CSIC Sequía en la eólica

España estrena el primer índice mundial que mide las sequías de viento y cómo golpean a la eólica

En Estados Unidos el índice cayó a -2,15 un evento que sólo ocurre cada 63 años

El SWSI analiza datos de 2.264 estaciones de cuatro continentes entre 1973 y 2023

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Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

El Centro de Investigaciones Sobre Desertificación (CIDE) ha creado el primer sistema global para detectar las sequías de viento, periodos extremos de déficit eólico que pueden recortar la producción de energía eólica hasta un 20%.

La herramienta es el primer índice estandarizado del mundo capaz de medir la variabilidad de la velocidad del viento en cualquier región del planeta. La desarrolla este centro mixto del CSIC, la Universitat de València y la Generalitat Valenciana, y el trabajo se publica en la revista Atmospheric Research.

Una escala universal del viento

El sistema, bautizado como Standardized Wind Speed Index (SWSI), parte de los datos históricos de 2.264 estaciones meteorológicas repartidas por América, Asia, Europa y Oceanía entre 1973 y 2023.

Tras un control de calidad, esos registros se transforman a una escala estandarizada con valores entre -3 y +3. El cero marca el promedio histórico de viento de cada zona y los valores negativos señalan un déficit o sequía de viento.

Comparar viento en cualquier lugar

El índice también permite calcular periodos de retorno, es decir, el tiempo medio estimado entre dos episodios de la misma intensidad. Así pueden compararse de forma objetiva eventos ocurridos en lugares con velocidades de viento muy distintas.

«Resulta posible comparar la severidad de una sequía de viento en zonas geográficamente diferentes, independientemente de si sus velocidades absolutas son radicalmente distintas», explica Miguel Andrés Martín, investigador del CIDE que ha liderado el estudio.

Probado en dos crisis reales

Para validar el índice, los investigadores lo aplicaron a dos de las sequías de viento más costosas de la última década: la de Estados Unidos en 2015 y la de Reino Unido en 2021. Ambas hundieron la producción de energía eólica hasta un 20%.

«Nuestro índice confirmó la gravedad del problema», asegura el investigador del CSIC. En el oeste de Estados Unidos el SWSI cayó a -2,15, un evento extremo que sólo ocurre una vez cada 63 años.

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El año sin viento de Reino Unido

El Reino Unido sufrió su peor déficit de viento en más de una década. El SWSI reveló que no fue un bache puntual, sino una sequía de viento sostenida durante todo el año, con un periodo de retorno de 70 años.

«Evaluar el índice con estos episodios reales es una prueba de fuego y confirma que es una herramienta sólida para medir, comparar y entender estas anomalías en cualquier parte del mundo», sostiene Andrés Martín.

Anticiclones que frenan el aire

A corto plazo, estos episodios se deben a bloqueos atmosféricos: «un potente anticiclón que persiste y actúa como escudo frenando el viento», explica César Azorín, director del Climatoc-Lab del CIDE.

Cuando se prolongan durante meses, suelen estar impulsados por cambios en los patrones de circulación atmosférica a gran escala, un mecanismo que el nuevo índice ayuda a rastrear con precisión.

El planeta pierde viento

A largo plazo influye el stilling, una tendencia al debilitamiento del viento en todo el planeta que el SWSI también detecta. El estudio identificó un déficit global entre 1995 y 2010 y una acumulación de sequías de viento en Europa desde finales de los años 90.

Desde 2010 el viento se ha recuperado parcialmente, aunque los valores actuales siguen por debajo de los de hace cuarenta años. Los escenarios climáticos apuntan a nuevas sequías de viento en nuestras latitudes por el calentamiento global.

Más allá de la energía eólica

La falta de viento no golpea solo a la industria de la energía eólica. También deteriora la calidad del aire, porque el viento dispersa las partículas contaminantes, y una sequía de viento estanca el aire y dispara la contaminación de las ciudades.

A ello se suma el efecto de las islas de calor urbanas: si el viento se detiene, la ciudad pierde capacidad de refrigeración y aumentan las noches tropicales, con consecuencias para la salud respiratoria.

Del suelo a los cultivos

Las anomalías en la velocidad del viento condicionan además la erosión del suelo y el agua que necesitan y transpiran los cultivos. Por eso el índice sirve para diseñar un urbanismo más ventilado o proteger los recursos hídricos y agrícolas.

«Hasta ahora las sequías de viento se definían casi exclusivamente por su impacto en la energía eólica, pero este índice introduce una visión climatológica con implicaciones mucho más amplias», resume Andrés Martín.

Un visor para España

El equipo del Climatoc-Lab del CIDE trabaja en un visor exclusivo del SWSI para monitorizar el viento histórico y en tiempo real en España, una web que mostrará el estado de la velocidad del viento a distintas escalas temporales.

La herramienta se desarrolla en colaboración con la Plataforma Temática Interdisciplinar (PTI) Clima y Servicios Climáticos del CSIC y permitirá conocer el viento como nunca antes en el país.

Este sistema permitirá a administraciones y usuarios anticipar el impacto de las sequías de viento en múltiples ámbitos socioeconómicos y medioambientales, desde la energía eólica hasta la calidad del aire o la agricultura.