Contaminación y calor

Cóctel mortal: la contaminación contribuye a aumentar las muertes causadas por las olas de calor

En España casi 1.000 personas murieron en junio debido a las altas temperaturas

Europa registró más de 20.000 fallecimientos en el mismo mes a causa del calor

Cambio climático: la exposición reiterada a las olas de calor incrementa nuestra edad biológica

El inusual calor que estamos padeciendo este verano está provocando un preocupante aumento de la mortalidad. En España, los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) aseguran que un total de 937 personas murieron en junio por las altas temperaturas, cifra que ya ha sido ampliamente superada en lo que va de julio.

La situación también es extremadamente grave a nivel europeo. Diversas estimaciones académicas, citadas por el diario británico The Guardian, calculan que hubo más de 20.000 fallecimientos debido al calor en todo el continente durante el mes de junio más cálido de toda la historia en Europa Occidental.

El hecho de que estas muertes estén relacionadas directamente con el incremento de las altas temperaturas no significa que no existan otros factores implicados. Uno de los más relevantes es la contaminación, cuyos efectos negativos para la salud se agravan de manera notoria cuando se disparan los termómetros.

Exceso de mortalidad

Como señalan investigadores del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) en un artículo publicado en The Conversation, medio especializado en divulgación científica:

«Hay un exceso de mortalidad durante las olas de calor que se está atribuyendo a la temperatura, pero que en realidad se debe a la contaminación. Según nuestras estimaciones, de media para toda España esta mortalidad atribuida inadecuadamente a la temperatura en olas de calor es del 18,7%, pero sube hasta un 22,5% en los días de ola de calor que se originan por la entrada de polvo del Sahara».

Concentración de contaminantes

Esto se debe a que las olas de calor suelen ir acompañadas de situaciones anticiclónicas, caracterizadas por la estabilidad atmosférica y la ausencia de viento. Dichas condiciones dificultan la dispersión de los contaminantes, favoreciendo su acumulación y el deterioro de la calidad del aire.

En cuanto a los episodios de polvo sahariano —fenómeno también conocido popularmente como calima— supone un aumento de la concentración de partículas en suspensión (PM), asociadas a un mayor riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares y, en consecuencia, a un incremento de la mortalidad.

Cambio climático y contaminación

El Instituto de Salud Carlos III también fue el organismo responsable de un destacado estudio científico publicado en 2024, en el que precisamente se analiza la relación existente entre cambio climático y contaminación atmosférica.

Según los autores, «el cambio climático y la contaminación atmosférica se consideran actualmente los problemas ambientales más importantes para los ciudadanos europeos. De hecho, estos dos factores están interrelacionados y, por lo tanto, deben abordarse conjuntamente mediante políticas y medidas integradas que eviten la retroalimentación negativa del clima sobre la calidad del aire, o viceversa».

Polvo sahariano

El citado trabajo también explica cómo el aumento, en frecuencia e intensidad, de los incendios forestales y de las intrusiones de polvo sahariano son dos consecuencias derivadas del agravamiento del cambio climático.

«Debido al cambio climático, la extensión de las zonas desérticas en las latitudes subtropicales de ambos hemisferios está aumentando. Se estima que el desierto del Sáhara se ha expandido en un promedio del 10% entre 1920 y 2013», asegura la misma fuente. Esta expansión ha aumentado la probabilidad de que se produzcan brotes de polvo en esta región geográfica.

Episodio de calima en Tenerife.

Incendios forestales

Por otro lado, el ISCIII recuerda que el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas afirma que el calentamiento global aumenta la intensidad, la frecuencia y la extensión de los incendios forestales.

Otras fuentes señalan que, en realidad, está disminuyendo el número total de incendios, pero los que se declaran son más extensos, intensos y difíciles de apagar.

Impacto sobre la salud

Más allá de su conexión con el cambio climático, los investigadores destacan que los dos fenómenos analizados contribuyen a agravar los problemas de salud asociados a la contaminación atmosférica.

«Numerosos estudios indican que tanto la intrusión de partículas en suspensión (PM) procedentes del Sáhara como la generada por la combustión de biomasa en incendios forestales tienen un claro impacto en la salud», insisten desde el ISCIII.

La principal carencia de la mayoría de estos estudios es que suelen centrarse en el aumento de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y respiratorias, mientras que los efectos sobre la salud mental han recibido mucha menos atención.

Salud mental

Por este motivo, el Instituto de Salud Carlos III investigó la relación entre la elevada concentración de diversos contaminantes atmosféricos y los ingresos hospitalarios por trastornos mentales y del comportamiento, depresión y ansiedad.

Para ello, comparó los datos registrados entre 2009 y 2018 en distintas provincias españolas durante episodios de alta contaminación del aire, provocados tanto por la combustión de biomasa en incendios forestales como por intrusiones de polvo sahariano, con los correspondientes a días sin este tipo de eventos.

Efecto significativo

Los resultados indican que en los días en los que hay combustión de biomasa, las concentraciones de PM tienen un efecto estadísticamente significativo sobre los ingresos urgentes por trastornos mentales, especialmente por depresión, que los investigadores consideran que está vinculado con la toxicidad de estas partículas.

En el caso de los días con intrusiones de polvo sahariano, aunque también se produce un aumento de las concentraciones de PM, son otras variables las que presentan una mayor relación con este tipo de ingresos, como las altas temperaturas propias de las olas de calor o las elevadas concentraciones de NO₂ (dióxido de nitrógeno) y O₃ (ozono troposférico), que igualmente aumentan durante estos episodios.