Contaminación y calidad del aire

El gran truco de las ciudades para maquillar la contaminación: poner los sensores lejos de los humos

Un análisis de 25 ciudades revela que tres de cada cuatro estaciones de calidad del aire no miden donde deben

La nueva directiva europea obliga a colocar los sensores en el punto más contaminado de cada ciudad

Madrid, Málaga y San Sebastián rozarían el aprobado con sólo mover el sensor menos de diez metros

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Las estaciones de calidad del aire que miden la contaminación en las ciudades españolas están sistemáticamente mal ubicadas. Tres de cada cuatro medidores urbanos orientados al tráfico no cumplen los criterios que exige la nueva normativa europea, según un informe que ha analizado 25 ciudades en todo el territorio nacional. El resultado es que los datos oficiales pueden estar reflejando una realidad mucho menos contaminada que la que respiran los vecinos.

El estudio evalúa el grado de adecuación espacial de las estaciones conforme a la Directiva (UE) 2024/2881 y arroja una fotografía incómoda: solo 6 de las 25 ciudades analizadas tienen sus medidores correctamente emplazados. Otras 17, el 68% del total, presentan incumplimientos claros o reiterados que comprometen la representatividad de los datos. Dos ciudades más ofrecen resultados solo parcialmente válidos.

El maquillaje histórico

El problema tiene raíces históricas. Durante la primera década de este siglo, muchas administraciones autonómicas y locales reubicaron las estaciones «más conflictivas» —habitualmente las de tráfico— en vías secundarias o entornos de fondo urbano, con la excusa de cumplir formalmente los criterios técnicos entonces vigentes. La maniobra permitía registrar concentraciones inferiores y evitar sanciones europeas por superar los valores límite de contaminantes como el dióxido de nitrógeno (NO₂).

Ecologistas en Acción, la organización ambiental que ha elaborado el informe con la participación de técnicos locales en las 25 ciudades, denuncia esta práctica como abusiva y recurrente también en otros países europeos. El análisis, hecho público este 17 de marzo, llega en un momento clave: la nueva directiva europea está en proceso de transposición al derecho español y abre una ventana para corregir décadas de ubicaciones deficientes.

Sin estación de tráfico

Tres ciudades —Badajoz, Guadalajara y Logroño— carecen directamente de estación de tráfico. El único sensor existente en cada una de ellas se encuentra en una ubicación de fondo, alejada de las vías de circulación. En otras seis aglomeraciones —Barcelona, Bilbao, Elx/Elche, Granada, Santander y Valladolid— las estaciones de tráfico no están situadas en los tramos donde se esperan las mayores concentraciones de contaminación, por lo que tampoco corresponden a los llamados «puntos críticos» que exige la norma europea.

La nueva directiva es específica al respecto: los medidores orientados al tráfico deben colocarse en las calles con mayor densidad de circulación, teniendo en cuenta la morfología urbana —incluidos los «desfiladeros urbanos», donde los edificios retienen la contaminación— y las condiciones locales de dispersión del aire.

Bilbao mide desde las alturas

Entre los datos más llamativos del informe figura la situación de la estación de Bilbao, en la calle María Díaz de Haro. El sensor se encuentra a una altura que supera los cuatro metros sobre el suelo —el techo de la llamada zona de respiración humana—, por lo que sus mediciones no son representativas de la contaminación que inhalan los peatones a pie de calle. Algo similar ocurre en Las Palmas de Gran Canaria, donde el sensor del Mercado Central también supera esa cota crítica.

En el extremo opuesto, diez ciudades tienen sus medidores a más de diez metros del borde de la calzada, cuando la normativa establece ese umbral como máximo para que las mediciones de tráfico sean válidas.

La Coruña, Alicante, Badajoz, San Sebastián, Elche, Logroño, Madrid, Málaga, Vigo y Vitoria-Gasteiz figuran en esa lista. En los tres últimos casos —Madrid, Málaga y San Sebastián— los autores señalan que bastaría acercar el sensor menos de diez metros para que la estación cumpliera con la directiva.

Colocación de señal de zona de bajas emisiones en Bilbao. (Foto: EP).

Una sentencia que cambió las reglas

El detonante normativo llegó en 2019. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó una sentencia —el asunto C-723/17, referido a Bruselas— que obligó a los Estados a colocar los puntos de muestreo minimizando el riesgo de que las superaciones de valores límite «pasen desapercibidas».

Esa resolución fue la semilla de la Directiva 2024/2881, aprobada en octubre de 2024 y que exige que cada aglomeración cuente con al menos una estación en un punto de máxima contaminación atmosférica.

El marco anterior permitía una interpretación más laxa que los municipios aprovecharon para mejorar artificialmente sus cifras. La nueva directiva cierra esa puerta y obliga a documentar con modelización o mediciones indicativas la justificación de cada emplazamiento.

Las seis ciudades que aprueban

Solo Gijón, Palma, Pamplona, Sevilla, Valencia y Zaragoza salen bien paradas del análisis. Sus estaciones de tráfico cumplen de forma mayoritaria tanto los criterios de representatividad territorial como las condiciones físicas inmediatas del punto de muestreo.

Los autores advierten, no obstante, de que estas ciudades también tienen otras estaciones en su red cuya ubicación debería revisarse para garantizar que al menos la mitad se localice en puntos críticos.

Una guía técnica para todas las ciudades

Ecologistas en Acción pide que la transposición de la directiva incluya un plazo de un año para que las autoridades competentes revisen la ubicación de sus estaciones, con participación ciudadana. El proceso permitiría que organizaciones ambientales, vecinales, sanitarias y escolares señalen los puntos de mayor preocupación en cada ciudad e incorporarlos al diseño de las redes de control.

La organización ha solicitado también al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico que elabore una guía técnica homogénea para orientar esa revisión. El documento más reciente en la materia data de 2017, cuando la Universidad Politécnica de Madrid publicó unas directrices de ubicación por encargo ministerial. Actualizar esa guía con los criterios de la nueva directiva sería, según el informe, el paso previo imprescindible.

Panel informativo de calidad del aire en Albacete. (Foto: EP.).

A la altura de la nariz

La clave está en que los medidores de calidad del aire capten la contaminación donde realmente la respira la gente: junto a los coches, en las calles más transitadas, a la altura de la nariz de un peatón.

Mientras los sensores estén retirados de la calzada, instalados en azoteas o colocados en vías secundarias, los datos oficiales seguirán siendo una imagen distorsionada de la contaminación que afecta a millones de personas en las ciudades españolas.