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Estatuto marco

Los médicos se hartan y cuelgan la bata: nueva semana de huelga que sumará 30 días este año

El conflicto médico impulsado por Mónica García se ha convertido en la mayor crisis laboral de la sanidad pública española

La legislatura sanitaria de la ministra de Sandiad, Mónica García, ha quedado marcada por un conflicto que, lejos de apagarse, se ha convertido en una de las mayores crisis laborales de la sanidad pública de los últimos años. Lo que comenzó como una protesta contra el borrador del nuevo Estatuto Marco ha desembocado en una cadena de movilizaciones que, con los cinco nuevos días de paro convocados para junio, sumarán ya cerca de 30 jornadas de huelga médica en apenas unos meses.

Pese a ello, el Gobierno decidió seguir adelante. El pasado 2 de junio, el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto del nuevo Estatuto Marco, la norma llamada a regular las condiciones laborales de cientos de miles de profesionales sanitarios del Sistema Nacional de Salud. Lo hizo, sin embargo, en pleno enfrentamiento con los sindicatos médicos y después de varias reuniones sin acuerdo y ahora ya sin pretender reunirse con ellos.

La imagen que deja este proceso es la de dos realidades paralelas. Por un lado, el Ministerio defiende que la reforma incorpora mejoras históricas, como la desaparición progresiva de las guardias de 24 horas, límites a la jornada laboral y avances en conciliación. Por otro lado, los facultativos consideran que el texto ignora las singularidades de la profesión médica y denuncian que sus principales reivindicaciones siguen fuera de la negociación. Todo esto hasta tal punto de llamar a la ministra «traidora» por pertenecer a este colectivo e ignorar sus diferencias.

El gran reproche: aprobar primero, negociar después

La principal acusación que lanzan los representantes médicos es que Sanidad ha optado por la vía unilateral. Durante meses han reclamado una negociación específica para la profesión médica. Sin embargo, el Ministerio ha mantenido que el Estatuto debe negociarse en el ámbito general del sistema sanitario y no mediante una mesa exclusiva para facultativos.

El resultado es un choque que se ha ido enquistando. Los médicos hablan de «falta de voluntad política» y de reuniones sin avances reales. El Ministerio responde que se han celebrado decenas de encuentros y que gran parte de las demandas históricas ya aparecen recogidas en el texto. Sin embargo, Mónica García se niega a reconocer sus diferencias y negociar un estatuto propio.

Pero la realidad es que las huelgas continúan y el Consejo Interterritorial agrava la fractura, porque las comunidades aseguran que es Sanidad quien debe negociar el Estatuto y que no debe ampararse para presionar en las distintas regiones. El punto de inflexión llegó esta misma semana cuando las comunidades autónomas se han negado a apoyar un texto que los médicos niegan desde un primer momento.

En el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, prácticamente todas las comunidades autónomas pidieron a Sanidad que «reabriera una negociación efectiva con los médicos para intentar poner fin al conflicto». La fotografía política fue especialmente incómoda para la ministra: las autonomías reclamando diálogo mientras el Ministerio defendía seguir adelante con la tramitación.

Varias comunidades reprocharon al departamento de Mónica García haber asumido en solitario una reforma cuyas consecuencias deberán gestionar después los servicios regionales de salud. La respuesta de Sanidad fue señalar a las autonomías como responsables de algunos de los bloqueos existentes, una estrategia que no contribuyó precisamente a rebajar la tensión institucional.

El Congreso, la verdadera prueba de fuego

Ahora, el verdadero problema para el Ministerio puede no estar ya en las calles ni en los hospitales, sino en el Congreso de los Diputados.

El anteproyecto inicia ahora un recorrido parlamentario que se anuncia complejo. El texto necesitará apoyos suficientes para convertirse en ley y, a día de hoy, el panorama político es cualquier cosa menos favorable.

Junts, PP y Vox han mostrado reiteradamente su cercanía a las reivindicaciones médicas y han exigido al Gobierno que negocie directamente con los convocantes de la huelga. Junts también se ha situado en esa línea de presión sobre el Ministerio de forma específica, como ya lo ha hecho en otras ocasiones, a pesar de ser socio preferente de Pedro Sánchez. 

Eso coloca a la reforma en una situación delicada. Si quienes han respaldado públicamente las demandas de los facultativos mantienen esa posición cuando llegue la votación, el Gobierno sanchista y de coalición múltiple podría encontrarse con enormes dificultades para reunir una mayoría suficiente.

Una reforma nacida bajo sospecha

El Ejecutivo sostiene que está modernizando una norma que llevaba más de dos décadas sin actualizarse. Los médicos responden que una reforma laboral de semejante alcance no puede imponerse contra quienes deberán aplicarla cada día en hospitales y centros de salud.

La consecuencia es evidente: mientras el Ministerio celebra haber dado el primer paso legislativo, la profesión médica mantiene abierto un conflicto que no tiene visos de resolverse a corto plazo. Treinta días de huelga en un solo año no son una anécdota sindical. Son el síntoma de una fractura profunda entre el Ministerio y uno de los colectivos esenciales del Sistema Nacional de Salud. La pregunta es una: ¿puede sobrevivir políticamente una ministra que ha atacado a la profesión médica?