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La legendaria isla cántabra con faro del siglo XIX: una reserva natural clave para el estudio de la biodiversidad

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

La Isla de Mouro, frente a la Península de la Magdalena, parece la guardiana de la Bahía de Santander. Este pequeño peñón de apenas 1,7 hectáreas custodia un patrimonio industrial y biológico de valor incalculable para Cantabria.

Los secretos de este enclave cántabro combina leyendas marítimas, hitos arquitectónicos del siglo XIX y un ecosistema submarino único en el litoral cantábrico.

Un enclave histórico en el Cantábrico: la Isla de Mouro y su faro

Este faro posee un interés histórico y arquitectónico excepcional. Su construcción respondió a la urgente necesidad de reducir los naufragios en una zona especialmente peligrosa para la navegación.

El encendido oficial del Faro de Mouro ocurrió el 15 de febrero de 1860, tras integrarse en el «Plan General de Alumbrado Marítimo de las Costas y Puertos de España e Islas Adyacentes» de 1847.

Su diseño presenta una torre cónica blanca de piedra sobre una vivienda de una planta, una tipología que recuerda a los clásicos faros de roca británica. Originalmente, dos fareros vivían allí aislados, enfrentándose a temporales violentos que a menudo les dejaban incomunicados.

La historia recoge episodios trágicos, como la muerte de un operario en 1865 tras ser arrastrado por una ola. El nombre de la isla también encierra curiosidades cartográficas. Antiguamente, los mapas la registraban como «Mogro» o «peña Mogru».

Sin embargo, el cartógrafo Vicente Tofiño de San Miguel cometió un error de transcripción en 1788 al elaborar el primer Atlas Hidrográfico de España, rebautizándola permanentemente como isla de Mouro.

En el plano militar, los ingleses capturaron este enclave en 1812 durante la Guerra de la Independencia, usando su posición estratégica para abatir las defensas francesas en la Magdalena.

Por qué la Isla de Mouro es un santuario biológico excepcional

La declaración de la Isla de Mouro como reserva natural en 1986 reconoce su valor como santuario ecológico. A pesar de su reducido tamaño, la isla alberga especies vegetales muy raras en Cantabria, como la lavatera arbórea y el hinojo marino.

No obstante, la planta invasora conocida como «uña de gato» amenaza actualmente este equilibrio botánico. La avifauna se encuentra aquí un refugio crítico. El paíño común y la gaviota argéntea utilizan la isla como lugar de cría.

Las aguas que la rodean, caracterizadas por su transparencia, esconden una riqueza submarina asombrosa con más de 40 especies de peces identificados. Bogavantes, pulpos y centollos conviven en este paisaje sumergido, lo que convierte a esta zona en un destino predilecto para los amantes del buceo.

El Faro de Mouro: arquitectura industrial y vigilancia marítima en Santander

Según informa la Red de Patrimonio Industrial de Cantabria, la infraestructura técnica del faro ha evolucionado significativamente desde su origen.

La Autoridad Portuaria de Santander, organismo responsable de su gestión actual, mantiene operativa esta instalación que alcanza las 11 millas náuticas de rango lumínico. El sistema original incluía un mecanismo de giro diseñado por H. Lepaute, colaborador de Gustave Eiffel.

Tras su automatización en 1921, el faro experimentó varios cambios tecnológicos. En 1989, la Demarcación de Costas instaló energía fotovoltaica, aunque inicialmente degradó su categoría a baliza. Fue el 26 de abril de 2004 cuando recuperó su estética original gracias a la instalación de una nueva linterna.

Actualmente, el desembarco en esta isla de Cantabria está prohibido para proteger la reserva natural. No obstante, el público puede disfrutar de este icono cántabro mediante excursiones en barco o actividades de snorkel autorizadas que permiten apreciar de cerca la majestuosidad de su entorno salvaje.