Estado de guerra, híbrida, con Marruecos
La entrada masiva de 80.000 invasores en la ciudad española de Ceuta el pasado julio, representa una escalada cualitativa y cuantitativa respecto a la crisis de 2021. Un flujo de personas que saturó en menos de 12 horas todos los sistemas de seguridad, acogida y servicios públicos de salud, generando un colapso operativo sin precedentes.
El ex Comisario europeo Thierry Breton afirmó que «Ceuta no es una crisis migratoria. Es una operación” y que “cumple todos los requisitos de un ataque híbrido” pidiendo a Bruselas investigar su origen, mediante la normativa de servicios digitales. Tal es la magnitud de lo ocurrido, que la Audiencia Nacional está ya investigando la entrada masiva de invasores en Ceuta como un acto de «guerra híbrida». Los documentos desclasificados prueban que el CNI avisó al Gobierno, a la Policía, a la Guardia Civil y a la Inteligencia de Marruecos.
El episodio cumple de manera más nítida y ambiciosa las mismas características identificadas en la invasión sufrida en el año 2021, es decir, la multidimensionalidad, la ambigüedad deliberada, la explotación de vulnerabilidades, la coerción migratoria y la orientación a objetivos políticos y territoriales, todo ello enmarcado en una alta interdependencia geoeconómica entre dos países vecinos y presuntamente aliados, como lo son España y Marruecos.
La OTAN prefiere hablar de amenazas híbridas para referirse a una serie de acciones específicas, y de resiliencia para describir la capacidad de resistirlas. El debate semántico importa porque de él depende qué mecanismos de respuesta se activan y quién tiene autoridad para activarlos.
El teórico militar ruso Valery Gerasimov publicó en el año 2013 un artículo, resumen de un libro de dos coroneles chinos titulado The unrestricted warfare. En Occidente se conoce como la Doctrina Gerasimov y describe cómo las fronteras entre la guerra y paz se han difuminado y los métodos no militares para lograr objetivos políticos y estratégicos han superado en eficacia a los militares. La anexión de Crimea en el año 2014, con soldados rusos sin parches identificativos tomando un territorio, fue el primer gran ejemplo práctico de la doctrina Gerasimov.
La zona gris, por su parte, designa el espacio intermedio entre la paz y la guerra declarada. Se trata de un ámbito de competición en el que un actor emplea acciones coercitivas, ambiguas y a menudo encubiertas para modificar el statu quo a su favor, sin cruzar el umbral que activaría una respuesta militar convencional. La principal diferencia conceptual reside en el nivel de análisis, la guerra híbrida describe un modo de actuación, mientras que la zona gris describe un espacio estratégico.
En la práctica, ambos conceptos se solapan con frecuencia. Un Estado puede ejecutar una campaña híbrida, mezcla de migración coercitiva, presión económica y desinformación, exactamente para permanecer en la zona gris, evitando así las consecuencias de un conflicto abierto. Volvamos a Ceuta.
La primera característica a analizar, es la instrumentalización de la migración como una evidente arma de coerción.
Los informes del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía Nacional y otras fuentes de inteligencia atribuyen a las fuerzas de seguridad marroquíes una gestión favorecedora activa del proceso. Se constata el uso de camiones transportando personas, la pasividad de la gendarmería y la facilitación del acceso en la playa de Fnideq y Castillejos. Una táctica deliberada de utilización de “misiles humanos” como una forma de proyección de fuerza no letal, para desbordar la capacidad de respuesta del adversario sin cruzar el umbral de la agresión armada.
La magnitud, casi diez veces superior a la de 2021, multiplica el impacto, generando unos elevados costes económicos inmediatos por el despliegue de efectivos, la atención humanitaria, la disrupción de la actividad comercial local, así como una creciente y merecida presión política sobre el Gobierno español.
La ambigüedad y la no atribución formal se mantienen como los rasgos centrales de la zona gris. Aunque las evidencias gráficas y los informes de la inteligencia apuntan a la connivencia marroquí, Rabat no asume abiertamente la autoría. Esta opacidad impide una respuesta jurídica o militar contundente y mantiene la operación por debajo del casus belli.
