Hantavirus

Roedores, calor y humedad: cómo el cambio climático abre la puerta al hantavirus en Europa

Un estudio de The Lancet advierte que el cambio climático agrava el riesgo de hantavirus y otras zoonosis en Europa

El calentamiento global favorece la expansión de enfermedades transmitidas por roedores en Europa 

Un análisis espacio-temporal de 13 años detecta una preocupante expansión geográfica y estacional

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El hantavirus y el cambio climático forman ya una combinación que los epidemiólogos europeos vigilan con mucha atención, por el aumento de riesgo por zoonosis con las modificaciones ambientales que están aconteciendo a nivel planetario.

Ahora, tras la alerta por hantavirus en el crucero MV Hondius que partió el 20 de marzo desde Ushuaia (Tierra del Fuego, Argentina) con 149 personas a bordo —88 pasajeros y 59 tripulantes— y que ahora se dirige a las Islas Canarias, el foco está puesto en este virus que ha causado ya tres fallecimientos.

Leptospirosis y hantavirus por zoonosis

La leptospirosis (bacteria) y el hantavirus (virus) son enfermedades zoonóticas graves transmitidas principalmente por roedores, con riesgo aumentado por lluvias e inundaciones.

El hantavirus provoca síndrome cardiopulmonar con alta letalidad, mientras que la leptospirosis causa fiebre, dolores musculares y fallo orgánico. Ambas situaciones requieren medidas de higiene y control de plagas.

En este sentido, un estudio internacional publicado en The Lancet Regional Health concluye que los factores climáticos y medioambientales están amplificando el riesgo de zoonosis —enfermedades transmitidas de animales a personas— en toda Europa, con proyecciones que apuntan a una expansión tanto geográfica como estacional en los próximos decenios.

La investigación, coordinada desde el Centro de Investigación de la Comisión Europea en Sevilla, analiza datos epidemiológicos recabados entre 2010 y 2023. El trabajo combina esos registros con indicadores climáticos y medioambientales para construir el primer análisis espacio-temporal de estas enfermedades a escala continental.

Leptospirosis como modelo

Aunque el estudio se centra en la leptospirosis —zoonosis transmitida principalmente por la orina de roedores infectados—, sus conclusiones abren una ventana directa sobre el comportamiento de otros patógenos vinculados a los mismos vectores animales, entre ellos el hantavirus. Ambas enfermedades comparten reservorio: los roedores, especialmente las ratas, actúan como huéspedes naturales sin enfermar y contaminan el entorno con sus secreciones.

El hantavirus se transmite por inhalación de partículas procedentes de excrementos, orina o saliva de roedores infectados. A diferencia de la leptospirosis, no requiere contacto directo con agua contaminada: basta con respirar en un espacio donde haya habido roedores. En casos graves provoca el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, con una letalidad que puede superar el 40%.

Calor, humedad y expansión

El estudio concluye que el aumento de temperaturas y la modificación de las condiciones ambientales asociadas a una mayor humedad elevan el riesgo de estas zoonosis a corto plazo.

El riesgo es mayor en las regiones cálidas, muy pobladas y cercanas a la costa, y se intensifica en los meses finales del verano, con especial vínculo con las emisiones de gases de efecto invernadero. El cambio climático no sólo alarga la temporada de riesgo: la desplaza hacia latitudes que hasta ahora se consideraban seguras.

Las regiones del norte y centro de Europa, que históricamente han registrado menor incidencia por su clima más frío, se volverán progresivamente más adecuadas para la transmisión de este tipo de patógenos. En el sur del continente, donde el aumento de temperaturas y la sequedad podrían reducir la supervivencia de ciertas bacterias, se esperan también algunos descensos localizados, aunque la tendencia global apunta a una expansión neta.

Biodiversidad como escudo

El trabajo revela, además, que la reducción de la biodiversidad puede aumentar el riesgo de transmisión. Cuando los ecosistemas pierden especies, los roedores —que toleran mejor los entornos degradados— ganan terreno relativo y con ellos los patógenos que albergan. La presencia de asentamientos humanos cerca de zonas boscosas también se asocia con un mayor riesgo de contacto con animales reservorio.

Este mecanismo resulta especialmente relevante para el hantavirus en Europa central y septentrional, donde el ratón de campo y el topillo rojo son los principales reservorios. Los años de alta producción de bellotas y hayucos —llamados años mast— disparan las poblaciones de roedores y, con ellas, los brotes de hantavirus registrados en Alemania, Francia, Bélgica y los países escandinavos.

Alerta temprana y One Health

El estudio recomienda potenciar la integración de modelos espaciales y temporales en los sistemas de alerta temprana y sumar estrategias de gestión medioambiental para facilitar intervenciones más efectivas de salud pública. Los países con sistemas sanitarios menos robustos y con mayor dificultad para integrar la estrategia One Health —que aúna salud humana, animal y ambiental— en sus sistemas de vigilancia son los más vulnerables ante estos escenarios.

La estrategia One Health cobra especial relevancia porque el cambio climático actúa simultáneamente sobre los tres vértices del triángulo: modifica el hábitat de los animales reservorio, altera los vectores de transmisión y condiciona la exposición de las poblaciones humanas. Sin una vigilancia integrada que cruce datos sanitarios, veterinarios y climáticos, los sistemas de alerta llegarán siempre tarde.

El crucero holandés MV Hondius donde han fallecido tres pasajeros por hantavirus. (Foto: EFE).

El vínculo con 53 zoonosis

La investigación de The Lancet se enmarca en un contexto científico más amplio. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, liderado por el Natural History Museum de Londres, ya describió cómo el clima condiciona la aparición y propagación de al menos 53 enfermedades zoonóticas, entre ellas el hantavirus, la rabia, la peste, el ántrax, el virus del Nilo Occidental y el ébola, con datos procedentes de 65 países.

La convergencia de ambas investigaciones apunta a la misma conclusión: el cambio climático no es sólo una amenaza futura para los ecosistemas, sino un multiplicador activo del riesgo infeccioso presente. Las zoonosis sensibles a las variables climáticas —temperatura, humedad, precipitación— ya están respondiendo a los cambios registrados en las últimas décadas.

Preparación global urgente

Los autores del estudio subrayan la necesidad de adoptar medidas proactivas en Europa para mitigar los efectos de estas enfermedades. El análisis aporta nuevos datos sobre la urgencia de fortalecer la preparación global frente a amenazas zoonóticas emergentes, con especial atención a las enfermedades cuya distribución geográfica está siendo reconfigurada por el calentamiento global.

El Centro Nacional de Epidemiología y la Escuela Nacional de Sanidad del ISCIII participan en esta investigación, lo que subraya el interés institucional español por anticiparse a escenarios epidemiológicos que el cambio climático está acelerando. La pregunta ya no es si el mapa de riesgo cambiará, sino a qué velocidad lo hará.