Opinión
AZUL Y ROSA | MI SEMANA EN OKDIARIO

Los presidentes españoles

  • Jaime Peñafiel
  • Periodista político y del corazón. Experto en noticias sobre la aristocracia y la familia real. Ex redactor jefe de la revista ¡Hola! y fundador del diario El Independendiente y La Revista. Escribo sobre la Casa Real.

La noticia del compañero Esteban Urreiztieta de que el íntimo amigo de José Luis Rodríguez Zapatero, el empresario Julio Martínez, ocultó casi un millón de dólares de origen desconocido en Miami, amén de los pagos que el susodicho Martínez dice haber realizado al ex presidente, me ha hecho reflexionar y escribir sobre los presidentes que hemos y tenemos en España a partir de la Transición.

Con tal motivo, me voy a permitir recordar a los lectores de esta columna, a los españoles que, desde Suárez hasta Sánchez, han estado, con mayor o menor suerte, con más honradez o ninguna, al frente de los sucesivos gobiernos, con una estructura de 24 carteras (una total barbaridad de gasto) a gabinetes mucho más reducidos, como ha ocurrido con el presidente Rajoy que tuvo 13 carteras.

Como recordaba la escritora López de Celis en su obra Las damas de la Moncloa (Espasa 2013) sobre las esposas de los seis primeros presidentes del Gobierno de España (Amparo, Pilar, Carmen, Ana, Sonsoles y Elvira) conocidas y recordadas como primeras damas, quienes, según la autora, no ostentan cargo alguno político ni título institucional, como la de sus maridos, sino un calificativo de carácter social.

La denominación actual fue adoptada en el siglo XX, siendo su antecedente histórico el presidente del Consejo de Ministros de España. A partir de la promulgación de la Constitución española de 1978, el presidente dirige la acción del Gobierno y coordina las funciones de los miembros del Gobierno, conocidos como ministros, siendo nombrados por él, tras obtener la confianza del Congresos de los Diputados mediante el proceso de investidura.

Y desde la instauración de la democracia siete han sido los sucesivos presidentes, no sólo en cuanto a ideologías sino también a personalidad. Por este orden cronológico y estancia en el cargo:

Adolfo Suárez, UCD, investido el 5 de julio de 1976, tras la confirmación real. Estuvo en el cargo 4 años, 7 meses y 26 días de febrero de 1981.

Leopoldo Calvo Sotelo, UCD, investido el 26 de febrero de 1981: 1 año, 9 meses y 4 días.

Felipe González, PSOE, investido por primera vez el 2 de diciembre de 1982: 13 años, 5 meses y 3 días.

José María Aznar, PP, investido por primera vez el 5 de mayo de 1996: 7 años, 11 meses y 12 días.

José Luis Rodríguez Zapatero, PSOE, investido por primera vez el 17 de abril de 2004: 7 años, 8 meses y 4 días.

Mariano Rajoy, PP, investido por primera vez el 21 de diciembre de 2011: 6 años, 5 meses y 12 días.

Pedro Sánchez, PSOE, investido por primera vez, mediante moción de censura, el 2 de junio de 2018: 7 años, 11 meses y 13 días (hasta ahora).

Mis excelentísimos señores: Adolfo Suárez

El matrimonio Suárez Illana fue el primero en habitar el Palacio de la Moncloa como vivienda familiar. «Un sábado del mes de julio de 1976, Adolfo Suárez se encontraba de Rodríguez en su casa de Martín de Porres. Le acompañaba exclusivamente su hija Míriam, que aún tenía exámenes pendientes. Sólo habían pasado dos días desde el cese de Arias Navarro y se hacían quinielas sobre los candidatos… Y esperó pacientemente hasta que se produjo la llamada del Rey: ‘Adolfo ¿vas a hacer algo esta tarde?’ -le preguntó don Juan Carlos. ‘No, nada en particular, señor’. ‘¿Por qué no te vienes y tomamos un café juntos?’. Suárez se dirigió al Palacio de Zarzuela conduciendo él mismo el Seat 127 de su esposa Amparo», recuerda mi estimada López de Celis, quien durante treinta y dos años formó parte de la Secretaría de cinco presidentes del Gobierno.

