Incendios en Madrid

Golpe a la biodiversidad: éstas son las especies más afectadas por los incendios en Madrid y Ávila

Los cuatro incendios arden dentro de la mayor ZEPA de Madrid, refugio de 83 parejas de águila imperial

El Valle de Iruelas alberga unas 120 parejas de buitre negro, la mayor colonia de Castilla y León

Los tres incendios forestales en la Comunidad de Madrid continúan sin estar controlados ni perimetrados

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Los incendios de Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias, Almorox y Burgohondo, que han obligado a declarar la emergencia de interés nacional en Madrid y Ávila, están golpeando algunos de los espacios naturales más valiosos del centro peninsular. Repasamos las especies y los enclaves más emblemáticos afectados por el imparable avance de las llamas.

Ante este triste balance provisional, hay que destacar a la Reserva Natural del Valle de Iruelas, en Ávila, ha quedado «prácticamente arrasada», según ha confirmado el delegado territorial de la Junta, José Francisco Hernández. Es el golpe ambiental más grave de toda la crisis de incendios.

Un santuario de 8.828 hectáreas

El Valle de Iruelas es un espacio protegido de 8.828 hectáreas situado en la vertiente norte de la sierra de Gredos, entre el embalse de El Burguillo y las cumbres del Cerro de la Encinilla. Está declarado Reserva Natural, Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Lugar de Importancia Comunitaria (LIC).

Su valor no está en el tamaño, sino en la variedad. Lo intrincado de su orografía genera una enorme gama de orientaciones y microclimas que permiten convivir, en pocos kilómetros, especies del bosque mediterráneo con otras propias de ambientes eurosiberianos, mucho más húmedos y fríos.

El fuego entró en ese mosaico el jueves por la tarde, cuando el incendio adquirió un comportamiento convectivo y avanzó tres kilómetros en apenas 40 minutos. Los responsables del operativo reconocieron que en ese momento el incendio había quedado «prácticamente fuera de la capacidad de extinción».

Buitres negros en Madrid captados por las cámaras en directo de SEO/BirdLife.

120 parejas de buitre negro

La joya faunística del valle es el buitre negro (Aegypius monachus), la mayor rapaz de Europa. Iruelas alberga unas 120 parejas reproductoras, la colonia más importante de Castilla y León y una de las mayores de España y del continente.

Estas aves no construyen sus nidos en cualquier sitio: necesitan pinos viejos, de gran porte y copa amplia, capaces de sostener plataformas de ramas de más de metro y medio de diámetro. Son exactamente los árboles que el fuego ha consumido en las laderas del valle.

El precedente no invita al optimismo. Hace ahora 31 años, en 1995, otro gran incendio afectó a esta misma colonia, que necesitó décadas para recomponerse. Buena parte del arbolado que ardía esta semana era, precisamente, el que había permitido aquella recuperación.

Pollos aún en el nido

El calendario agrava el desastre. A finales de julio, los pollos de buitre negro siguen en el nido: nacen en primavera y no emprenden sus primeros vuelos hasta el final del verano, por lo que carecen de cualquier capacidad de escape ante un frente de llamas.

Lo mismo ocurre con el águila imperial ibérica (Aquila adalberti), que nidifica todos los años en el valle. Sus pollos abandonan el nido en pleno julio y permanecen semanas dependiendo de los adultos y del territorio de caza que rodea la plataforma.

A ellos se suman el águila real, el azor, el búho real, el halcón abejero y la aguililla calzada, junto a un cortejo forestal de picogordo, piquituerto, pico picapinos, trepador azul, reyezuelo listado, arrendajo y oropéndola. Todas ellas pierden a la vez alimento, refugio y lugar de cría.

El mejor castañar del Sistema Central

Dentro de la propia reserva se encuentra otra joya, esta botánica: el Castañar de El Tiemblo, la manifestación de castañar mejor conservada y más extensa de todo el Sistema Central, un bosque de aspecto claramente eurosiberiano en pleno centro peninsular.

Algunos de sus ejemplares son castaños centenarios con nombre propio, y constituyen el principal reclamo turístico de la comarca durante el otoño. El operativo trabajó toda la noche del jueves con una anticipación de hasta diez kilómetros respecto a la cabeza del incendio para intentar frenar el avance hacia El Tiemblo.

Junto a los castaños, el fuego ha consumido robledales de melojo, pinares de pino resinero y pino piñonero y ejemplares de pino silvestre y pino cascalbo en las cotas más altas, además de enebros, alcornoques y un denso matorral de jara, retama y piorno serrano que actúa como acelerante natural.

