Opinión

A Sánchez le importan los votos, no la guerra

No salgo de mi asombro al enterarme de que Felipe VI telefoneó ayer al presidente de Líbano «para trasladarle el apoyo de España tras los bombardeos de Israel». Tal vez Su Majestad olvida que con toda seguridad el primero que está dando palmas con las orejas es el propio Joseph Aoun que, como todos los cristianos maronitas y todos los libaneses de bien en general, está harto de Hezbolá, la banda terrorista financiada por Irán que tiene sometido y aterrorizado al país desde hace décadas. Porque los hebreos serán cualquier cosa pero no tontos y descargan su poder bélico sobre las posiciones de estos hijos de perra con precisión milimétrica. Van a por estas bestias, no a por los libaneses, lo cual me parece muy saludable por no decir una bendición del cielo. Un matiz que deberían haber explicado al Rey sus asesores, empezando por el jefe de su Casa, Camilo Villarino, que algo sabe de la cosa internacional porque es diplomático de carrera.

Felipe VI debería abstenerse de repetir literalmente o cuasiliteralmente las frasecitas del autócrata sobre la guerra contra la dictadura iraní. Espero que más pronto que tarde alguien descifre este jeroglífico que me tiene entre perplejo y cabreado, fundamentalmente, porque nuestro Rey es esencial para poner freno a los desmanes sanchistas y porque es antagónico ética y moralmente al presidente del Gobierno que no eligieron los españoles. Nada que objetar, por otra parte, a las llamadas que efectuó a sus iguales en los países atacados por el alocado por descabezado régimen iraní. Espero que nuestro monarca no sucumba a los cantos de sirena, quién sabe si a los chantajes, del socialcomunismo gobernante. Esencialmente porque hasta hace bien poco llevaba el reinado con una nota que unas jornadas se situaba en el sobresaliente y otras en la excelencia que representa la matrícula de honor.

Entrando en materia lo primero que resulta ineludible destacar es que Pedro Sánchez retoma la tradición iniciada por José Luis Rodríguez Zapatero de gritar «¡no!» a la guerra, heredera a su vez de ese otro paletismo financiado por la Unión Soviética que significó en los albores de la Transición el «¡OTAN, no, bases fuera!».

Lo único que hicimos en Irak fue actuar como fuerzas de interposición y pacificación, bajo el paraguas de la ONU, todo lo demás es un embuste

Hace 23 años se desencadenó una contienda feroz para eliminar de la faz de la tierra al genocida Sadam Husein y ahora acontece tres cuartos de lo mismo con el fin primero y último de finiquitar una teocracia que apedrea mujeres hasta la muerte, cuelga homosexuales, ha asesinado a 43.000 manifestantes desde enero y cientos de miles, por no decir millones, desde la Revolución que llevó al poder a los repugnantes ayatolás en 1979.

Las similitudes no quedan ahí. La única diferencia es que entonces se mintió sobre la categoría y ahora se miente a todas horas sobre lo accesorio o sobre la anécdota. La violentísima campaña de la izquierda contra el Gobierno de José María Aznar, agresiones a políticos populares incluidas, tuvo lugar sobre la base de nuestra «participación» en la breve Guerra de Irak de 2003. Una de las patrañas más cantosas y secundadas por los medios, a pesar de su manifiesta falsedad. Nunca entramos en combate. Todo aquel que defienda lo contrario miente como un bellaco. Lo único que hicimos fue actuar como fuerzas de interposición y pacificación, bajo el paraguas de la ONU, cuando el cristo de la guerra había terminado. Lo demás es un EMBUSTE con todas las mayúsculas que acabo de teclear.

No sólo lo digo yo, que también, lo afirma la propia página web del Ministerio de Defensa que comanda Margarita Robles: «Al concluir la Segunda Guerra del Golfo, en abril de 2003, las tropas aliadas —Estados Unidos, Reino Unido, Polonia y Australia— mantuvieron su despliegue en el país como Fuerza de Estabilización para la Asistencia a Irak. Las fuerzas españolas desplegaron dos misiones: la primera entre abril y julio de 2003 de asistencia humanitaria; la segunda en agosto con el despliegue de la Brigada Multinacional Plus Ultra con la misión de contribuir a la seguridad y reconstrucción de las provincias de An Nayarit y Al Qasidiya». Más claro, agua. Lo cierto y verdad es que en el campo de batalla sólo hubo tropas de los cuatro países anteriormente mencionados. Punto.

