Telefascismo para salvar una audiencia ruinosa
Risto Mejide está desesperado. Las cuotas de pantalla que está haciendo su programa Todo es mentira, emitido en Cuatro, son ruinosas y están por debajo de la media que suelen hacer otros formatos de Mediaset. Por lo tanto, y así son de tozudas las reglas televisivas, que la cadena suprima el espacio donde el publicista se luce rodeado de su tropel de bufones es sólo cuestión de tiempo.
El ego de Mejide, que siempre ha sido un presuntuoso showman escondido tras unas gafas de sol, se niega al fracaso y, por ello, haciendo gala de una vileza mayúscula, ha puesto a Eduardo Inda en la diana durante los últimos días. El primer intento para atacar al director de OKDIARIO fue intentar desmontar la exclusiva –apuntalada de manera férrea con documentación que así lo acreditaba– sobre la ilegalidad de la parcela sobre la que está levantado el casoplón de Pablo Iglesias e Irene Montero en Galapagar. Evidentemente no lo consiguió. El consejero de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, admitiendo la irregularidad de la vivienda de la pareja podemita, dio un nuevo espaldarazo a la veracidad de la información.
No obstante, y esto resultaba imposible de predecir, Mejide, arrastrado por el sabor amargo de la frustración tras sus inertes propósitos de difamar a este periódico y a su director, ha cruzado una línea que jamás se debería traspasar: el uso de la violencia. Este viernes Inda ha sido agredido en el cuello por uno de los cámaras de Todo es mentira hasta hacerle caer al suelo cuando el periodista accedía a las instalaciones de Telecinco para participar en El programa de Ana Rosa. A su llegada a los estudios de televisión, una redactora y una operadora de cámara del programa del publicista han perseguido a Inda por los pasillos con un solo propósito: provocarle para intentar conseguir insuflar oxigeno a un espacio televisivo agónico.
Sin embargo, teniendo sobre la mesa las cifras de audiencia registradas, ni siquiera el humor zafio, las mentiras, la manipulación de la información y la violencia gratuita van a salvar al programa del deceso. Es posible que la onda expansiva de la agresión a Inda pueda ser usada de manera impúdica por Mejide durante unos días, quizá durante unas semanas, pero el acta de defunción de Todo es mentira ya está rubricada y la única firma que lleva es la mediocridad de un publicista que vive de parasitar a los demás.
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