La izquierda como problema y la vivienda como excusa
¿De verdad que nos vamos a tragar otra vez el mismo cuento? Quince años después del 15-M, la misma izquierda radical, sectaria y comunistoide (lo que equivale a antidemocrática) necesita reinventarse una vez más, y busca la causa propiciatoria con la que montar el correspondiente aquelarre.
Ya llevaban más de un año en busca de la bandera más adecuada, pero las que han ido encontrando (Palestina, Marruecos y el Sáhara o el gasto en defensa) se han ido desmontando, o porque Pedro Sánchez se las birlaba o porque ellos no se atrevían a verle el órdago y empezar a dormir a la intemperie. ¡Cuándo todavía quedaba tanto tiempo de mamandurria!
Ahora ya parece que no tienen más remedio. Con el nuevo ciclo electoral a unos meses vista, y con las expectativas de voto agregado de Sumar y Podemos en menos de dos dígitos, ya no se podía esperar más; había que empezar a soltar bombazos e, incluso, amenazar con la deflagración nuclear.
El tema de la pobre Maricarmen no resultaría, en principio, tan propiciatorio, porque en realidad no refleja el problema de la vivienda, sino el de un comportamiento desidioso e irresponsable de alguien que, más que defender un derecho, estaba estirando y abusando de un privilegio.
Pero la cuestión es que, aunque bien trabajado vaya a dar mucho juego, sepamos diferenciar las cosas: no es sólo que hayan aprovechado lo de Maricarmen, es que han refabricado lo de Maricarmen. Dicho de otra forma, no estamos ante el problema de Maricarmen (y ni siquiera de la vivienda), sino ante el problema de la izquierda. ¡Maricarmen y la vivienda son una mera excusa!
Obviamente, todos ellos, radicales de Podemos, de Sumar y de los grupúsculos independentistas, culpan, tanto del desahucio del barrio de Retiro como del polifacético problema de la vivienda, a la derecha, a las grandes empresas y a los fondos buitres, a las constructoras y a las aseguradoras, a los rentistas y a los pequeños tenedores, e incluso a los simples propietarios de una segunda vivienda; pero también se ven empujados a culpar al Gobierno progresista, en la incongruencia de que, o bien ellos forman parte de ese Gobierno, o son los que permitieron que se formara hace ocho años y los que todavía lo sostienen.
Ese es el escenario que tienen y que les obliga a moverse entre el cinismo más descarado de los vecinos de La Navata, que ya fueron ministros, y la ridícula y chillona esquizofrenia de la vice Yolanda, que, como le explicaba el hilarante don Eusebio de Gomaespuma al reportero Carmelo Cotón, ¡va a protestar contra sí misma!
Pero ahora el tema ya no va sólo de buscar el mejor momento y la mejor excusa para refundarse y, tal como hacía la Guardia Civil de `Amanece, que no es poco´, volverse a elegir ellos mismos con otro nombre. La tremenda crisis de la vivienda no es el fuego de artificio de Maricarmen, que, por cierto, ha apagado el alcalde de Madrid con un medido oportunismo, sino que es un drama que les interpela como lo que verdaderamente son: los miembros comunistas y los sostenedores populistas del cacareado gobierno progresista, feminista y ecologista.
Así que en este momento la izquierda, y en concreto la izquierda radical, no ha podido limitarse a mirar hacia arriba para protestar, porque resulta que por encima de ellos no hay nadie. Su lenguaje revolucionario no les daba para aplacar a todos esos que ellos mismos han sacado a la calle y no bastaba con decir, como en la parábola del evangelio de San Mateo del pasado domingo, que se va a ir a trabajar a la viña si luego no se va.
El problema es que no se puede soplar y sorber al mismo tiempo. Los decretos aprobados en el Consejo de Ministros improvisan cambios que, con la excepción de un par de beneficios fiscales, son medidas contraproducentes y que, como mucho, sólo van a mejorar las condiciones de los inquilinos de arrendamientos ya existentes y, en ningún caso, incentivarán la aparición de una mayor oferta de viviendas en alquiler, que se resentirá en muy corto plazo.
Aun así, es muy posible que sean lo suficientemente intervencionistas como para que no puedan ratificarse el próximo viernes en el Congreso y, a la vez, que lo sean insuficientemente para aplacar a los más radicales y volver a meter en el tubo la pasta de dientes que la izquierda ha sacado con la excusa de Maricarmen.
A ese respecto, no hay ninguna duda de que Sánchez va a intentar instrumentalizar las protestas como trampantojo de la corrupción y de la crisis de Ceuta, y aprovechar el asentamiento de la Puerta del Sol para zaherir a Ayuso; pero que no olvide que seis meses después del 15-M llegó la mayoría absoluta de Rajoy.