Siempre quedó claro que cuando te unes a alguien más fuerte que tú las cosas te van infinitamente mejor que cuando acompañas a malandrines

Cosa bien distinta es que Aznar respaldara los ataques que permitieron derrocar a uno de los mayores asesinos de masas de la historia de la humanidad. Ahí está la foto de las Azores en la que naturalmente figura George W. Bush y también posan sonrientes José Manuel Durâo Barroso y Tony Blair. Lo que tanto Zapatero como Sánchez y la zurdez mediática patria olvidan es que el partido del a la sazón primer ministro británico, el Laborista, es miembro de toda la vida de Dios de la Internacional Socialista. De esto nadie habló ni habla, en aquellos momentos porque había que ocultar la verdad a toda costa para desalojar como fuera al PP y ahora por los mismos motivos y porque 2003 suena a la opinión pública a Pleistoceno.

Tampoco les dirán ni les contarán que nuestro plácet a la Guerra de Irak resucitó un protagonismo internacional del que carecíamos desde tiempos de ese monarca en cuyo imperio jamás se ponía el sol: Felipe II. La superpotencia nos dio vía libre para entrar en su Patio Trasero. La conversión de España en miembro de pleno derecho del Eje Trasatlántico reportó infinita riqueza a nuestras empresas, que en cuestión de un par de años devinieron en auténticas multinacionales. Esa estrategia del Gobierno Aznar hizo ricos a sus gestores pero, sobre todo, a sus millones de accionistas. Nuestra nación volvía a colonizar Iberoamérica. Las cosas de la vida: cuando te unes a alguien más fuerte que tú, las cosas te van infinitamente mejor; cuando acompañas a malandrines, y más si son pequeños, lo normal es que acabes entre muy mal y peor.

A Zapatero la falsaria apuesta del «¡no!» a la contienda iraquí en la que jamás estuvimos ni se nos esperó le vino de perlas para cohesionar a la izquierda y estrechar distancias con un PP que disfrutaba de una cómoda mayoría absoluta de 183 escaños. Entre el goebbelsiano «¡no!» a la Guerra de Irak, o del Golfo que es conocida por ambas acepciones, el chapapote del que se culpó al Gobierno pese a que el pegajoso líquido negruzco procedía de un barco matriculado en las Islas Bahamas —el Prestige— y los atentados del 11-M, el candidato novel consiguió ganar unas elecciones que, de otra manera, hubiera palmado por goleada. Su afición a Goebbels les salió bien esta vez. Pero, por muchas veces que lo repitan, jamás de los jamases será verdad que nuestros soldados lucharon en Irak.

Con el tema de Irán el marido de la pentaimputada se ha vuelto a echar al monte censurando a dos democracias, los Estados Unidos e Israel

Sánchez debió de pensar «ésta es la mía» cuando leyó hace ocho días las primeras noticias sobre el bombardeo de Irán y la muy saludable muerte del tirano Jamenei. Ya se sabe que este pájaro es muy bueno para el mal, todo lo contrario que nuestra tontita y acomplejada derecha, siempre presta y dispuesta a pedir perdón al enemigo y a meter la pata. El marido de la pentaimputada se ha vuelto a echar al monte censurando a dos democracias, los Estados Unidos e Israel, circunstancia que le ha granjeado el aplauso de la tiranía china, la mismita teocracia iraní que continúa masacrando disidentes y los hutíes, además de los terroristas de Hamás y Hezbolá. Dime con quién andas y te diré quién eres.

