El Supremo vapulea al fiscal general
La sentencia brutal del Tribunal Supremo contra la actuación del actual fiscal general, Álvaro García Ortiz, al ascender a su amiga y ex jefa Dolores Delgado a fiscal de Sala, máxima categoría en la carrera, es de las que hacen época y quedará en los anales de la posteridad para estudio y recuerdo de los especialistas en la materia.
Desde el punto de vista político, en cualquier país civilizado, democrático y libre, hubiera supuesto la salida ipso facto del alto funcionario que hubiera perpetrado tal desmán. Aquí le ratifican en el cargo, lo que supone que el Gobierno se pasa la sentencia del Supremo por el arco de metales. Se les calienta la boca a diario con el respeto a las leyes y cuando alguna de ellas afecta los intereses de su clientela se hacen los suecos o directamente cargan contra aquellos que han tenido la valentía de firmar sentencias condenatorias. Con esta sentencia se pone también blanco sobre negro la capacidad técnica de Álvaro García Ortiz, que, según señalan sus colegas de oficio, en la práctica funciona más como un funcionario de Moncloa y de Ferraz que como un servidor del Estado independiente.
Ni en Francia, ni en Estados Unidos, ni en Alemania, ni en Italia, ni en los Países Bajos, ni en la Hungría de Orbán, el fiscal general de ninguno de estos países hubiera sobrevivido a una sentencia del Tribunal Supremo. Claro, aquí manda Sánchez y el imperio de Sánchez no admite división de poderes. -¿De quién depende la Fiscalía? De usted, don Pedro. ¡Pues eso!
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