Estorninos

Los ornitólogos expertos coinciden y avisan: «Se espera que a finales de octubre lleguen entre 75.000 y 100.000 estorninos a Huesca»

Nacho Arizón, presidente del Grupo Ornitológico Oscense, señala estas ubicaciones de la capital oscense como las favoritas para refugiarse

¿Por qué los pájaros pueden posarse en los cables de alta tensión sin electrocutarse? La respuesta es sencilla

Huesca se espera para recoger a las decenas de miles de estorninos que cada otoño establecen su hogar en los árboles de la ciudad. Nacho Arizón, presidente del Grupo Ornitológico Oscense, calcula que en los últimos tiempos cada año han llegado entre 75.000 y 100.000 ejemplares, una estimación que da una orientación de lo que puede llegar en las próximas semanas.

Por el momento, la mayoría de las aves migratorias están retrasando su aparición. «El grueso de la población no ha llegado, desde luego», apunta Arizón, y añade: «Los estorninos suelen ser de los últimos en llegar». La ruta de migración se acrecentó en septiembre y se mantendrá con fuerza después del Pilar, mientras que las mayores concentraciones se prevén entre finales de octubre y comienzos de noviembre. Por ahora, el ornitólogo no ha atisbado excesivo movimiento en los dormitorios analizados, una situación habitual en estos días.

Sin novedad por el momento

Los pájaros que se aprecian ahora son fundamentalmente estorninos negros, presentes durante todo el año en la capital oscense. A ellos se van sumando los estorninos pintos, originarios del centro y el norte de Europa, que «están empezando a llegar», señala el especialista. El ritmo de la llegada a la capital oscense depende de factores como el viento o las tormentas. Arizón aclara que los paseriformes, principalmente las aves diminutas, se benefician de las corrientes de aire para avanzar en sus viajes: «Con unas corrientes favorables pueden hacer 300 o 400 kilómetros en una noche».

La llegada de frentes más fríos al norte propicia su viaje hacia el sur, si bien la búsqueda de comida es diferencial. «Sobre todo se mueven en busca de alimento», detalla Arizón. Por el momento, agrega, no se han dado grandes episodios de frío que aceleren estos movimientos.

Los cambios de ubicación en los últimos años

Arizón subraya que las estimaciones sobre el número de estorninos que arriban a Huesca son aproximadas. El experto alude a que hace más de 30 años las vastas concentraciones podían alcanzar las 200.000 aves. Para los últimos años, la cifra decae a los 75.000-100.000 ejemplares. La diferencia entre ambas décadas es su distribución geográfica en la ciudad.

A principios de los años 90, se concentraban esencialmente en el parque Miguel Servet y ahora toman otros puntos, como el entorno de la Universidad, el Provincial y Martínez de Velasco. «Ahora están más repartidos», indica Arizón. Por ende, avisa que observar menos estorninos en un dormitorio concreto no significa que haya menos en la ciudad.

Los grandes pinos y las temperaturas más agradables en el casco urbano hacen de Huesca un destino tentador para pasar la noche. Los altos árboles les brindan un refugio con prácticamente nula exposición a depredadores y el entorno urbano es más cálido que las zonas abiertas con pocos edificios. En contraposición a los juncos húmedos y expuestos a las neblinas donde solían dormir, encuentran en la capital condiciones más adecuadas para descansar.