Opinión

P. S., ¿eres tonto o te lo haces?

«Nunca avalé, nunca tuve información ni conocimiento de las andanzas de Leire Díez, es algo que nunca hubiera tolerado», saltó a la palestra nada más conocerse el sumario de las cloacas del Partido Socialista un Pedro Sánchez que últimamente sólo hablaba en público de los libros que no lee, de la música que le escuchan otros y de los festivales de música alternativa a los que acude en ese Falcon que le pagamos con la multiplicidad de impuestos (97) que nos ha disparado en sus ocho años en Moncloa.

No contento con esta parrafada que ni Judas se hubiera atrevido a soltar por aquello de la vergüenza torera, el marido de la tetraprocesada Begoña Gómez coló desde Montenegro una puntualización que provocó carcajadas escuchadas hasta en Australia:

—De hecho, siempre he sido muy claro en esto, yo no hago ni he hecho lo que otros sí me hicieron a mí—.

Más allá de que a él jamás lo espió nadie, enésimo embuste, lo que nos vino a contar el gánster que preside el Gobierno de España es lo mismo que con Koldo, Ábalos y Santos Cerdán. Que no se enteraba de nada. Del primero juró y perjuró que era un sujeto «anecdótico» para él, al segundo lo tildó de «personaje desconocido en el terreno personal» y sobre Santos Cerdán manifestó sin ruborizarse que «no conocía absolutamente nada» de sus corruptelas.

Como quiera que se coge antes a un Sánchez Pérez-Castejón (Pedro o David) que a un cojo, en la comparecencia sobre el caso Cerdán incurrió en una contradicción nivel dios al admitir que «existían rumores pero no indicios contra él». Lo cual debería haberle conducido a quitarlo de en medio por si las moscas, por aquello de que cuando el río suena normalmente lleva agua y no coca-cola o whisky.

Cómo serían de desvergonzadas las cosas que el propio Cerdán leía las pesquisas de la Guardia Civil a escasos cuatro metros del presidente

Que nuestro protagonista estaba en el ajo por acción u omisión lo certifica la irrefutable evidencia de que mantuvo al entonces secretario de Organización en su puesto en las cuatro semanas que transcurrieron entre la publicación en OKDIARIO de una noticia de elocuente título, «Koldo grabó a Cerdán, número 3 del PSOE, hablando de comisiones», y el informe de la UCO. Cómo serían de desvergonzadas las cosas que el día que la Guardia Civil hizo públicas sus pesquisas, el presunto delincuente navarro de Milagro las leía como si tal cosa a escasos cuatro metros del presidente del Gobierno. Hasta entonces practicaban la táctica del paciente que agarra las partes pudendas del dentista: «¿A que no nos vamos a hacer daño?».

Que Pedro Sánchez es el campeón del mundo de las trolas en versión res publica es harto conocido. Al punto que estoy convencido de que, si Dios no lo quiera, le sobreviniera una enfermedad jodida, la espicharía al poco tiempo porque también mentiría a un médico que le habría recetado lo contrario de lo que su organismo requería. Pero nunca sospeché que fuera tan lejos en este repugnante modus operandi.

Que estaba al tanto de todas las fechorías de la cloaca lo colegiría hasta su hermano, David Sánchez, que no es precisamente el más listo de la clase sino una versión pija madrileta de Forrest Gump. Para empezar, porque la reunión fundacional se celebró el viernes 26 de abril de 2024, en pleno periodo de reflexión de ese hombre enamorado de la hija de un proxeneta que es nuestro todavía primer ministro. Y, para terminar, porque los que montaron esta cosa nostra en versión torrentiana fueron el a la sazón secretario de Organización, Santos Cerdán, es decir, su mano derecha, y su amigo del alma y antiguo jefe de gabinete, Juanma Serrano. Leire y cía jugaban el rol de machacas, simple y llanamente ejecutaban las órdenes del One y sus dos consiglieri.

¿Me puede alguien explicar cómo es posible que en la primera cita cloaquera estuviera presente el número 2 de su gabinete monclovita, Antonio Hernando, y él continuara viviendo en Babia? Más interrogantes: ¿cómo se come el hecho de que cuando saltaron a la luz los trapicheos de esta banda criminal —lo de organización supondría un elogio para estos zarrapastrosos del delito— no los hubiera mandado a esparragar para evitar males mayores?

Si se cumpliera la infinitesimal posibilidad de que actuaron a sus espaldas, ¿por qué a estas alturas el secretario general del PSOE no ha dado la orden de querellarse contra Leire y cía por actuar en nombre del partido sin autorización? La respuesta es tan perogrullesca que me la ahorraré por aquello de que no piensen de que me estoy mofando de ustedes. Yo me entero que alguien delinque en mi nombre y me voy al juzgado de guardia o a la comisaría más cercana batiendo el récord de los 100 metros lisos de Usain Bolt.

Si se hace el tonto para ocultar el gánster que se esconde tras esa sonrisa profidén, tendría que irse a Soto del Real por reírse de 48 millones de españoles

Para llegar a la conclusión de que es menester llamar como testigo a Pedro Sánchez sería más que suficiente con poner encima de la mesa estas obviedades. Por mucho menos se obligó a comparecer a su antecesor en Gürtel. Sucede, además, que se da la no muy baladí circunstancia de que en el sumario del escándalo aparecen no una, cinco o diez sino ¡¡¡sesenta referencias!!! al actual presidente del Gobierno y no menos de 20 en las agendas de Leire con ese «P. S.» que pasará a la historia por los mismos incriminatorios motivos que el «M. Rajoy» de las agendas de Luis Bárcenas. O se le cita como testigo o se eleva una exposición razonada al Supremo para que se le impute ya, no cabe otra so pena de incurrir en una prevaricación de libro.

Alberto Núñez Feijóo, que es diez veces mejor orador de lo que el lugar común ha instalado en el imaginario colectivo, estuvo cumbre el miércoles en la sesión de control con veinte palabras que lo resumen todo: «Señor P. S., si lo sabía todo tendrá que dimitir por corrupción y, si no, tendrá que irse por incompetente». El arriba firmante lo tiene igualmente claro aunque no será tan educado como el próximo presidente del Gobierno: o Pedro Sánchez es igual de tonto que ese hermano que se autocondenó al no prepararse sus declaraciones judiciales o se hace el tonto. Si es un retrasul, hay que incapacitarlo, la cuarta economía de la zona euro no se puede permitir el lujo de tener a un lerdo al mando. Y si se hace el tonto para ocultar el gánster que se esconde tras esa sonrisa profidén, tendría que irse a Soto del Real o a su casa por quinqui y por reírse de los 48 millones de españoles. No hay otra. Los españoles no nos merecemos un presidente que delinque y encima insulta a nuestra inteligencia.