El hábito semanal que los científicos relacionan con un menor riesgo de demencia
Para la gente mayor, estas tareas son un gran estímulo cognitivo diario
La psicología dice que las personas que colocan la silla al levantarse no lo hacen porque sean ordenadas, sino porque tienen atención social y son disciplinadas
Preparar una comida casera por lo menos una vez a la semana se podría convertir en una herramienta sencilla y accesible para proteger de la vejez al cerebro. Esta actividad requiere de una combinación única de actividad física, planificación mental, memoria y coordinación. Para la gente mayor, estas tareas son un gran estímulo cognitivo diario. Desde organizar ingredientes hasta seguir recetas o controlar los tiempos de cocción, el cerebro permanece activo durante todo el proceso.
Así lo asegura una investigación en la revista científica ‘Journal of Epidemiology & Community Health’, que afirma que las personas mayores que cocinan con cierta frecuencia presentan un menor riesgo de desarrollar demencia. El trabajo apunta además a un dato llamativo y esperanzador: cocinar desde cero al menos una vez por semana se asocia con una reducción del 67% en el riesgo de demencia.
El estudio, realizado a casi 11.000 personas de 65 años en Japón, les siguió durante seis años, hasta 2022. Cerca de un 20% tenía más de 80 años y aproximadamente la mitad eran mujeres. Los participantes respondieron cuestionarios sobre la frecuencia con la que cocinaban comidas desde cero en casa. También se evaluó el nivel culinario de los mismos.
Los datos reflejaron que alrededor de la mitad cocinaba al menos cinco veces a la semana, mientras que más de una cuarta parte apenas lo hacía. Durante el periodo de seguimiento, 1.195 personas desarrollaron demencia, suponiendo un 11%.
Más cocina, menor riesgo de demencia
El análisis mostró una gran relación entre cocinar con mayor frecuencia y menor riesgo de demencia. Se ha asociado el cocinar al menos una vez a la semana con un 23% menos de riesgo de demencia en hombres y un 27% menos en mujeres, respecto a quienes afirmaron no cocinar menos de una vez. Los investigadores explican que, para quienes no estén acostumbrados a cocinar, esta actividad puede suponer un reto estimulante.
El estudio también reflejó que aquellas personas con altas capacidades culinarias ya presentan un menor riesgo de demencia. En ese contexto, cocinar aparece como una actividad económica y accesible, además de beneficiosa para millones de personas. Aun así, los resultados pueden variar en función de las costumbres de cada uno y de cada país; el mensaje es claro: mantener la mente con tareas cotidianas para preservar la salud cerebral.
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