Así supo Adolfo Suárez que iba a ser nombrado para el cargo en el que estuvo al frente nada menos que cuatro años, 7 meses y 26 días, llegando a tener  ¡¡¡24 ministerios!!! para gestionar el despliegue del Estado autonómico y los Pactos de la Moncloa.

Leopoldo Calvo Sotelo

La andadura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno no pudo empezar de manera más accidentada: ¡¡¡el 23 F!!! «No quiero que vengas al Congreso (el día de su nombramiento) porque voy a estar muy tenso si estás allí. Pero no te preocupes. No pasará nada. La democracia se ha salvado».

Casi dos años estuvo Calvo Sotelo al frente del Gobierno, por lo que el síndrome de La Moncloa no le llegó a afectar debido al corto espacio de tiempo que ocupó su cargo.

A Leopoldo no sólo le hizo poca gracia vivir en Moncloa, sino que no le gustó jamás en el escaso tiempo que estuvo allí, ni tampoco ser presidente. «Nos quisimos quedar en nuestra casa. Pero me dijeron que era imposible. No llevamos a Moncloa ni un cenicero. Sólo algunos libros y fotografías familiares».

Calvo Sotelo, ingeniero de Caminos, fue un hombre de profundas convicciones religiosas y muy culto.

Felipe González

Fue el primer presidente socialista de la democracia, tras ser investido el 2 de diciembre de 1982, cuando tenía 40 años. Se trasladó dos días después al Palacio de La Moncloa junto a su esposa, Carmen, de 36 años, y sus hijos Pablo, de 10, David, de 8, y María, de 4.

Mi buena relación tanto con Felipe como con Carmen me permitió ser el periodista que realizó la primera entrevista y primer reportaje del matrimonio en su nuevo hogar institucional a los ocho días exactamente de aquella entrada en plena noche en el palacio presidencial.

Mi primera pregunta a Carmen que creo he relatado en alguna ocasión fue:

–¿Se sintieron cohibidos, abrumados al verse finalmente solos en el palacio?

–Un poco sí. Más que cohibidos, yo diría que abrumados. El espectáculo de los niños entrando de noche fue duro. Tal vez hubiera sido mejor hacerlo de día, que se ven las cosas más claras. Se trata de una verdad de perogrullo, pero es verdad. Veníamos de un piso normalito, el de Pez Volador, que tú conocías. Y de repente, nos vimos en aquellos grandes salones con sólo una maletita, como si fuéramos de fin de semana, mirando aquellos techos tan altos, muy distintos de nuestro modesto pisito. Y los grandes cuadros en las paredes. Una situación un poco especial. Los críos estaban muy nerviosos. Por nuestra parte, como personas mayores, teníamos más capacidad de racionalizar. El impacto que nos produjo aquella llegada a Moncloa era más razonable que en los niños.

Abusando de la confianza, sobre todo con Carmen, por la que siempre he sentido un cariño y una admiración muy especiales me atreví a hacerle una pregunta muy íntima.

–¿Cual fue la relación afectiva del matrimonio aquella noche tan especial?

Una sonrisa cómplice y nerviosa se produjo en la pareja. Antes de que Carmen respondiera, lo hizo Felipe.

–El hecho de estar en un lugar extraño, en un nuevo ambiente, yo creo que uno se aproxima mucho. Sucede cuando te encuentras en la habitación de un hotel a mucha distancia de donde normalmente vives. Claro que te sientes más unido a tu pareja, como yo me sentí con Carmen.

–¿A quien le costó mas conciliar el sueño?

