Inane Rajoy: sostenella y no escribirla
Fue arrojado por la ventana del Congreso con deshonor, y lejos de plantar cara como hacen los buenos capitanes, se acercó hasta el Arhay donde se puso ciego de whisky. Mariano en estado puro. De aquellos polvos vinieron los actuales lodos.
Han pasado tres años largos de aquello y por ahí anda el registrador Rajoy, apareciendo cada vez que tiene manuscrito, asunto al que ha cogido afición, con los mismos modos y comportamientos de siempre.
No hace falta perder el tiempo leyendo el nuevo libro de Rajoy. De antemano sabemos lo que piensa acerca de casi todo. Un libro firmado por el ex presidente del Gobierno resultaría interesante si tuviera valentía para hablar en primera persona, dirigiéndose a gente conocida con sus nombres y apellidos. No lo hará. Ha tenido dos ocasiones de pasar las facturas pendientes a los que le mandaron al averno y no lo ha hecho.
Mariano es un tipo inteligente, divertido a veces, cobardón y diletante. Con las condiciones de serenidad y aplomo exigidas a un primer ministro y con defectos que le hicieron imposible transitar por las aulas del poder en un país tan cainita como España. Luces y sombras. Desde luego, con tanto miedo, prevención, no crearse “líos”, al final llegó al averno resultando el primer presidente destituido con deshonor por el Congreso de los Diputados. Este es Mariano, el escribano. Sigue en las mismas. Sin fiarse casi de nadie, exhibiendo formas tancrediles, a resultas del enorme conservador que lleva dentro. Aznar lo eligió para que administrara la bonanza y, al final, resultó que tuvo que encarar a diversos leviatanes juntos, asuntos para los que nunca estuvo capacitado.
Los libros de Rajoy son la fotocopia perfecta de su psique, de su alma y de su comportamiento. Reservones, cobardicas y perfectamente prescindibles.
Mariano, gallego inmarcesible, cuando se desenvaina es para matar. Algo elemental, señor registrador con manguitos, que usted ha sufrido en sus propias carnes.
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