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El increíble pueblo catalán que esconde la 7º cueva más larga del mundo, un santuario paleolítico y un río subterráneo

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Hay zonas del país que llevan su propia historia grabada hasta en el nombre. En este sentido y dentro de una comarca que pocos turistas llegan a explorar, un pueblo catalán guarda bajo sus calles uno de los sistemas de cuevas más extensos del planeta, un río que fluye en la oscuridad y un hallazgo arqueológico que reescribió la prehistoria de toda Cataluña.

Entonces, podríamos decir que, una vez que se llega a este rincón de Tarragona, solo hace falta saber dónde mirar. El nombre del pueblo que vamos a revelar está en latín y un fragmento de él contiene la palabra «cueva». Con esa palabra se nombraba ya la zona en el siglo XI, en referencia a las numerosas cavidades que salpican sus alrededores.

El pueblo catalán cuya cueva figura entre las siete más largas del mundo

Toca en esta ocasión tratar de La Espluga de Francolí, un municipio de la Conca de Barberà (Tarragona) cuyo nombre arrastra el término del latín spelunca, que significa «cueva». La toponimia, que data de siglos atrás, da así a entender la presencia de más de mil años de historia subterránea.

Una vez ubicados en este enclave catalán, hay que admitir que la protagonista es la cueva de la Fuente Mayor, una cavidad formada en conglomerados que acumula más de 3.600 metros de galerías exploradas. Esto la sitúa como la séptima cueva de estas características a escala mundial.

Pero su singularidad no acaba en la extensión: es una de las pocas que transcurren literalmente bajo el casco urbano de un municipio habitado.

Por su interior discurre el río Francolí, que emerge al exterior a través de la Fuente Mayor, el manantial que bautizó a la cueva y que desde hace siglos abastecía al pueblo.

El agua se cuela por las galerías, traza su curso subterráneo y sale a la luz cuando el terreno se lo permite. No hay otro acceso natural al sistema, la roca lo clausura todo.

¿Cuándo se descubrió la cueva de Fuente Mayor y qué secretos esconde?

La cueva fue redescubierta por casualidad en 1853, cuando unos trabajadores que hacían perforaciones en un pozo del pueblo catalán toparon con una galería lateral comunicada con el río.

Una expedición improvisada remontó parte del cauce subterráneo y localizó las grandes galerías de lo que hoy es la entrada principal. Sin embargo, no fue hasta agosto de 1956 cuando comenzaron los trabajos de exploración sistemática.

Desde entonces, los espeleólogos han avanzado galería a galería hasta encontrar un obstáculo que todavía no se ha logrado superar: un segundo sifón que cierra el paso más allá de los tramos conocidos. Lo que hay al otro lado de esa barrera de agua sigue sin cartografiarse.

El recorrido turístico estándar cubre 500 metros de galerías y no tiene desnivel, con una temperatura constante de entre 14 y 17 °C.

Para quienes quieran ir más lejos, existe la visita de aventura. Para esto último, hay que ir equipado con neopreno, casco y lámpara de carburo, en grupos de siete a 15 personas y con guías especializados. El recorrido se amplía un kilómetro adicional remontando el río subterráneo.

El primer santuario de arte rupestre paleolítico, hallado en este pueblo catalán

Si la extensión de la cueva ya justifica el viaje, el hallazgo arqueológico que se produjo en su interior en octubre de 2019 terminó de poner a La Espluga de Francolí en el mapa de la arqueología europea.

Un equipo del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), liderado por el investigador Josep Maria Vergès, descubrió más de 300 grabados paleolíticos en una de las galerías de la Fuente Mayor.

Las representaciones incluyen ciervas, caballos y bueyes, junto con una serie de símbolos abstractos. La mayoría se atribuyen al Magdaleniense, hace unos 15.000 años, aunque los análisis apuntan a que algunas piezas podrían ser anteriores, con dataciones de hasta 36.000 años. Es el primer santuario de arte rupestre paleolítico figurativo descubierto en Cataluña.

La galería donde se concentran los grabados no está abierta al público: las figuras se trazaron sobre limos arenosos muy blandos y la fragilidad del soporte hace inviable cualquier visita.

El equipo investigador ha documentado el conjunto con tecnología 3D, lo que permitirá divulgarlo a través de materiales audiovisuales sin poner en riesgo los originales.

Del Paleolítico al Neolítico: ¿Qué más hay para ver en La Espluga de Francolí?

La visita turística no se limita al recorrido por la cavidad. En el interior funciona un museo integrado en la cueva que aborda la evolución humana, los usos de la cavidad a lo largo de la prehistoria, las herramientas del hombre primitivo y la estructura familiar de los grupos que habitaron estas galerías.

La experiencia se completa mediante proyecciones sobre la propia roca y recreaciones de teatro virtual.

Al final del recorrido, ya en el exterior, se encuentra un poblado neolítico a escala real que cierra el relato cronológico. El conjunto forma parte de una oferta cultural más amplia que incluye el Museo de la Vida Rural y la cercanía al Real Monasterio de Santa María de Poblet, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1991.

Centro urbano de La Espluga de Francolí. Foto: Jorge Franganillo en Wikimedia Commons.

El municipio, por lo demás, no llega a los 4.000 habitantes, lo que da una idea de la escala del fenómeno subterráneo que esconde.