Religión
San Agustín

La reflexión de San Agustín sobre el amor que sigue emocionando siglos después: «La medida del amor es amar sin medida»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

San Agustín (354-430) dedicó gran parte de su vida a reflexionar sobre el ser humano, la felicidad, la libertad y la búsqueda de Dios. Tras una juventud marcada por la inquietud intelectual y una intensa búsqueda de la verdad, encontró en el cristianismo la respuesta a muchas de sus preguntas.

Entre sus obras más importantes destacan las «Confesiones» y «La ciudad de Dios». Su trayectoria intelectual y espiritual pasó por el epicureísmo, el maniqueísmo, el escepticismo y el platonismo. Fue precisamente bajo la influencia de este último donde desarrolló su filosofía cristiana.

La reflexión de San Agustín sobre el amor

Para san Agustín, el ser humano está compuesto por dos sustancias: alma y cuerpo. El cuerpo está formado por los cuatro elementos, mientras que el alma, principio vital del hombre y de los animales, posee memoria, apetito y facultad cognoscitiva. En cuanto al origen del alma, dudó entre el creacionismo y el generacionismo o traducianismo.

El hombre tiende por naturaleza a la felicidad, que consiste en la unión íntima con Dios, alcanzada mediante un camino de interioridad y ascenso hacia Él. Para lograrlo son necesarios tanto el esfuerzo humano como la ayuda divina; razón y fe se complementan y necesitan mutuamente. La acción de Dios se manifiesta a través de la fe, que purifica la mente, y de la iluminación, que permite conocer a Dios.

Según san Agustín, Dios es como el sol que ilumina la inteligencia para que ésta pueda contemplar las verdades eternas presentes en el interior del ser humano. Por su parte, el hombre colabora mediante sus facultades más nobles: la voluntad, orientada al amor de Dios como Bien supremo, y la inteligencia, que gracias a la iluminación alcanza la Verdad absoluta, que es también Dios.

Cuando afirma que «la medida del amor es amar sin medida», Agustín no propone un amor impulsivo o carente de prudencia. Su pensamiento se dirige a un amor que nace de la entrega, la generosidad y la caridad, entendida como el amor que busca el bien del otro. Para él, amar significa salir de uno mismo, dejar atrás el egoísmo y orientar la vida hacia aquello que realmente merece ser amado.

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