Tóxicos en tu plato: ocho expertos analizan el impacto de los contaminantes químicos en la alimentación
España es el primer país de Europa en consumo de pesticidas
Más del 90% de los contaminantes orgánicos persistentes llegan al cuerpo humano a través de los alimentos
Cómo evitar los plaguicidas en la fruta que compras
No es ningún secreto que estamos rodeados de tóxicos por todas partes: el aire que respiramos, el agua que bebemos, los microplásticos que desprenden multitud de objetos con los que nos relacionamos… pero quizá una de las fuentes de exposición más críticas es la que tiene que ver con los alimentos que ingerimos a diario.
Hasta tal punto es grave la situación que llevar una dieta nutricionalmente equilibrada ha dejado de ser sinónimo de alimentación saludable. La causa es la presencia en lo que comemos de multitud de contaminantes químicos, como residuos de pesticidas, PFAS, bisfenoles, dioxinas o retardantes de llama, entre otros muchos.
Numerosos estudios científicos afirman además que la presencia de dichas sustancias tóxicas aumenta el riesgo de padecer distintas enfermedades y problemas de salud como infertilidad, cánceres hormonodependientes, obesidad, diabetes, alteraciones inmunitarias o trastornos del neurodesarrollo infantil.
Desconocimiento social
Pese a este panorama, continúa existiendo un alarmante desconocimiento por parte de la sociedad del riesgo que entraña la presencia de tóxicos en los alimentos que deberían nutrirnos y garantizar nuestra salud.
Por este motivo, desde la campaña Hogar sin tóxicos organizaron recientemente las jornadas online Tóxicos en los alimentos, en las que participaron ocho especialistas de referencia en salud ambiental, toxicología, epidemiología y salud alimentaria.
Grandes expertos
Entre ellos figuran expertos tan reconocidos como Nicolás Olea, médico, catedrático emérito de la Universidad de Granada e investigador; Carlos de Prada, director de Hogar sin Tóxicos, Premio Global 500 de la ONU y Premio Nacional de Medio Ambiente; Pilar Muñoz-Calero, pediatra, neonatóloga, estomatóloga, especialista en adicciones y referente internacional en medicina ambiental y Montse Escutia, presidenta de la Asociación Vida Sana e ingeniera agrónoma especializada en producción ecológica.
También intervinieron Ethel Eljarrat, profesora de investigación y directora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC; Juan Pedro Arrebola, doctor en Epidemiología y Salud Pública, profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Granada e investigador; Martin Dermine, director ejecutivo de PAN Europe; y Kistiñe García, coordinadora del grupo de tóxicos de Ecologistas en Acción.
Disruptores endocrinos
Durante su intervención, el catedrático emérito Nicolás Olea alertó de la extendida presencia en los alimentos de disruptores endocrinos, que son sustancias químicas capaces de alterar la actividad hormonal, como el bisfenol A, el triclosán o los ftalatos.
Entre las múltiples vías por las que acaban estos tóxicos llegando a nuestro organismo, se encuentra la alimentaria, en forma por ejemplo de residuos de pesticidas, problema especialmente preocupante en España, que es el «campeón de Europa en consumo de pesticidas, con 56 millones de kilos».
Olea también mostró el mapa de pesticidas en el agua superficial del Ministerio de Agricultura, que detalla cómo «el Genil y el Guadalquivir, y las cuencas del Guadiana y todo el Plan Badajoz, y las cuencas del Tajo y del Duero, y los ríos de las costas mediterráneas, tienen niveles de pesticidas en aguas superficiales no recomendables que superan el valor frontera».
Coste sanitario y económico
Por su parte, Carlos de Prada, director de Hogar sin Tóxicos, explicó que, según la comunidad científica, «más del 90% de los contaminantes orgánicos persistentes llegan al cuerpo humano a través de los alimentos, sobre todo a través de alimentos de origen animal».
El periodista también citó un informe reciente que revela que «el coste económico causado por los daños originados por cuatro grupos de sustancias tóxicas vinculadas con la alimentación (pesticidas, PFAS, ftalatos y bisfenoles) podría representar casi 3 billones de dólares a escala global».
De Prada hizo mención asimismo a la reciente publicación de su libro Cómo comer sano en un mundo tóxico (Ediciones i). Se trata de una obra de más de 700 páginas y basada en la evidencia científica, «pero con un tono divulgativo para intentar llegar al público general», de manera que cualquier persona pueda «informarse con mucho más detalle acerca de esta relevante cuestión».
