Los nuevos meteorólogos no son hombres del tiempo: viven en el mar y mejoran los datos del clima
El fichaje inesperado del clima: los tiburones recogen datos donde no llegan boyas ni satélites
El estudio, realizado en el Atlántico Noroeste, demuestra que los tiburones reducen hasta un 40% el error
Marcados con sensores, 19 escualos transmitieron más de 8.200 perfiles de temperatura y profundidad
Un tiburón blanco de dos metros confirma la presencia continua de la especie en el Mediterráneo español

Las previsiones del clima dependen de datos que a veces no existen. Existen remotas regiones del océano donde ni los satélites ni las boyas llegan a medir, y ahí, en estos territorios acuáticos, es donde los modelos fallan más.
Un grupo de tiburones acaba de demostrar que puede cubrir esos vacíos. Un estudio publicado en npj Climate and Atmospheric Science confirma que estos depredadores, equipados con sensores, mejoran la predicción del clima oceánico.
Sensores que nadan
La investigación, liderada por Laura H. McDonnell en la Universidad de Miami, marcó 18 tintoreras y un marrajo en el Atlántico Noroeste. Los animales transmitieron más de 8.200 perfiles de temperatura y profundidad.
Algunos de esos registros se tomaron a casi 2.000 metros de profundidad, en franjas de agua que los instrumentos convencionales rara vez alcanzan. Cada inmersión se convirtió en una medición útil.
Cada dato, ubicado
La clave fue reutilizar una etiqueta más avanzada, capaz de transmitir la posición junto a la temperatura y la profundidad. Así se vinculó cada dato a un punto exacto del mar.
«Esto nos permitió relacionar las condiciones bajo la superficie con lugares concretos y con una precisión conocida», apunta Neil Hammerschlag, coautor y director de la Shark Research Foundation.

Trabajo de campo
El trabajo de campo se desarrolló frente a Cape Cod, en Massachusetts, con la ayuda de un pescador local. El oceanógrafo Camrin Braun, de Woods Hole, facilitó esa colaboración y codirigió el análisis.
Al incorporar esos datos a un modelo climático estacional, el equipo comprobó que los errores en la superficie del mar caían de forma notable. En ciertas regiones, la mejora alcanzó el 40% frente a los pronósticos tradicionales.
Dónde acierta
Los avances fueron más claros en las plataformas y los taludes continentales, zonas dinámicas y poco muestreadas. Son áreas clave para los ecosistemas marinos y para la pesca.
Es el primer trabajo que integra de forma experimental datos de sensores transportados por animales en un modelo climático estacional. Y mide, además, su impacto real sobre las previsiones.
Rellenan vacíos importantes
En el estudio, financiado por Cisco Systems y el Centro Abess de la Universidad de Miami, sus autores lo describen como una prueba de concepto con recorrido operativo.
«Los tiburones ya se mueven por zonas del océano que para nosotros son difíciles de observar», señala McDonnell, hoy en la Institución Oceanográfica de Woods Hole. Los datos que recogen rellenan vacíos importantes.
La idea nació en 2018, de la alianza entre Hammerschlag y el científico atmosférico Ben Kirtman, actual decano de la Escuela Rosenstiel. Vieron que el marcaje servía también para el clima.
Los marrajos y las tintoreras buscan de forma natural los frentes y los remolinos oceánicos. «Son áreas donde los modelos suelen carecer de observaciones suficientes», explica Kirtman, científico principal del sistema de predicción de la NOAA.

El valor de la información animal
El equipo integró una parte de los registros en el Community Climate System Model, un modelo acoplado de océano, atmósfera, hielo y tierra. Forma parte del sistema operativo de previsión de la NOAA.
Después compararon las condiciones reales con las predicciones de los modelos tradicionales y con las que sumaban los datos de los tiburones. La diferencia confirmó el valor de la información animal.
Los autores insisten en que estos sensores no sustituyen a los sistemas de observación clásicos. Funcionan como una herramienta complementaria, capaz de medir donde los demás no llegan.
«Los tiburones marcados no reemplazarán a los sistemas convencionales», matiza McDonnell. Aportan observaciones in situ en la superficie y en profundidad que hoy son difíciles de obtener.
La importancia de la fiabilidad
Las previsiones oceánicas fiables son decisivas para la gestión pesquera, las operaciones marinas y la adaptación de las comunidades costeras. Y suelen fallar justo donde el mar cambia más rápido.
«Para la pesca y las comunidades costeras, pequeñas mejoras en las previsiones marcan una gran diferencia», subraya Braun. Reducir la incertidumbre ayuda a planificar mejor.
Las aplicaciones van desde las cadenas de suministro de pescado hasta la planificación de la adaptación al cambio climático. «Estos datos también sirven para el clima», resume Hammerschlag.
Miles de animales marinos ya se marcan con fines científicos, pero esos datos apenas se aprovechan para vigilar el clima. El nuevo trabajo abre esa puerta.

No son los primeros
Los animales como observadores oceánicos no son una novedad absoluta. Desde 2004, el proyecto MEOP ha empleado más de mil focas para medir la temperatura y la salinidad de los mares polares.
Estos animales llegan a lugares vetados a las boyas a la deriva: bajo el hielo, en aguas someras o nadando contra las corrientes. Ahí es donde más fallan los sistemas tradicionales.
Hacia el futuro
La red internacional AniBOS, dentro del Sistema Mundial de Observación de los Océanos, persigue ese objetivo hasta 2030. El trabajo con tiburones añade ahora un eslabón en aguas templadas.
Los grandes depredadores del mar pueden convertirse en aliados de la ciencia del clima. Cada inmersión de un tiburón es, desde ahora, un dato más para predecir el futuro del océano.