Opinión

Apoyando al Irán islámico, en el lado equivocado de la historia

Comenzamos 2026 comentando aquí en nuestra primera colaboración del año, la caída de Maduro en Venezuela, entonces recién producida, como posible preludio de un «nuevo orden multipolar». Aludiendo a la denominación utilizada en el Tratado pactado en febrero de 2022 en Pekín entre Xi Jimping y Putin, y así denominado por ellos en él. Donde daban por finalizado el orden geopolítico que hasta entonces había liderado EEUU tras la desaparición de la URSS en 1991, y que calificaban de «unipolar». Posteriormente señalábamos a Cuba y Groenlandia, y muy destacada a la República Islámica de Irán, como potenciales escenarios de conflicto, para definir las «zonas de influencia» de los correspondientes «polos» de ese nuevo orden «multipolar».

Basta para corroborarlo, analizar donde se han producido esos acontecimientos subsiguientes a ese Tratado, desde que vuelve a ejercer la presidencia Donald Trump. Teniendo en cuenta que regresó a la Casa Blanca hace apenas 13 meses, ( el 20 de enero del pasado año), apoyado y liderando el movimiento MAGA, es evidente que hay que buscar una causalidad relevante que une estos importantes sucesos entre sí.

Para ello además de lo anterior, debe tenerse muy presente que la guerra en Ucrania fue una «operación militar especial» ordenada por Putin tan pronto como regresó de Pekín a Moscú en febrero de 2022. Que tenía por objetivo derrocar al régimen surgido de la revolución del Maydan de Kiev en febrero de 2014, que a su vez había derrocado al presidente de Ucrania y prorruso Yanukóvych. Actualmente, ese conflicto bélico está en su 5º año de actividad, con un final tantas veces anunciado como fracasado.

La inmediatez de su comienzo respecto a aquel histórico pacto entre China y Rusia acerca del nuevo orden geopolítico global, hace evidente su mutua relación: Que Rusia, como polo destacado de ese nuevo Orden, deseaba establecer su «zona de influencia» en Europa central. El término «zona de influencia» fue acuñado por las superpotencias de EEUU y la URSS en el marco del orden geopolítico bilateral surgido en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial. Y que ahora China y Rusia reivindican poseer, como «polos» destacados del multipolar que promueven.

Desde luego China tiene la mirada puesta en Taiwán, a la espera del final de la iniciativa rusa. De tal manera que el mundo está sumido en una guerra no frontal, sino regional, en los lugares donde se ubican los potenciales polos de ese nuevo orden global que China y Rusia han decidido construir. Haciéndolo al margen de EEUU, que con Joe Biden de presidente en 2022 no mostró un particular interés por enfrentarse a él, pero que el movimiento MAGA para hacer a «America Grande otra vez» ha encontrado en Donald Trump un presidente dispuesto a conseguirlo. Para ello está disputando esos potenciales polos para incluirlos en su propia zona de influencia global.

Venezuela, sin Maduro y con una transición pacífica pactada, ya está incluida en su zona, con Cuba como objetivo siguiente. Y Canadá muy relacionado con China, es objetivo también de Trump, siendo Groenlandia uno de especial importancia para su objetivo geoestratégico. De culminar la operación en Irán conforme a su deseo, sin duda Irán, ya sin Hamás, Hezbolá y los Hutíes, sus tentáculos terroristas, podría convertirse en un polo relevante en Oriente Próximo aunque sería en estrecha colaboración con Israel, el socio indiscutible estadounidense en la región.

En este NOM a debate, la fuerza militar es un elemento decisivo, y la UE aparece como un virtual «convidado de piedra» dada su total dependencia de EEUU en materia de Defensa. Conscientes de ello vemos como el rearme se ha convertido en un elemento decisivo en la actual estrategia política de Bruselas. Ante la imposibilidad de un acuerdo unánime de los 27, Alemania y Francia han incorporado al Reino Unido (cual si el Brexit no existiera) a una coalición para intentar que la UE sea un polo destacado de ese nuevo orden geopolítico multipolar. De momento, ya han decidido unir sus fuerzas a EEUU contra los ayatolás iraníes.

Y sitúan a España del lado de la Venezuela de Maduro, el Irán islámico y la Gaza de Hamás. Colocándola en una absoluta marginalidad, en el lado equivocado de la Historia.