La Policía en alerta: las bandas latinas ya matan en España como los sicarios profesionales
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Pistolas, coches con matrículas «dobladas», identidades falsas y tarjetas telefónicas prepago para no dejar rastro de sus crímenes. Las bandas latinas en Madrid ya emplean métodos de sicarios profesionales para cometer sus venganzas mortales. La Policía no oculta su preocupación ante esta «tecnificación» de las bandas en todos los niveles: cuanto más dinero ganan, más aumenta su poder de reclutamiento entre los menores de edad.
La operación policial que se cerró con la detención de siete pandilleros por el asesinato a sangre fría de un joven dominicano en Fuenlabrada en 2022 ha destapado la «profesionalidad», que han adquirido las bandas latinas a la hora de acometer negocios ilegales o asesinatos.
El DJ dominicano de 21 años, Sailen Huraldo, fue asesinado el 3 de octubre a la salida de un concierto del rapero Rochy RD en una discoteca de Fuenlabrada (Madrid). El joven «estaba sentenciado por sus atacantes», la banda de los Dominican Don’t Play (DDP), según precisó en su día la delegada del Gobierno en Madrid.
La reconstrucción del crimen ha revelado que los asesinos lo planearon al detalle. Midieron distancias y horarios para garantizar el éxito del asesinato. En el mercado negro, se compraron un revólver calibre 38 que posteriormente hicieron desaparecer. También contrataron a un conductor que les llevara hasta el concierto del rapero próximo a sus enemigos de la banda de los Trinitarios. La furgoneta en la que llegaron al lugar del crimen era robada y tenía las placas de la matrícula «dobladas» con las de otro vehículo de la misma marca, modelo y color. Todo para evitar que la Policía pudiera conectarles con el homicidio.
Antes, los pandilleros se habían hecho con documentación falsa. La usaron para conseguir tarjetas telefónicas prepago en un locutorio de un cómplice, ahora huido. De esta forma, pretendían ocultar todas las llamadas que hicieron para preparar y coordinar y ejecutar el asesinato. Toda la operación la financiaron con la venta de drogas, cocaína y marihuana. Y como ya es costumbre entre las bandas latinas asentadas en España, dos menores de edad se ocuparon de ejecutar la venganza. El de 16 años llevaba el revólver, el de 17 años portaba un machete.
Todo estaba planeado minuciosamente, salvo la elección de la víctima. Iban a vengar un ataque anterior de los Trinitarios y eligieron el concierto del rapero. Alguno de ellos llegó a entrar en la sala y «marcó» a la víctima. Sailen no era trinitario, sólo simpatizante, pero se hizo notar durante el concierto y subió al escenario junto al rapero. Este gesto le hizo candidato a recibir un balazo. Sus asesinos esperaron a que terminara el concierto y se retirara el operativo policial, para atacar al grupo de Sailen que charlaba en la puerta del local. El menor de 16 años primero disparó en la sien al joven DJ y luego hirió a balazos a dos de sus acompañantes, mientras el atacante de 17 intentaba rematarlos a machetazos. Luego, desaparecieron por donde habían venido hasta que han sido arrestados por los agentes.
Los policías no sólo están alarmados por la profesionalidad demostrada por estos sicarios adolescentes. También les preocupa «la tecnificación» de la banda en el resto de actividades delictivas. «Ya no son unos niñatos vendiendo droga en la calle, ahora controlan narcopisos», explican.
Además, tanto los DDP como los Trinitarios han expandido sus negocios ilegales, ahora también se dedican a las estafas informáticas. Antes contrataban hackers para sus delitos, ahora ya han aprendido por sí mismos. Tienen sociedades y cuentas bancarias en terceros países, e invierten en la compra de inmuebles en la República Dominicana. Los últimos detenidos de los Trinitarios habían conseguido casi un millón de euros en seis meses con la comisión de estafas. Ese dinero lo invierten en comprar drogas para revender, armas para delinquir. También les ayuda a reclutar a más menores para engrosar sus filas.
Las bandas latinas asentadas en España se han hecho mayores y no parece importarles que la Justicia las haya declarado ilegales, algo que cuando son condenados por otros delitos, les suma dos años más de cárcel por pertenencia a grupo criminal. Siguen aprovechándose del margen que les otorga la Ley Orgánica de Responsabilidad de los Menores, conocedores de que si cometen un homicidio con 16 años, su condena nunca superará los ocho años de reclusión.
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