Dos personas en kayak realizan un tramo de la Vía Verde del Alberche, en Pelayos de la Presa, Madrid. (Foto: Europa Press).

La mayor ZEPA de Madrid

En la vertiente madrileña, los focos de Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias arden dentro de la ZEPA «Encinares del río Alberche y río Cofio», con 82.999 hectáreas, el mayor espacio protegido de la Comunidad de Madrid, declarado en 1990.

Ese perímetro engloba además la Zona Especial de Conservación «Cuencas de los ríos Alberche y Cofio», de 82.857 hectáreas, donde están representados 21 tipos de hábitats de interés comunitario, tres de ellos prioritarios, que ocupan 26.890 hectáreas: casi un tercio del territorio.

El detalle decisivo es que ese mismo espacio protegido se extiende también por Ávila y Toledo, e incluye municipios como El Tiemblo, Cebreros, Navahondilla, Almorox, Aldea del Fresno, Pelayos de la Presa, Navas del Rey, Cadalso de los Vidrios y Cenicientos. Los cuatro incendios están ardiendo dentro o al borde de la misma red de espacios protegidos.

Cigüeña negra y milano real

La ZEPA madrileña sostiene una de las poblaciones de cigüeña negra (Ciconia nigra) más importantes de España, con alrededor de ocho parejas. Es una especie extremadamente sensible a las molestias, que abandona el nido con facilidad y que cría precisamente en los pinares de ribera del Alberche.

También cría allí el buitre negro, con otra colonia en la vertiente madrileña, y se reproducen o cazan el águila perdicera, el milano real, la culebrera europea y el buitre leonado, además del alimoche. El plan de gestión del espacio fija como objetivo expreso mantener las parejas reproductoras de imperial y las colonias de buitre negro.

La población madrileña de águila imperial ibérica alcanzó las 83 parejas en 2022, frente a las 30 de 2008, dentro de una recuperación ibérica que llevó a la especie hasta las 841 parejas censadas entre 2021 y 2022. La Sierra Oeste es uno de los núcleos que ha hecho posible ese crecimiento.

Los que no pueden huir

Por debajo de las rapaces, el fuego ha atrapado o desplazado a poblaciones abundantes de corzo, jabalí, zorro, gato montés, gineta, tejón y garduña, además de las colonias de murciélagos forestales que ocupan los huecos de los árboles viejos.

Los más castigados son siempre los que no pueden correr. En las gargantas y riberas del incendio habitan el lagarto verdinegro, el lagarto ocelado, la rana patilarga, el tritón ibérico, el sapo partero ibérico y el gallipato, especies de escasa movilidad y estrechamente ligadas a la humedad del sotobosque.

Nutria en el río.

El río Alberche añade otra capa de biodiversidad amenazada: la nutria paleártica, el galápago europeo y un elenco de peces continentales protegidos como la boga del Tajo, el calandino, la bermejuela y la colmilleja, incluidos en la Directiva Hábitats.

Ceniza en los embalses

El daño no termina cuando se apaga el fuego. Las laderas calcinadas del Alberche vierten directamente sobre los embalses de El Burguillo, San Juan y Picadas, de modo que las primeras lluvias arrastrarán ceniza, nutrientes y sedimentos hacia el agua, con riesgo de mortandad de peces.

A ello se suma la pérdida de suelo en pendientes muy pronunciadas, donde la capa fértil tarda siglos en formarse y semanas en desaparecer. En estas condiciones, la erosión posterior al incendio puede causar tanto daño ecológico como las propias llamas.

La respuesta vegetal tampoco será homogénea. La encina y el melojo rebrotan de cepa y volverán con relativa rapidez, pero los pinares no rebrotan: dependen por completo de la semilla y de que queden ejemplares vivos alrededor para repoblar el hueco quemado.

Corzo.

Décadas de recuperación

Ahí está el problema de fondo para el buitre negro. Recuperar un nido de esta especie no es plantar un árbol: es esperar a que ese árbol crezca durante medio siglo hasta poder sostener el peso de una plataforma y de un ave de casi tres metros de envergadura.

Los cuatro incendios se enmarcan además en el peor año reciente: en lo que va de 2026 han ardido más de 120.000 hectáreas en España, más del triple que en el mismo periodo de 2025. El factor humano, por negligencia o intencionalidad, está detrás de buena parte de estos siniestros.

Las autoridades han insistido durante toda la emergencia en el orden de prioridades: primero salvar vidas, después las poblaciones y, en tercer lugar, el patrimonio natural. Con las llamas todavía activas, ese tercer capítulo empieza ahora a poder medirse, y el balance en Iruelas ya es el peor en tres décadas.