Opinión

Por casos como este, el Supremo ha suspendido la Ley de Nietos

Rabian el Gobierno y sus terminales mediáticas por la decisión del Tribunal Supremo de suspender la aplicación de la denominada ley de Nietos, al constatar que los trámites que se están siguiendo para la nacionalización se apartan —y de qué manera— de la norma contenida en la ley de Memoria Democrática. Cómo será la cosa que el alto tribunal entiende que la alteración acelerada y tramposa del censo electoral pone en peligro el resultado de las elecciones. OKDIARIO viene publicando desde hace muchos meses ejemplos de las trampas. Lo que empezó siendo una norma destinada a nacionalizar a los nietos de quienes se exiliaron durante la Guerra Civil terminó por convertirse en un todo vale en el que se han colado hasta los descendientes de aquellos que abandonaron España en el siglo XIX. La consigna era no poner trabas a nadie, aunque no pudieran demostrar documentalmente nada. Cómo será la cosa que hace unos días desvelamos que en Argentina había descendientes que lograron la nacionalización sin aportar siquiera la partida de bautismo de sus antepasados. Bastaba con decir que se habían perdido durante la quema de iglesias en la Guerra Civil. En suma, un desmadre.

Hoy OKDIARIO ofrece el testimonio de otra argentina que, con el pasaporte en la mano, reconoce que «No piden papeles del exilio por razones políticas, eso es imposible». Diana, que así se llama, relata a este periódico que sus abuelos emigraron siendo menores de edad a comienzos del siglo XX, bastante antes del estallido de la Guerra Civil. Sin embargo, ella y su hijo son ciudadanos españoles gracias a la disposición adicional octava, la vía de acceso a la nacionalidad creada por la Ley de Memoria. Son dos casos que avalan lo manifestado por OKDIARIO y ratificado por el Supremo: hecha la ley, hecha la trampa. Por casos como estos, el Tribunal Supremo ha decidido suspender la aplicación de la norma.