Opinión

El Gobierno trampeó los plazos para facilitar la nacionalidad a ‘los nietos del exilio’

Para agilizar al máximo la concesión de la nacionalidad a los descendientes, ya no del exilio, sino de todos aquellos que abandonaron España incluso en el siglo XIX, los consulados admitieron expedientes incompletos de solicitud de la nacionalidad española por la conocida como Ley de Nietos. La consigna era ampliar a toda costa el número de descendientes acogidos al procedimiento, para que durante el proceso pudieran ir recabando la documentación.

El consulado general de España en Caracas lo dejó claro en agosto de 2025, dos meses antes de que expirase el plazo para solicitar la nacionalidad: «Dado que la Ley de Memoria Democrática va a finalizar su vigencia, se permitirá presentar casos incompletos y sólo se requerirá la subsanación cuando sean examinados -plazo aproximado de 18 meses-, dando tiempo así a reunir la documentación».

O sea, el consulado te citaba para presentar la documentación, te presentabas en la legación diplomática sin los papeles requeridos y los funcionarios los iban tramitando al compás marcado por el solicitante. No se pueden dar más facilidades. De ese modo, muchos de los descendientes que no habrían tenido tiempo material de lograr la nacionalidad se encontraron con una prórroga de año y medio. El objetivo, en suma, era cuantos más, mejor, aunque los consulados tuvieran después que hacer lo que se llama «un trabajo adicional de subsanación».

Según los últimos datos actualizados, 2,6 millones de personas han solicitado la nacionalidad y ya se han resuelto favorablemente 557.709 expedientes. La fábrica de nuevos españoles del Gobierno funciona a pleno rendimiento y, cuando Pedro Sánchez tenga a bien convocar elecciones, podría rozarse el millón de nietos del exilio con derecho a voto. Lo que supone una alteración sustancial del censo electoral en beneficio del PSOE, que por eso, no nos engañemos, se está dando tanta prisa. Un pucherazo en forma de fraude electoral que empezó cociéndose a fuego lento y ahora se sirve en plato frío.