El café y el té mejoran la función cognitiva y reducen el riesgo de demencia
Estudian sus efectos en la salud del cerebro a largo plazo
Un estudio destacado por la Academia Europea de Neurología (EAN)
El café y el té son dos de las bebidas más consumidas en todo el mundo. Hasta ahora, las evidencias científicas sobre sus efectos en la salud del cerebro no han sido consistentes, pero un nuevo y amplio análisis de dos amplias bases de datos indica que, a largo plazo, el consumo de café normal (no descafeinado) y té atenúa el riesgo de demencia y mejora los resultados en salud cognitiva, medida en síntomas objetivos y subjetivos. Se ha publicado en la revista científica JAMA y cuenta con el aval de la Academia Europea de Neurología.
En este estudio se comparó a dos grupos de personas, cuyos datos estaban en el Estudio de Salud de Enfermería (EEUU, con 86.606 mujeres) y el Estudio de Seguimiento de la Salud de Profesionales Sanitarios (EEUU, con 45.215 hombres), además de información dietética recogida entre los años 1986 y 2023.
Los participantes no tenían diagnóstico de cáncer, enfermedad de Parkinson ni demencia al comenzar el estudio. Se evaluaron sus hábitos dietéticos cada 2-4 años usando cuestionarios validados y un modelo acumulativo de consumo para definir sus patrones de conducta a largo plazo.
Se identificó la demencia en los certificados de fallecimiento y en los diagnósticos médicos que ellos mismos compartieron, cotejados con las historias clínicas cuando estas estaban disponibles. En cuanto al declive cognitivo subjetivo, se evaluó usando cuestionarios específicos para cada grupo (con puntuación superior a 3 como umbral), mientras que la función cognitiva objetiva solamente pudo definirse en el primer estudio a partir de pruebas que se llevaron a cabo por teléfono.
Entre los 131.821 participantes cuyos datos pudieron estudiarse a lo largo de 43 años, se documentaron los casos de demencia.
La clave es la moderación
Después de ajustar variables para evitar distorsiones en los resultados, los investigadores vieron que cuanto más café normal consumían los sujetos, menor era su riesgo de desarrollar demencia y menor la prevalencia de declive cognitivo medido en síntomas subjetivos. En cuanto al consumo de té, el patrón fue similar: comparados con los que menos consumían, los individuos que más té tomaban tenían menor riesgo de demencia y menor prevalencia de declive cognitivo.
El consumo de café descafeinado no se asoció con menor riesgo de demencia y sí, curiosamente, con una prevalencia más elevada de declive cognitivo subjetivo.
El riesgo de demencia era menor en los grupos en los cuales el consumo era moderado (entre 2 y 3 tazas de café al día, 1-2 tazas de té o 300 mg de cafeína al día), sin que se observara ninguna ventaja en consumir cantidades por encima de ese umbral. Algo parecido sucedió con los síntomas de declive cognitivo, tanto objetivos como subjetivos, lo cual refuerza la teoría de que en la moderación está el máximo beneficio.
Tomados en su conjunto, estos hallazgos dan respaldo a la idea de que el consumo moderado a largo plazo reduce el riesgo de demencia y mejora la salud cognitiva, mientras que esos beneficios no se pueden asociar al café descafeinado.
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