo mismo sin el pueblo que la rodea. Alcalá del Júcar forma parte de Los Pueblos Más Bonitos de España, un reconocimiento que se explica solo con ver sus casas blancas colgadas sobre las hoces del río Júcar, apiñadas en la ladera como si fueran a caer en cualquier momento, y vigiladas desde lo alto por un castillo que lleva ahí desde el siglo XII.

Vista panorámica de Alcalá del Júcar. Foto: Superchilum en Wikimedia Commons.

Ese castillo, cuya construcción se sitúa en torno al año 1175, se levantó siguiendo los preceptos de la arquitectura defensiva islámica, aunque más tarde, tras la conquista castellana, se le añadieron dos pequeñas torres circulares en el siglo XV.

Desde sus almenas se obtiene una de las mejores panorámicas de todo el cañón del Júcar, con el pueblo desplegado justo debajo y La Playeta asomando entre la vegetación de la orilla.

El otro gran protagonista de Alcalá del Júcar son sus casas cueva, excavadas directamente en la roca de la montaña, una forma de construcción que aprovechaba el propio terreno para ganar frescor en verano y protección en invierno.

Entre las más conocidas están las Cuevas del Diablo, que una familia del pueblo excavó en 1905 para guardar el ganado y que hoy se pueden recorrer, con sus largos pasillos todavía repletos de aperos y objetos antiguos que recuerdan el uso original del espacio.

El resto del pueblo también merece un paseo con calma. La iglesia de San Andrés combina elementos góticos y barrocos en su fachada. El puente que cruza el Júcar sigue siendo uno de los rincones más fotografiados del municipio, y la plaza de toros local llama la atención por su planta ovalada, una forma muy poco habitual que la convierte en una de las más curiosas de toda España.

En cuanto a la distancia, Alcalá del Júcar se encuentra a algo más de 270 kilómetros de Madrid, lo que supone unas tres horas de coche, una cifra que puede sonar larga para una simple tarde de piscina, pero que se justifica de sobra si se aprovecha la jornada, o el fin de semana, para conocer también el pueblo.

Queda, además, a menos de una hora de Albacete capital y a menos de dos de Valencia, lo que lo convierte en una parada lógica para quien viaje entre el interior y la costa mediterránea.