Los spin doctors de Sánchez son Michael Jordan al lado de los de la derecha española. Y muy mal no les está yendo. La mentira tiene estas cosas: que a corto plazo funciona. Las encuestas otorgan una subida de dos puntos al yerno del proxeneta Sabiniano Gómez desde que se puso a hacer el chulo con Donald Trump. De momento ni con ésas conseguiría sorpassar al bloque conformado por PP y Vox, instalado hace ya dos años por encima de los 190 asientos mientras Sumar, Podemos y aledaños se hallan triturados electoralmente. Sánchez está consiguiendo jibarizar a la extrema izquierda haciendo de Pablo Iglesias. Hablo de lo político porque físicamente hay evidentes diferencias entre El Chepas de Galapagar y El Guapo de Ferraz. Sea como fuere, la vía de agua está taponada y el Frente Popular empieza a recuperar la alegría.

El objetivo sanchista del 25% PSOE-25% PP-25% Vox que ilustré hace varias semanas en estas páginas es perfectamente factible. Ese 25%-25%-25% permitiría a Sánchez poner a Feijóo entre la espada y la pared a la vez que le ofrece sus votos para salir investido sin esa «ultraderecha [sic]» que, por cierto, es entre cien y doscientas veces más demócrata que él.

Que las trampas le están funcionando esta vez lo certifica de manera definitiva el hecho de que Alberto Núñez Feijóo pronunció el viernes unas palabras que se antojan una paráfrasis de las que nos viene largando esta semana el sátrapa monclovita. «Todos queremos parar la guerra y todos queremos la paz», apuntó el presidente del PP y próximo presidente del Gobierno. Tan cierta es esta reflexión como que todos albergamos la convicción de que los bombardeos a los ayatolás no se habrían producido si la tiranía machista, homófoba y asesina no hubiera matado desde enero a 43.000 personas que se manifestaban pacíficamente por las calles. A los que conseguían sobrevivir a los balazos, les pegaban la puntilla en los hospitales inyectándoles aire en el organismo.

A Sánchez le importan los votos, la guerra le importa lo mismo que las mujeres maltratadas o las víctimas de la trata de blancas: un comino

El cuasiunánime aglutinamiento de toda la izquierda en torno a su cadavérica figura puede tener consecuencias. Teniendo en cuenta la geométrica subida de Vox no es descartable que este pájaro pueda acabar llevándose la victoria en las generales, lo cual no creo que impida que Feijóo le haga un Sánchez garantizándose la investidura pese a haber quedado segundo. Quien a hierro mata, Pedro, a hierro muere.

Esta última hipótesis no es muy realista de momento pero de aquí a cuando sean las generales puede ocurrir de todo. También nos parecía inverosímil en 2023 y se cumplió, eso sí, con la inestimable ayuda del siempre sospechoso voto por correo. Claro que en aquella coyuntura no había koldos, ábalos, cerdanes, zapateros, begoñas, davides y demás mangantes socialistas.

Que nadie les engañe: a este individuo le importan un pepino la guerra, las muertes que inevitablemente se están produciendo y las que se van a producir. Se agarra a este clavo ardiendo como aplaudiría los bombardeos sobre las tiránicas élites persas si le supusieran más votos. Como tampoco dudaría un segundo en respaldar la lapidación de mujeres, el ahorcamiento de homosexuales o el exterminio de los demócratas iraníes si le sirvieran para mantenerse en la poltrona. Así de amoral es este sujeto. Le importa la guerra lo mismo que las mujeres maltratadas o las víctimas de la trata de blancas: un comino. A los hechos me remito: su Gobierno parió la ley liberavioladores, dejó sin pulseras a las agredidas por sus parejas y es partícipe consorte del vil negocio de la prostitución.

Que nadie se equivoque: hay guerras que son necesarias para evitar males mayores, un bien moral en definitiva. Desde hace una semana la teocracia iraní asesina menos, ha frenado las lapidaciones de mujeres, se ha olvidado de colgar gays, no roba tanto y no financia el terrorismo internacional. Y menos que lo hará. Bendito sea en este caso el presidente Trump. La Segunda Guerra Mundial fue moralmente justa, ésta también lo es y tres cuartos de lo mismo cabe concluir del apresamiento de Nicolás Maduro. Lo expresaron mucho mejor que yo los romanos hace dos mil y pico años: «Si vis pacem, para bellum». Si quieres la paz, prepárate para la guerra, la concordia no se consigue mostrándole al enemigo una rama de olivo. Y echar a un dictador sanguinario por las buenas es física y metafísicamente imposible.