El Rey es la Constitución, la Constitución es la democracia
La llamada del Rey al presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, expresándole que le hubiera gustado estar en Barcelona para asistir al acto de entrega de despachos a los nuevos jueces, evidencia con toda crudeza el malestar del jefe del Estado por el veto del Gobierno socialcomunista a su presencia en la Ciudad Condal. El Rey está molesto y quiere hacer público su malestar a través del presidente del Supremo, que jamás -por una cuestión evidente de discreción- habría trasladado la queja de Felipe VI.
Estamos ante una crisis institucional sin precedentes y de una gravedad superlativa: el Ejecutivo ha confinado al Rey y limitado su margen de maniobra a unos niveles incompatibles con lo que demanda su función constitucional. Dicho de otro modo: el socialcomunismo ha maniatado a la Corona y reducido a la mínima expresión la función de arbitraje y moderación institucional que la Carta Magna otorga a Felipe VI. En estas circunstancias, el anuncio del Rey expresando el deseo de estar donde no le ha dejado estar el Gobierno, representa un gesto inequívoco de reproche al Ejecutivo, cuyo primer objetivo -no nos engañemos- es doblegar al jefe del Estado para avanzar progresivamente en su proyecto de demolición institucional de la Monarquía parlamentaria.
Las palabras del ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, asegurando que «se han pasado tres montañas» quienes gritaron ¡Viva al Rey! en el acto celebrado en Barcelona, no es una anécdota, sino la constatación gravísima de que al Ejecutivo los vítores al jefe del Estado en un acto oficial le parecen un exceso en lugar de la expresión natural de respeto a quien es el símbolo de la unidad y permanencia de la nación española. Asimismo, las declaraciones del comunista ministro de Consumo, Alberto Garzón, en las que acusó al Rey de «maniobrar contra el Gobierno» e «incumplir la Constitucion» representan, además de una ignominia, un desafío en toda regla del Ejecutivo socialcomunista a quien encarna la más alta representación del Estado.
En su intento de perpetuarse en el poder con el apoyo de los enemigos de España -el comunismo populista de Podemos, los golpistas catalanes y los herederos políticos de una banda terrorista-, Pedro Sánchez ha llegado tan lejos que la continuidad de la democracia está en peligro. Porque si el Rey cae -y están en eso-, cae el régimen del 78. Así de claro y así de duro.
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