–A mí siempre -contestó Felipe González-. No fue esa noche, sino siempre. Eso es habitual. En esto Carmen tiene una salud de hierro. Duerme más y mejor. Yo combato la falta de sueño leyendo.

–¿Que leyó esa noche?

–Como en aquella maletita no llegaron los libros, me dediqué a leer algunos informes que llevaba en la cartera. A la noche siguiente, la segunda en la que dormíamos en La Moncloa, leí el último capítulo de El Quijote.

–¿Por qué el último?

–Este capítulo tiene una enorme belleza. La recuperación de la cordura de don Quijote y las bromas con sus amigos de siempre… me parece tan impresionante y le da a uno una dimensión profunda, de distancia en el tiempo que es completamente necesaria para mantener el sosiego. Ese don Quijote que ve próxima la muerte y con ella la recuperación de la lucidez me parece una maravilla.

Me interesaba mucho saber por boca del propio presidente que sintió a nivel humano al encontrarse con su familia en la Moncloa.

–Debo decirte que es una sensación relativamente extraña. Por origen es difícil adaptarse a una casa que tiene un poco aire de palacio. Digo un poco porque, a veces, desde fuera, se puede tener una falsa imagen de que esto es un inmenso palacio, pero, sin duda alguna, entre lo que se supone esta casa con algunos salones recargados y el pisito en el que vivíamos en el barrio de La Estrella había una distancia considerable. Yo creo que los que más pronto se han adaptado, afortunadamente, han sido los niños, capaces de cambiar de vida con una enorme facilidad -contestaba Felipe en esa entrevista que le hice siendo él aún presidente del Gobierno-.

–¿Considera Moncloa un verdadero hogar?

–Podría llegar a serlo si se le da el toque humano y familiar de toda vivienda, de todo hogar. Pero no si faltan tus libros o el sillón en el que uno acostumbra a sentarse, o las fotografías o cuadros que tanto te acompañan… Aunque siempre habrá que mantener un equilibrio de respeto a lo que significa esta casa como sede de la Presidencia del Gobierno y la necesidad de crear un ambiente familiar y de hogar.

Aznar

El 5 de mayo de 1996, José María Aznar juraba como presidente del Gobierno en Zarzuela. Se trataba de un hombre reservado, puntual, meticuloso, paciente, sólido, equilibrado, trabajador, dialogante y… aburrido. A diferencia de su esposa Ana: habladora, perspicaz, desordenada, lista, efusiva, despierta, leal y tendente a hacer un poco lo que le diera la gana.

A propósito de sus ocho años en Moncloa, Ana reconoció que «teniendo a mi cargo más de cincuenta personas, siempre estoy mal atendida».

José María Aznar casó a su hija Ana con Alejandro Agag en septiembre de 2002. Según López de Celis, «hasta mucho tiempo después de la boda, los Aznar no valoraron las consecuencias negativas del derroche y boato de aquel evento con la presencia de los reyes, jefes de Estado y de Gobierno de varios países de Europa, que sin duda les pasó factura». «Tú que me conoces puedes imaginar lo mucho que me gustaría estar lejos de aquí, pero no puedo defraudar a mi mujer. Fue la boda que quiso Ana, y el presidente se dejó hacer».

José María Aznar era famoso por su hermetismo proverbial. Pocas veces compartía con sus ministros la información que recibió de otros presidentes de gobierno extranjeros. Siempre se situaba en un nivel superior. Los que trabajaron con él, tenían muy claro que siendo sordos era posible evitar el difícil carácter del señor presidente.

Zapatero

Las primeras vacaciones de la familia Zapatero tuvieron lugar en el verano de 2004, en una finca de Santa Bárbara, cerca de Mahón. Desde ese día la prensa supo la prohibición de fotografiar a la familia. Y para defenderse del lógico interés periodístico por el presidente y su familia, nada mejor que elegir La Mareta, la famosa finca de la Casa Real en Lanzarote que la habilitaron especialmente para ellos. Muy crítica la primera dama Sonsoles y las costosas reformas a cargo de los Presupuestos del Estado para ampliar la piscina, haciendo cambios incluso en la escalinata que había proyectado César Manrique, los jardines y varias de las estancias del lujoso complejo.

