Opinión

Basta que un inmigrante se declare víctima de una agresión sexual para lograr los papeles

Con el argumento de que «no siempre es posible identificar al agresor/a sexual ni localizar al mismo/a para cumplir con el procedimiento judicial establecido», el Gobierno ha regularizado a 15.000 inmigrantes a través de una previsión del Reglamento de Extranjería que permite acceder a permisos de residencia a las mujeres y niños que acrediten haber sido víctimas de violencia de género o sexual. Y esa acreditación es muy particular, porque no se necesita que exista una sentencia, ni siquiera que se presente denuncia. Y, rizando el rizo, también valen aquellas «cuyo procedimiento judicial haya sido archivado o sobreseído, quienes hayan interpuesto denuncia y el procedimiento penal esté en trámite, o las que cuentan con sentencia condenatoria firme con pena o penas ya extinguidas por cualquier causa. O sea, ancha es Castilla. Esto abre una vía a la regularización masiva que viene, porque bastará con que un inmigrante, aunque no cumpla los requisitos —que, por otra parte, son mínimos— declare haber sido objeto de una agresión sexual, sin necesidad de denuncia siquiera.

El Gobierno no aclara cómo garantizará que «este nuevo sistema de acreditación no se convierta en una vía de acceso automático a la residencia sin verificar adecuadamente la existencia real de los hechos alegados». Ni tampoco «qué controles existen para detectar casos en los que se obtenga la residencia por violencia sexual y posteriormente se demuestre que no existió tal delito» o «qué controles existen para detectar casos en los que se obtenga la residencia por violencia sexual y posteriormente se demuestre que no existió tal delito». Nada de nada, ni siquiera informa sobre las medidas que adoptará para «garantizar la fiabilidad de las acreditaciones de víctima de violencia sexual otorgadas por los servicios sociales». En definitiva, el coladero se amplía a niveles inéditos. Visto lo visto, es difícil que se quede sin regularizar un solo inmigrante. Porque todos, por una vía u otra, podrán lograr su objetivo.