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En medio de la avalancha de apps hechas con IA, todavía hay sitio para el buen software

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Cada vez que alguien predice la muerte de la aplicación tradicional, sustituida por un agente de IA capaz de resolverlo todo desde un chat, las tiendas de aplicaciones responden con más lanzamientos, no con menos. Los datos de la firma de analítica Appfigures, recogidos por TechCrunch, sitúan el crecimiento de nuevas apps en el primer trimestre de 2026 en un 60% interanual sumando App Store y Google Play, con un salto todavía mayor en el caso de iOS en solitario, un 80%. La pregunta que interesa no es si hay más aplicaciones, que las hay, sino si esa avalancha trae software que merezca la pena instalar.

Más lanzamientos, y la IA como sospechosa principal

La explicación que manejan los analistas no es ningún misterio. Las herramientas de programación asistida por IA, del tipo de las que generan código a partir de instrucciones en lenguaje natural, han rebajado la barrera de entrada para lanzar una app hasta el punto de que ya no hace falta ser programador profesional para publicar algo funcional en la tienda. Eso explica el volumen, aunque no dice nada sobre la calidad.

Fuente: Unsplash

El reparto por categorías también se ha movido. Los juegos siguen siendo, como todos los años, los que más lanzamientos acumulan, pero la productividad ha entrado por primera vez entre las cinco categorías con más estrenos, las de utilidades ha escalado hasta el segundo puesto y estilo de vida ha subido del quinto al tercero. Es un cambio de perfil que apunta a herramientas pequeñas y funcionales, no a los grandes superproyectos que dominaban el ecosistema hace unos años.

Tres aplicaciones que no presumen de IA

TechCrunch ha buscado software concreto que vale la pena. Uno de los ejemplos es Albo, del estudio londinense The Feel Good Project, pensado como alternativa al scroll infinito, permite guardar enlaces de TikTok, Instagram Reels, YouTube, Reddit o Pinterest y los organiza automáticamente en colecciones, con funciones avanzadas de pago.

Otro es Coop, un mercadillo de barrio digital para comprar productos artesanales o de cosecha propia a gente cercana, en las antípodas de un marketplace masivo. El tercero es Sofa Time, una app para llevar el registro de series y películas vistas con un espacio de discusión entre usuarios que incluye reacciones con imágenes y GIF y traducción en tiempo real para conversar con gente de otros países.

Lo interesante de los tres casos es que ninguno se anuncia como «impulsado por IA», aunque la usan por debajo para resolver tareas concretas, como clasificar contenido guardado o traducir comentarios al vuelo. Es una tendencia que merece un vistazo escéptico, la IA como ingrediente discreto de una app útil funciona mejor, tanto en marketing como en experiencia de uso, que la IA convertida en reclamo principal de una aplicación que en el fondo no resuelve gran cosa.

Cantidad no es lo mismo que calidad

El propio boom de lanzamientos complica la tarea de encontrar estas aplicaciones, cuantas más apps compiten por un hueco en las listas de novedades, más difícil es que una app pequeña y bien hecha llegue al usuario sin un golpe de suerte algorítmico o una recomendación de un medio especializado. Ahí está el verdadero reto del sector para lo que queda de año, no tanto si la IA acabará con las aplicaciones tal y como las conocemos, algo que por ahora no respaldan los datos, sino si Apple y Google conseguirán que sus tiendas sigan siendo un sitio donde un desarrollador pequeño con una idea honesta tenga alguna opción frente al ruido.