Dicen que Zapatero fue un «presidente diferente» a quien la gente no le demostraba gran afecto, cosa que a él no le importaba. Pero eso sí, se empeñó en demostrar, un día sí y otro también, que él era quien mandaba. Sonsoles, la primera dama, no deseó nunca vivir en Madrid. Pero, con el tiempo, se demostró que lo que no querían ni han querido ha sido distanciarse de aquí. La aparición de unas imágenes, tomadas en la Casa Blanca, durante el viaje oficial de Zapatero a Estados Unidos, donde se les veía junto a sus dos hijas con los Obama, fue motivo de mucha controversia, sobre todo debido a su vestimenta.

Mariano Rajoy

El quinto presidente del Gobierno de la democracia, de 71 años, entre 2011 y 2018, es un registrador de la Propiedad, miembro relevante del Partido Popular casado con Elvira Fernández Balboa, mujer discreta donde las haya, y padre de dos hijos, Mariano y Juan.

En su biografía figurará siempre el juicio del caso Kitchen, el que se vio obligado a declarar como testigo a petición de Luis Bárcenas, aunque él negó todas las acusaciones de la existencia de una «operación política» para robar información sensible al ex tesorero, durante su mandato. Rajoy argumentó que ni el ministro del Interior en 2013, Jorge Fernández Díaz, ni el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, ambos acusados en el juicio, ni él mismo «estaban en las operaciones policiales».

A Mariano Rajoy le llamaba Villarejo El Asturiano y El Barbas. Mide 1,90, una estatura que junto a su figura delgada y su característico caminar pausado se dedica, después de abandonar la política, a ejercer como registrador de la Propiedad, una de las profesiones más lucrativas económicamente hablando. El tiempo ha demostrado, al menos bajo mi criterio, que fue un buen presidente. Viviendo en el mismo lugar de siempre, veraneando también en el mismo lugar y rodeado de la misma gente.

Y… Pedro Sánchez

…Sin comentarios. Dejo a nuestros lectores todos los calificativos y descalificativos que quieran. Siempre se quedarán cortos. Yo reservo los míos para mejor ocasión, cuando un día decida dimitir. Pienso que por mi edad, desgraciadamente, no lo veré.

 Chsss…

Lleva razón Alberto García Reyes cuando dice que la expresión de «accidente laboral» será la esquela política de María Jesús Montero.

Nunca entenderé cómo el Gobierno prohíbe a la Guardia Civil disparar contra los asesinos narcotraficantes sólo con «pistolas de agua».

La pobre y vulgar casa de Aleixandre vuelve a ser noticia una vez más, después de décadas de desacuerdos para ser declarada de interés cultural, cuando, como edificio, carece del menor atractivo arquitectónico para ser tremendamente vulgar.

¡Qué cosas más ridículas! Camila, la esposa del rey Carlos III sugirió a la esposa del Príncipe de Gales,  Catherina Middlenton, que escribiera su nombre con K, ya que había demasiadas iniciales con C en la Casa Real.

¿Sabe el lector que la tiara lucida recientemente por Letizia fue un regalo de Franco a Doña Sofía con motivo de su boda con Juan Carlos?

Georgina Rodríguez, la polémica prometida de Ronaldo, ha lucido en la gala Met de Nueva York un estilismo inspirado en la Virgen de Fátima, valorado en 7 millones de dólares, y un anillo de compromiso de 6 millones. ¡Desfachatez no le falta a la criatura!

El ministro de finanzas de Sudáfrica causó sensación en el Parlamento cuando uno de los asistentes le gritó que se subiera la bragueta porque «la tenía colgando» y todos los diputados se la estaban viendo. ¡Tierra trágame!