El mismo día en que comenzó el asalto a la ciudad española de Ceuta, a primera hora de la mañana, el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS) emitió un informe en el que ya se señalaba la «negligencia o pasividad» de las fuerzas militares de Marruecos para controlar los primeros flujos de inmigrantes ilegales que se dirigían a la ciudad autónoma. De hecho, incluso apuntaban a un descontento entre las élites políticas marroquíes, con la visita del presidente Sánchez, a Argelia. Se anticipaba que «es probable que se generen incidentes de seguridad pública» que obligarían a desplegar el Ejército.
Al mismo tiempo, se combina con elementos desinformativos como propaganda y desinformación que pretenden reforzar la falsa narrativa de la ciudad española de Ceuta por decisión propia desde 1640, como un “territorio ocupado”, buscando amplificar el efecto político.
Desde una perspectiva geoeconómica, el episodio se inserta en una relación de interdependencia asimétrica. España sigue siendo el socio comercial prioritario de Marruecos dado el comercio bilateral, las inversiones, los fondos europeos de cooperación migratoria y de desarrollo.
El comercio entre España y Marruecos alcanza cifras cercanas a los 23.000 millones de euros anuales, con España como principal socio comercial de Marruecos con exportaciones españolas superiores a los 12.000 millones de euros. Sectores como la automoción, el textil y los componentes industriales están integrados. La crisis genera incertidumbre para más de 6.000 empresas españolas que exportan regularmente, afecta a las perspectivas de inversión y a proyectos conjuntos, Mundial 2030, manteniendo bloqueadas las aduanas comerciales de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla.
Marruecos, relativamente más dependiente del mercado español, que absorbe el 22 % de sus exportaciones, asume también costes, pero su capacidad de instrumentalizar la migración le permite imponer unos daños selectivos sobre el enclave español sin provocar una ruptura total del comercio, que seguiría siendo mutuamente costosa.
Marruecos debería controlar el flujo migratorio de la frontera sur de la Unión europea. Esa capacidad es un activo de su poder geoeconómico, dado que cuando no lo hace, genera unos costes desproporcionados para España. La explotación de las vulnerabilidades estructurales es más aguda. La ciudad española de Ceuta es un enclave de una pequeña dimensión, demográficamente limitado y dependiente de los suministros peninsulares.
La llegada masiva de los invasores ha generado una creciente tensión social, una sobrecarga de los servicios básicos y un efecto de “ocupación de hecho” temporal de nuestro territorio que está erosionando nuestra soberanía nacional.
Esta dinámica se asemeja a operaciones híbridas exitosas, situándola incluso como una de las más efectivas en Europa tras los precedentes rusos del año 2014 en Crimea. La operación no busca una conquista militar inmediata, imposible por la superioridad española, el respaldo de la UE y la pertenencia a la OTAN, sino condicionar la futura agenda política española, mantener viva la reivindicación territorial y extraer concesiones futuras en el tablero geoeconómico y diplomático.
La coordinación multidimensional incluye elementos de inteligencia, el control territorial y una evidente infiltración de actores estatales y no estatales.
La respuesta española, consistente en un despliegue policial y militar, se ve forzada a operar en un espacio legalmente y políticamente complejo, donde el uso de la fuerza contra civiles indocumentados, en muchos casos agresivos con las propias fuerzas españolas, puede generar unos elevados costes reputacionales.
Geoeconómicamente, Marruecos maximiza su posición de “portero migratorio” y pretende obtener rentas de la cooperación europea mientras retiene la capacidad de imponer los costes asimétricos, algo que previsiblemente hará tras aceptar el retorno de la población marroquí asaltante, una vez se celebren las próximas elecciones legislativas de Marruecos. España se enfrenta ante el dilema de preservar la estabilidad económica y migratoria sin legitimar la coerción ni ceder su soberanía.
En conjunto, la invasión de finales de julio de 2026 cumple y amplifica las características de una guerra híbrida en zona gris. Desde la geoeconomía bilateral, confirma que el control de los flujos de personas funciona como potente herramienta de poder en una relación marcada por la asimetría migratoria y una amplia interdependencia comercial.
