La Albufera valenciana ya no es la misma: pierde profundidad afectando a la pesca y a la navegabilidad
El fondo del lago ha subido un 12,89% desde 2003, unos 10 centímetros, según el estudio elaborado con la UPV
La Generalitat apuesta por un dragado selectivo y la restauración de barrancos para frenar su deterioro
La Albufera está perdiendo profundidad de forma progresiva y acelerada: el lago valenciano ha ganado casi 10 centímetros de sedimentos en su fondo en las dos últimas décadas, un proceso que la DANA del 29 de octubre de 2024 ha agravado de manera significativa.
Así lo confirma el estudio batimétrico de 2025, elaborado por la Vicepresidencia Tercera y Consejería de Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana, en colaboración con la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). Los resultados revelan que lo que a simple vista parece un lago en aparente normalidad esconde, bajo su superficie, una transformación imperceptible que amenaza su equilibrio ecológico.
Mapeo con batimetría
Estos cambios se pueden percibir gracias a la batimetría, la medición de la profundidad y el mapeo del relieve del fondo de cuerpos de agua (mares, ríos, lagos). Se realiza utilizando equipos de sonar (ecosondas monohaz o multihaz) y sistemas GPS/GNSS montados en embarcaciones para medir la profundidad (coordenada Z) y la posición exacta (X, Y), generando mapas detallados.
El informe, que compara la situación actual con la batimetría realizada en 2003, supone un salto cualitativo en la precisión del diagnóstico: se han medido más de 728.000 puntos frente a los 76.000 de aquella fecha. Los datos son contundentes y confirman que el fondo medio del lago se ha elevado 9,7 centímetros, lo que representa un incremento del 12,89% respecto a los niveles registrados hace veintidós años.
Sedimentos acumulados
El volumen acumulado estimado de sedimentos depositados en el vaso lagunar supera los 2,16 millones de metros cúbicos, una cifra que explica por qué la profundidad de la Albufera ha caído de 0,74 metros a sólo 0,66. La tasa media de sedimentación anual se sitúa en 4,41 milímetros por año, un ritmo coherente con los registros históricos recientes, pero que los episodios meteorológicos extremos pueden disparar en cuestión de horas.
El vicepresidente y consejero de Medio Ambiente, Vicente Martínez Mus, ha admitido que este proceso de pérdida de profundidad se ha «acelerado» y obliga a actuar de forma anticipada.
El estudio detecta, además, una transformación relevante en la consistencia del fondo tras la riada de octubre de 2024. El barranco del Poyo actuó como principal vía de entrada de sedimentos desde el sur del lago, con aportes masivos que comprometieron la morfología del vaso lagunar.
No obstante, Martínez Mus ha destacado que la gestión de las compuertas de las golas y la coordinación hidráulica permitieron evacuar una parte «muy significativa» de esos materiales hacia el mar, «mitigando un relleno que podría haber sido mucho mayor».
Zonas sin calado
Entre las consecuencias más visibles de la pérdida de profundidad de la Albufera figura ya la afección a la navegación tradicional. En el escenario más desfavorable de nivel mínimo del lago, cerca de 22 hectáreas —el 0,98% de la superficie total— presentan un calado insuficiente para poder navegar.
Aunque el porcentaje es reducido, el consejero lo señala como un indicador que «refleja la tendencia de pérdida progresiva de profundidad» y que, de no corregirse, irá en aumento. La actividad pesquera y el paisaje cultural del parque natural quedan directamente condicionados por esta evolución.
Hoja de ruta
Ante este diagnóstico, la Conselleria ha presentado una hoja de ruta articulada en tres principios: ciencia y transparencia, prevención frente a reacción y corresponsabilidad institucional.
Las medidas previstas incluyen inversiones en infraestructuras hidráulicas que reduzcan los arrastres de sedimentos, actuaciones de restauración en barrancos estratégicos y un seguimiento técnico continuo del vaso lagunar. La propuesta más concreta es la realización de un dragado selectivo en los puntos donde la pérdida de profundidad sea más crítica, tomando como base los datos de la nueva batimetría.
En el parque natural y los municipios ribereños ya se han invertido 100 millones de euros para evitar vertidos tras las riadas y retirar residuos, incluidos los considerados peligrosos. La comisión mixta constituida junto al Gobierno central ha decidido además crear un grupo de trabajo específico para coordinar las actuaciones en la Albufera. «Gobernar es basarse en evidencia», subrayó Martínez Mus, quien advirtió de la necesidad de anticiparse a la degradación «antes de que sea irreversible».
Un ecosistema en juego
El consejero cerró su intervención recordando que proteger la Albufera es proteger «biodiversidad, aves migratorias, un paisaje cultural único y el sustento de muchas familias».
El estudio, presentado también ante el comisionado para la Recuperación, Raúl Mérida, y representantes de la UPV, deja una conclusión inequívoca: el lago ha cambiado más en las dos últimas décadas de lo que cualquier visitante podría percibir desde su orilla. La profundidad que se pierde no regresa sola.
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