Antibióticos y superbacterias
La doctora Muñoz-Calero expuso durante su ponencia que «a nivel global, se utilizan más antibióticos en la ganadería que en la medicina humana», lo que lleva a la creación de «superbacterias que se transmiten a los humanos a través de los alimentos y el medioambiente».
Por este motivo, la experta en medicina ambiental recomendó «la prohibición estricta del uso preventivo de antibióticos, una gestión basada en el bienestar animal, higiene y menor densidad poblacional para prevenir la enfermedad en primer lugar». También recomendó apostar por la alimentación ecológica.
Producción ecológica
Precisamente, Montse Escutia, presidenta de la Asociación Vida Sana, centró su charla en la producción ecológica (también conocida como biológica y orgánica) de alimentos, que se caracteriza por «combinar las mejores prácticas ambientales, un alto nivel de biodiversidad y la preservación de los recursos naturales para obtener alimentos de alta calidad sin usar productos químicos sintéticos ni organismos modificados genéticamente».
Escutia aseguró que los alimentos ecológicos son «mejores para la salud» por estas razones:
- Mejor perfil nutricional respecto a vitaminas y antioxidantes.
- Menor exposición a pesticidas.
- Menor exposición a nitratos.
- Menor exposición a aditivos alimentarios.
- Uso de antibióticos restringidos en ganadería.
Niveles bajos
La contaminación alimentaria puede causar graves perjuicios para nuestra salud incluso a niveles muy bajos, como ya se ha comprobado con los disruptores endocrinos, cuestión que ocupó parte de la ponencia de Ethel Eljarrat, directora del Instituto de Diagnóstico Ambiental.
«El problema no es una toxicidad aguda, no vamos a ver un efecto de manera inmediata, sino que el hecho de que estemos expuestos a estas pequeñas cantidades, pero todos los días de nuestra vida, hace que a medio o largo plazo puedan surgir diferentes disfunciones», sostuvo la experta.
Contaminantes orgánicos persistentes
A continuación, el doctor en Epidemiología y Salud Pública Juan Pedro Arrebola centró su intervención en los contaminantes orgánicos persistentes, llamados así por su resistencia a la degradación, lo que a su vez facilita su acumulación en nuestro organismo y en el de muchos de los animales de los que nos alimentamos.
Arrebola también explicó que el DDT y la familia de compuestos químicos asociados a este pesticida «son muy resistentes y se acumulan en la grasa animal, especialmente en animales que viven mucho tiempo y que son grandes».
Por este motivo, aconseja «limitar las dietas ricas en grasa animal, ya que son el 80% o el 90% de la exposición a muchos contaminantes orgánicos persistentes».
Plaguicidas en manzanas
En cambio, Martin Dermine, director ejecutivo de PAN Europe, puso el foco en la manzana, la segunda fruta más consumida de la UE debido a su imagen de alimento saludable, «con razón», según el experto, ya que es fuente de fibra y de vitaminas, favorece la microbiota y genera una sensación de saciedad.
Pero existe un importante inconveniente: cada vez se emplean más tóxicos para producir manzanas. «Se utilizan 30 pulverizaciones de plaguicidas por año en el cultivo de manzanas, por lo que se ha convertido en una de las producciones que consumen más plaguicidas en Europa y además, se utilizan plaguicidas altamente tóxicos», previno Dermine.
Efecto cóctel
Por último, Kistiñe García, coordinadora del grupo de tóxicos de Ecologistas en Acción, presentó el último informe de la ONG sobre la presencia de plaguicidas en alimentos. En el mismo se indica que «el 46% de los alimentos, es decir, casi la mitad de los alimentos que consumimos, tenían algún plaguicida».
Una de las peculiaridades de este informe es que no se fija únicamente en si el nivel de pesticidas detectado está por debajo de la cantidad legalmente permitida para cada sustancia de manera aislada, sino en «cuántos plaguicidas se detectan en estos alimentos», recalca la experta.
La razón es que en los alimentos nunca se encuentra un único tóxico, sino varios a la vez, como señala el efecto cóctel, que avisa de que esta exposición múltiple aumenta los efectos adversos de dichas sustancias de manera exponencial, cuestión que no ha sido debidamente evaluada por las autoridades reguladoras, según García.
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