El episodio no es un accidente fronterizo, sino una demostración calculada de una capacidad de desestabilización de una parte del gobierno de Marruecos que obliga a España y a la Unión Europea a gestionar unos cuantiosos costes, cientos de millones de euros, mientras Marruecos pretende avanzar su posición relativa en el Magreb y en la relación con Europa.
En resumen, hemos visto que la guerra híbrida combina los medios convencionales con los no convencionales, tales como los ciberataques, la desinformación, el sabotaje, la presión económica o demográfica, las operaciones de influencia y las acciones militares irregulares para desestabilizar a un adversario sin cruzar el umbral de un conflicto armado abierto.
Para combatirla con eficacia, siguiendo la formación recibida durante el Curso de defensa nacional del CESEDEN, y de acuerdo con la doctrina de la OTAN, adoptada y refinada desde el año 2015 y reforzada en las cumbres de Varsovia (2016), Madrid (2022) y posteriores, se exige abordar la crisis con un enfoque integral que integre a partir de estos momentos las más potentes herramientas militares, diplomáticas, económicas e informativas bajo el principio de “todo el gobierno y toda la sociedad”.
El pilar fundamental es la preparación y la resiliencia. La preparación implica el fortalecimiento de la protección de las infraestructuras críticas como energía, los cables submarinos y los sistemas digitales mediante la cooperación público y privada, participación en ejercicios multinacionales y un aumento de la conciencia ciudadana frente a la desinformación.
Por su parte, la resiliencia actúa como “disuasión por negación”, ya que reduce el beneficio que el agresor espera obtener.
El segundo pilar es la disuasión. Desde el año 2016, la OTAN ha declarado que las acciones híbridas pueden activar el Artículo 5 del Tratado de Washington si alcanzan el nivel de un ataque armado. Se desarrollan opciones preventivas y de respuesta que combinan instrumentos civiles y militares como la expulsión de diplomáticos, las sanciones económicas, las operaciones cibernéticas defensivas y ofensivas, y el despliegue de fuerzas armadas adicionales para que las futuras respuestas sean predecibles y proporcionales, evitando tanto la pasividad como la escalada innecesaria. La disuasión se basa en las “3C”, capacidad, credibilidad y comunicación clara de las líneas rojas.
El tercer pilar es la respuesta y Defensa. Ante un ataque hibrido confirmado se despliegan equipos de apoyo anti híbrido de la OTAN, se activan los protocolos de respuesta rápida en el ciberespacio y se coordina con la Unión Europea las medidas diplomáticas y económicas. En este sentido hay que destacar las declaraciones del embajador de los EEUU ante la OTAN, que afirmó que la alianza no tolerará acciones de guerra hibrida contra sus miembros, es verdad que lo ha hecho en referencia al incidente con el dron supuestamente ruso en Leipzig y otros episodios similares en Polonia.
La atribución pública de la responsabilidad del ataque es clave, la ambigüedad practicada por el gobierno español hasta la fecha, beneficia al agresor Marruecos, mientras que la transparencia aumentará el coste político de nuestro vecino.
Se combina la defensa activa, ciberdefensa, vigilancia de las fronteras y operaciones de inteligencia con acciones ofensivas limitadas que elevan el precio de la agresión sin provocar una guerra convencional. En el ámbito diplomático, la doctrina enfatiza la cooperación multilateral. La comunicación estratégica contrarresta la narrativa adversaria con hechos, no con una propaganda simétrica.
En síntesis, combatir la zona gris requiere pasar de la postura reactiva actual a una de “disuasión activa”, detección temprana, atribución de las responsabilidades y costes a Marruecos, respuesta coordinada y proporcional, y fortalecimiento de la sociedad para que este tipo de acciones agresoras de Marruecos resulten en el futuro muy costosas e ineficaces. Solo así se preservará la seguridad colectiva de nuestra nación, por debajo del umbral de la guerra abierta.
Bellum hybridum, bellum praecipit
José Luis Moreno, economista, profesor de la UFV. Autor de Geoeconomía Estratégica con editorial ESIC.
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