Sánchez pasa a la historia uncido al tren (del bochorno)
El Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha decidido pedir responsabilidades al Gobierno español y plantearse si financia la operación. Por esos lares no se andan con paqueiradas. En efecto, el episodio de los trenes non nasciturus de Cantabria y Asturias –más de 200 millones de euros tirados a las vías- son las que definen a un Gobierno. ¿Se imaginan si lo acaecido con la «gran cagada» –en expresión fina del singular Revilla- hubiera ocurrido estando al frente del Ministerio de Transportes/Fomento Rafael Arias Salgado o Ana Pastor?
Estoy convencido de que hubiera sido portada en la prensa de izquierdas, en los telediarios de TVE, La Sexta y hasta de la BBC durante semanas enteras. Aquí y ahora el tema, para enmarcar en el más propio de celtiberia show que de un análisis que se precie. La «cagada» es de tal dimensión que lo mejor es acudir al clásico descojono hispano y pasar página. Antes que nada subrayar que los dos máximos responsables, la ministra de Transportes, Raquel Sánchez, y el presidente de Renfe, Isaías Táboas –ambos militantes del Partido Socialista de Cataluña (PSC)- se han quitado de en medio tratando de meter el asunto en un negro túnel de escasas proporciones. ¡No tienen vergüenza!
Se ha sabido que desde hace año y medio conocían que las mediciones estaban mal realizadas y pasaron de largo sobre las advertencias de los que saben. Ahora, tras incompetentes, cobardes. Han sajado dos cabezas de técnicos que pasaban por ahí. Y a seguir presumiendo.
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