Un tiburón blanco de dos metros confirma la presencia continua de la especie en el Mediterráneo español
Un ejemplar juvenil de 210 cm confirmado genéticamente refuerza evidencia de la población mediterránea
Científicos del del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) señalan que este registro esporádico no indica recuperación real de la población vulnerable

Un tiburón blanco juvenil fue capturado accidentalmente en aguas del Mediterráneo español en abril de 2023, confirmando la presencia continua, aunque esporádica, de esta especie vulnerable en la región.
El ejemplar de 210 cm y entre 80-90 kilos representa uno de los pocos registros verificados en las últimas décadas y ha motivado una exhaustiva revisión científica que abarca 160 años de historia marina.
El hallazgo, documentado por investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) en colaboración con la Universidad de Cádiz, fue posible gracias a la estrecha cooperación con el sector pesquero. La captura accidental se produjo en las coordenadas 38°42.089’N, 000°20.325’E, dentro de la Zona Económica Exclusiva española, y la identificación de la especie se confirmó mediante análisis genéticos rigurosos que avalan la autenticidad del registro.
Población fantasma del mar
El tiburón blanco se considera una población «fantasma» en el Mediterráneo debido a sus avistamientos extremadamente infrecuentes. El estudio, publicado en la revista científica Acta Ichthyologica et Piscatoria, contextualiza este nuevo registro dentro de un análisis histórico que documenta la presencia persistente pero excepcional de Carcharodon carcharias en aguas españolas desde 1862 hasta 2023.
«El origen de este trabajo está en la documentación de una captura accidental que conocimos gracias a la estrecha colaboración que mantenemos desde hace años con el sector pesquero», explica José Carlos Báez, investigador del IEO-CSIC y autor principal del estudio. «Sin esa cooperación, este tipo de registros excepcionales sería imposible de conocer y contextualizar científicamente», añade el científico.
Relevancia del ejemplar juvenil
La presencia de un tiburón blanco juvenil resulta especialmente significativa desde el punto de vista científico. «La presencia de individuos jóvenes aporta información clave sobre la estructura demográfica de la especie, especialmente en el caso de poblaciones catalogadas como vulnerables», apunta Báez. El tiburón blanco figura actualmente en la Lista Roja de la UICN como especie Vulnerable, con una tendencia poblacional decreciente a nivel global.
El hecho de documentar un ejemplar juvenil plantea interrogantes sobre posibles áreas de reproducción en el Mediterráneo español. Tradicionalmente, el estrecho de Sicilia y el golfo de Gabès han sido considerados las principales zonas de cría de esta especie en el Mediterráneo, aunque desde 2008 se han detectado once crías en la bahía de Edremit, en el noreste del mar Egeo, abriendo la posibilidad de una segunda área de reproducción activa.
Cautela científica necesaria
Los investigadores subrayan la necesidad de prudencia al interpretar este registro. «Con los datos disponibles no es posible afirmar que la población mediterránea de tiburón blanco esté recuperándose», señala Báez.
«Este nuevo registro podría reflejar una mejora en los sistemas de seguimiento y comunicación, más que un aumento real del tamaño poblacional», advierte el científico, destacando que se requieren programas de seguimiento específicos a largo plazo para confirmar tendencias poblacionales reales y establecer estrategias de conservación efectivas.
El estudio también desmiente mitos sobre el peligro que representa esta especie. A lo largo de más de 160 años de registros documentados en aguas españolas, los incidentes con personas han sido excepcionalmente escasos, lo que confirma que el tiburón blanco no supone un riesgo relevante para las actividades costeras en el Mediterráneo español.
Guardianes del equilibrio marino
Más allá de su carácter emblemático, el tiburón blanco desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de los ecosistemas marinos. «Los grandes depredadores marinos cumplen una función clave en el equilibrio del océano. Como especies altamente migratorias, conectan diferentes regiones y contribuyen al buen estado del medio marino», concluye Báez, destacando la importancia de estos escualos para la salud oceánica global.
El investigador enfatiza que estos animales redistribuyen energía y nutrientes a través de vastas distancias oceánicas, actuando como reguladores naturales de las cadenas tróficas marinas. Además, actúan como carroñeros naturales que mantienen los ecosistemas limpios eliminando animales enfermos o muertos, y cuando fallecen, su descenso al fondo marino proporciona un pulso crítico y esencial de alimento para las comunidades de aguas profundas.
El estudio pone de relieve la importancia de continuar desarrollando programas de seguimiento y conservación que permitan mejorar el conocimiento científico del tiburón blanco en el Mediterráneo y avanzar hacia una gestión basada en evidencia científica sólida y rigurosa. La colaboración entre científicos y pescadores se revela esencial para documentar la presencia de esta especie esquiva y comprender mejor su ecología, distribución y patrones de comportamiento en las aguas españolas.